Elliot:
Estoy del otro lado de la puerta. Sorprendentemente, estamos bien. Y me gusta. Mucho.
Por otro lado... te he dejado una carta secreta. Por alguna razón, estoy más emocionada por que encuentres ésa que porque vayas a leer las demás. No obstante (y nótese que estoy volviendo a usar otra palabra además de ''Pero''), también me puso mal haberla escrito.
No quiero que me olvides, Elliot. Pero debes ser feliz.
Además de eso, quiero decirte que te he escrito 5 cartas esta semana. Aún no sé cómo te las entregaré... pero son importantes. Todas lo son. Y debido a eso, quiero que recuerdes lo que te dije en mi primera carta: ''Si algún día me dejas''.
No, Elliot, con ello nunca me referí a que si te ibas de casa algún día o si nos peleábamos fuertemente con aparentemente ninguna probabilidad de reconciliación, o si, incluso, algún día ya nos estábamos juntos... No.
La verdad es que jamás te he imaginado yéndote de casa. Siempre tengo la esperanza de que volverás en menos de dos días. Y si no, al menos dejas una señal de ti. Siempre. Y ese es el maldito problema.Con amor y tristeza,
Ellie.(...)
-Cierra los ojos -me pidió y sonreí. Los cerré, negando con la cabeza juguetonamente. ¿Qué era lo que planeaba hacer?
De pronto, sentí algo sobre ellos, y los abrí para darme cuenta de que se trataba de una bandana.
-¿Ves algo? -preguntó y mentí negando con la cabeza. Elliot resopló y replicó-: Ellie... cierra los ojos.
Solté una gran carcajada, sintiéndome como una niña de cinco años siendo descubierta por su madre luego de haber rayado la paredes.
-Lo siento -dije y los volví a cerrar-. Listo. No los volveré a abrir.
-¿Lo prometes? -asentí-. Bien.
Elliot me tomó de las manos y me guió con las suyas hacia algún lugar. Lo peor era que nos guiaba a ambos mirándome a mí, de espaldas hacia el frente. Es decir, no estaba viéndolo, pero sentía el peso de su mirada sobre mí. Además, sus manos estaban bajo las mías de forma en que podía entrelazarlas correctamente.
La pregunta del millón era entonces, ¿por qué no nos accidentamos aún? Y la respuesta era bastante simple: no tenía la menor idea.
-¿Te puedo hacer una pregunta? -dije, mientras de pronto empezamos a subir unas escaleras y él emitió un sonido de afirmación-. ¿Trajiste la bandana porque pensaste que haría trampa?
Lo sentí sonreír. Muy por debajo de la bandana, más allá de la vista. Saber que estaba sonriendo era como un tipo de conexión inexplicable.
-No -dijo-. No la traje porque pensé que harías trampa. La traje, cariño, porque sabía perfectamente que harías trampa.
Me eché a reír, y debido a eso, tropecé con un escalón; Elliot me tomó de la cintura y me acercó a él para no caer. Cerca de mi oído podía sentir su respiración, y entre mis manos, los latidos desde su pecho eran irregulares.
-¿Estás bien? -murmuró con aquella voz, enviando una corriente eléctrica a través de todo mi cuerpo. Tanto así, que se me erizó la piel.
-Sí -susurré, sintiéndome protegida, y a la vez... extrañamente cegada, porque a pesar del desliz, no me había atrevido a abrir los ojos. Entonces aproveché la situación en la que estábamos, y tímidamente deslicé mis manos hasta poder colocarlas alrededor de su cintura; luego, apoyé mi cabeza sobre su pecho.
Me sentía segura a su lado. Era como si una parte de mí se fundiera en él cada vez que estaba cerca. Era incomprensible-. Te quiero, Elliot -volví a susurrar, casi inaudible.
-Yo también te quiero, Ellie -musitó y se separó un poco de mí para poder besar mi frente; luego de unos segundos, dijo-: Vamos. Si no llegamos a tiempo, podría ser un desastre. ¿Tienes los ojos cerrados? -asentí y él volvió a tomar mi mano para seguir subiendo los escalones mientras que a mí me carcomía la curiosidad.
-¿Me darías una pista de qué es, al menos? -pregunté luego de algunos otros cinco escalones.
-Algo que te gustará.
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Si algún día me dejas.
RomanceCuando la impetuosa y pasional Elina Goldman se introduce por error en la vida del enigmático Elliot Girward, su vida se ofusca: por él y en torno a él. Su comportamiento le revela a Elina que oculta un secreto, y aunque en contadas ocasiones piensa...