El enmascarado, sin dejar de mirar al hombre de la katana, sonrió y preguntó:
—¿De verdad no sabes dónde estamos? —Extendió los brazos hacia los lados—. Esto es la representación de un conjunto de mentes humanas. —Observó las paredes de piedra enmohecidas—. Es la representación de las ansiedades de un desdichado grupo de personas. —Giró un poco la cabeza, miró a la masa amorfa que agonizaba y la señaló—. Es una recreación de esa cosa grasienta. —Dirigió la mirada hacia el hombre de la katana y se cruzó de brazos—. Es una recreación de los seres que anidan dentro de ese cuerpo deforme.
Wharget, sosteniendo la empuñadura de la espada, observó al enmascarado, al ser amorfo, bajó los últimos peldaños de la escalera y se adentró un poco en la sala.
Después de unos segundos, tras comprobar el funcionamiento del sistema de análisis del traje, al escuchar una débil alarma sonar a través de los auriculares del casco, apretó los dientes, sostuvo con más fuerza la empuñadura y dijo:
—No sé dónde estamos, pero sí sé que es el lugar donde debo estar. —El hombre del traje enarcó una ceja al oír el tono cargado de ira con el que le hablaba—. Eres el maldito Woklan originario. —Wharghet le apuntó con el filo de la katana—. Mi mundo despareció por tu culpa. Mi familia se extinguió porque quisiste jugar a ser dios.
El enmascarado descruzó los brazos y dijo:
—Humano, te estás equivocando. Yo no soy... —No pudo terminar de hablar, la hoja de la espada lo obligó a callarse y esquivar el ataque—. Maldita sea... —Dio un paso hacia el lado, dejó que la segunda embestida condujera la katana hacia el suelo, se adelantó y lanzó la rodilla contra la barriga de su contrincante—. ¡Yo no soy Woklan!
Al ver cómo se volvían locos los sistemas de análisis, inclinado levemente por el golpe, Wharget dirigió la cabeza contra la máscara forzando al hombre del traje a retroceder a causa del impacto del casco.
—No me engañarás. —Elevó la palma—. Tu energía estámica me muestra que eres el Woklan originario. —Tensó los músculos de la cara, sobrecargó los sistemas eléctricos del guante y lanzó un pequeño haz.
El enmascarado se echó a un lado y rodó por el suelo para esquivar el disparo de energía. Inspiró con fuerza, se levantó y lo miró.
—Mentiría si te dijera que siento tu pérdida. Mentiría si te dijera que siento que tu familia acabase siendo desintegrada. —Se remangó—. Disfruto con el dolor, disfruto con la angustia y el sufrimiento. —Se desabrochó algunos botones de la camisa—. Soy un sádico, un maniaco, un enfermo. —Se crujió los nudillos—. Soy un monstruo y me gusta serlo. —Se quitó la máscara, le mostró el rostro quemado, escupió al suelo y se la volvió a colocar—. Soy muchas cosas, pero no soy un mentiroso. Si quieres que luchemos hasta que uno de los dos pise el cadáver del otro con el corazón en el puño como trofeo, adelante; me vendrá bien hacer un poco de ejercicio. Pero ten claro que luchando contra mí no vas a vengar nada. —Apretó los puños—. Yo no soy Woklan.
Aunque el hombre de la katana dudó un instante, cuando revivió la imagen de su familia siendo consumida por las llamaradas producidas por la energía Gaónica, sostuvo con fuerza la empuñadura de la espada, se puso en guardia y sentenció:
—Me da igual lo que digas. —Dio un paso lateral—. No me interesa lo que salga de tu boca. Desprendes la radiación del Woklan originario. —Los músculos del rostro se le tensaron—. Aun teniendo la piel de la cara llena de quemaduras, tienes su aspecto. Eres igual a él. —Pisó fuerte y se preparó para atacar—. Así que suponiendo que no fueras él, eres algo muy parecido. Demasiado parecido. —Vio cómo el hombre del traje se preparaba para defenderse—. Por eso, ante la duda, mejor acabar contigo. —Corrió y dio una estocada.
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Entropía: El Reino de Dhagmarkal
Science FictionWoklan despierta sobre un charco de sangre dentro de una nave de La Corporación: la entidad encargada de explorar las líneas temporales. No recuerda nada, no sabe cuál ha sido el destino de sus compañeros y tampoco es consciente de que ha caído en l...