Me gusta esta época, sobre todo por toda esa tristeza, soledad y tantos otros sentimientos que la melancolía que el frío invierno provoca en los humanos y que los vuelve tan susceptibles ante mí. Por qué más iba a ser, si eso me permite causarles sufrimiento con mayor facilidad, era lógico que me guste.
Si bien nadie es capaz de verme, yo puedo hacer que intuyan mi presencia de diversas maneras. Así que esa noche comencé mi juego en esa tienda haciéndome notar brevemente. Mi presa había hecho su aparición y estaba dispuesto a tomarme mi tiempo con ella, no había nada que me impidiera hacerlo.
Recorrió los pasillos, indiferente a lo que le rodeaba ahí dentro, estábamos solo nosotros tres, contando al chico en el mostrador, con cara de aburrimiento, aunque debería estar acostumbrado a pernoctar en ese lugar, era evidente que aún le resultaban insufribles las noches ahí. Tal vez podría acabar con su pesar.
No, yo había llegado ahí con otra intención y volví a enfocarme en el hombre que se preparaba un café. Cuando reanudó su recorrido por los pasillos, me hice notar y por un breve instante él me vio, pero no supo que vio o si realmente había visto algo.
Recogió su café y fue a la caja, el chico intento corresponder a la sonrisa que le dirigió pero sin éxito, y salió enseguida nuevamente a las cada vez más heladas calles de la ciudad. En cualquier momento debería aprovechar una oportunidad para apoderarme de su cuerpo.
Y llegó más pronto de lo esperado. Tenía planeado hacerlo en algún punto antes de llegar a su casa, pero se detuvo en un parque y se sentó a contemplarlo mientras devoraba lo que acababa de comprar. En verdad era un gran espectáculo nocturno con la luna de fondo, radiante, esplendida.
Debo decir que cuando no estoy haciendo lo que hago, también observo los paisajes que ofrece la noche, también los que ofrecen las personas, tantas cosas extrañas que los humanos gustan de hacer. Qué pensarían si se vieran así mismos.
Miró su reloj, pasaban las diez treinta y se disponía marcharse. Y eso era algo que no le podía permitir, este era el momento. Sumiendo todo en perpetua oscuridad me apoderé de él.
Que diferente se aprecia el mundo en el cuerpo de un humano, todo se siente diferente, incluso los colores son distintos, tan simple y maravillosa a la vez.
Me puse en marcha camino a su casa, estiré los brazos dejando que me cubriera ese aire helado, dejé que los pulmones, que ahora brevemente eran míos, se llenaran completamente, fue una experiencia muy gratificante. Pero en verdad era una lástima que estos cuerpos sean tan débiles y no soporten tanto frío, de otra forma tal vez me quedaría con alguno.
Antes de ir a esperarlo a él, cuando aún no salía del trabajo, les había hecho una visita a su esposa y a su hijo. Mi intención solo fue asegurarme de que estarían ahí y no tendría que modificar mis planes. Además de que tal vez podría asustarlos un poco. A ella la encontré en el segundo piso, acaba de arropar al niño, la acaricié sutilmente y se estremeció. Estando abajo dejé que notara mi presencia y nuevamente la acaricié, esta vez, de manera más prolongada y su estremecimiento fue aún mayor. Yo solo disfruté del efecto que mi tacto provocó.
No estoy acostumbrado a usar los miembros de estos cuerpos, me resultó complicado abrir la reja para entrar en la propiedad y enseguida aún más complicado fue introducir la llave para abrir la puerta de la casa.
Ella me recibió efusivamente, claramente aliviada al ver su a esposo después de lo sucedido apenas una hora antes. Sus muestras de cariño fueron agradables pero extrañas para mí, por lo cual no puede corresponderlas adecuadamente, me dedique a observar con mis nuevos ojos todo el lugar, ella claramente se sentía confundida por mi comportamiento. Entonces me dirigí a la cocina y tomé el arma con que cometería ese tan ansiado crimen, ella me vio con horror al salir con el cuchillo en la mano e intento impedirme el paso al ver que me dirigía al segundo piso. No sé si intuyó lo que pretendía hacer pero de un empujón la aparte de mi camino.
Una vez arriba entre en la habitación del niño, lo desperté. Pero mi voz no sonaba como la de su padre, como ya lo había comprobado estando abajo, por más que lo intenté. —hijo despierta, ya estoy aquí—. Reaccionó con un bostezo y llevando sus manos a los ojos, frotándolos ligeramente, y me abrazo con fuerza —he venido por ti—.
Me soltó con extrema rapidez al escucharme nuevamente, me miró con recelo y se fue alejando de mí, y salió corriendo en dirección a la habitación de su madre, la llamo un par de veces sin obtener respuesta. No solo había sido mi voz, sino también el contacto conmigo, sintió ese mal proveniente de todo mi ser, ya exaltado por la febril emoción de lo que estaba a punto de suceder. Es sorprendente la sensibilidad de los jóvenes ante este poder.
Su padre, mientras tanto, contemplaba todo esto desde la más profunda oscuridad como si de un sueño se tratara, ignorante de la condición en la que se encontraba. No me molesté en sacarlo de su error, y lo alejé aún más hasta no permitirle ver nada. Quería que viera el horror de su hijo muerto en pleno dominio de sus sentidos.
Yo puedo ofrecerles el privilegio de ver en primera fila lo que es capaz de hacer el ser humano, no importando si lo quieren o no, algunos se desgarran intentando impedir lo que sucede frente a sus ojos y otros en verdad les gusta, pero no se atreverían a hacerlo ellos mismos. Esta demás decir que no importa cuánto luche su alma, no pueden hacer nada contra mí.
Pero todavía no era el momento de que el supiera lo que pasaba.
Rápidamente alcancé al niño en la otra habitación, su error había sido creer que su madre se encontraba dormida ahí. Lo alcé en el aire y entonces comencé a cortar, para que no se desangrara antes de lo debido. Gritaba, pedía ayuda, pero nadie podía dársela, que hermoso sonido invadía la estancia, que bella melodía se estaba creando en conjunto con el viento que soplaba afuera, esos golpeteos en las ventanas dados por algún brazo de un árbol en el jardín.
Clavando por primera vez el cuchillo en su cuerpo, su grito fue aún más desgarrador. Fue entrado en una especie de sopor conforme se lo enterraba una y otra vez, y cada vez llegaba más profundo. La sangre empezó a manar copiosamente.
Qué extraña y maravillosa sensación es sentir la sangre en tus manos, adhiriéndose a la piel, llevarlas a la boca y llenarte de su sabor.
Cuando ella apareció, el niño ya estaba al borde de la muerte. En sus vanos intentos por detenerme también clave el filoso metal en ella dejándola inmóvil, completamente incapaz de hacer nada, viendo como moría su hijo.
Por supuesto, era momento de que su padre saliera de ese profundo sueño en el que estaba sumergido. Preparé la escena a conciencia, quería ver el sufrimiento en su rostro cuando encontrara a su hijo bañado en sangre. Pero como eso no podía terminar ahí tendría que encontrarse, para el acto final, con su amada esposa, así que dejaría un mensaje para que, en medio del shock que recibiría, tomara fuerzas para ir a buscarla.
Apenas pasaba de la media noche y yo aún estaba sediento de sangre, de dolor, de sufrimiento. Fue tan placentero verlo rendido ante su hijo, incrédulo de lo que veía. No podía ser cierto, debía estar soñando. No era así, abrazo el cuerpo sin vida de su hijo con la esperanza de hacerlo reaccionar o de despertar él, pero no paso ninguna de las dos.
Creí que tendría que forzarlo de alguna manera a ir a su casa cuando vi que sus piernas temblaban tanto, ya fuese por el dolor o el miedo, que apenas se puso en pie. Pero como pudo salió corriendo con las pocas fuerzas que le quedaban, en dirección a su casa.
Decidí adelantarme y esperar a su llegada.
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Noche de otoño
HororInesperadamente la vida de nuestro protagonista se tiñe de rojo. Cuando él creía que todo en su vida iba bien, un terrible mal parece ensañarse contra él y su familia. Acostumbraba a disfrutar de la brisa fría de la noche y cuando regresa a casa ca...