Los últimos tres días y hoy tuve mucho trabajo en casa. Sólo salí en una ocasión, la mañana de antier al súper mercado para comprar víveres suficientes para unos tres días. Llevé pan, huevos, jamón, una caja de agua embotellada y una más de cerveza, cereal, varios litros de leche, una lechuga, una bolsa de vegetales congelados, café soluble y detergente en polvo. Pagué con mi tarjeta y regresé a casa en bici mientras escuchaba a England Dan y Jon Ford Coley en mi walkman. Una vez de vuelta me preparé un emparedado y una taza de café. Abrí la lap top sobre mi escritorio e ingresé a mi cuenta de correo. Habían llegado doce pedidos más esta mañana.
Suspiré y después le di un mordisco a mi emparedado. Tenía trabajo para no salir en un par de días más al menos.
Quizás deba comenzar por explicar algunas cosas sobre mi trabajo y cómo llegué a él. Lo que yo hago consiste simplemente en resolver pendientes e imprevistos mediante una página web. Esta idea es bastante reciente, no tiene ni cuatro años que se me ocurrió. Antes de ella, trabajé durante casi seis años al lado de Anton como su asistente.
Ahora bien, para empezar, a Anton lo conocí en una fiesta de Año Nuevo que organizó Calvin (creo que ese era su nombre), el novio de aquel entonces de mi hermana Sophy. Fue en Las Vegas, estábamos en la residencia de Calvin, una casa enorme y lujosa, con alberca y un jardín de naturaleza muerta sublime. Ahora que lo pienso, quizás me resultó tan hermoso debido a que llevaba casi un año encerrada en el departamento de mi hermana, envuelta en cobijas día y noche y apenas picando comida. La ropa que llevaba ese día se me veía fatal, habría bajado unos diez o doce kilos desde la última vez que me la había puesto, pero Sophy no había querido prestarme dinero para comprar algún atuendo mejor.
-No te daré ni un centavo ¿me escuchas? No le compraré ropa a un esqueleto para seguir encubriendo su estúpido afán de no hacer nada más productivo que lamentarse y lloriquear por los rincones. Te vas a llevar esa ropa y si te sientes mal por verte así, al fin te darás una idea de cómo me siento yo cada vez que te miro.
No le repliqué nada. No tenía argumentos para ponerme a discutir con ella, así que me limité a ponerme aquel vestido negro y unos tacones no muy altos. Sophy y yo llegamos a la residencia de Calvin mucho antes que todos los demás invitados. Ella ayudó a su novio a acomodar las últimas cajas de alcohol y a inflar los últimos globos que decían: "Feliz 2007". Yo también ayudé un poco, pero noté que Calvin no quería que metiera la mano en sus asuntos. No lo culpé, tenía el aspecto de una drogadicta con anorexia y le resultaba desagradable aunque fuera la gemela de su novia. Me quedé sentada pues en un sofá de piel negra por horas. Vi llegar a todos los invitados y como poco a poco la celebración iba adquiriendo un ambiente ameno. Había buena música, serpentinas en el piso, luces de múltiples colores, humo de tabaco quemado y mucho alcohol.
Bebía mi segunda cerveza cuando Sophy apareció otra vez entre la multitud. Parecía contenta, así que le sonreí involuntariamente.
-¡Hey!-saludó parándose delante de mi.- ¿Qué haces allí?
-Bebo cerveza.
-¡A veces me desesperas tanto, Mara!-farfulló rodando los ojos.-Vamos, ven aquí. Hay alguien a quien quiero presentarte.
-¿Para qué?
-Cállate y ven.
Me tomó de la mano y nos escurrimos entre el mar de gente que bailaba. Finalmente llegamos junto a un grupo de personas que se hallaban al lado de la piscina fumando y charlando. Sólo reconocí a Calvin, quien me dedicó una brevísima sonrisa como saludo. Todos los demás parecían universitarios amigos suyos. Sophy cogió de la muñeca al más distraído de ellos, quien llevaba en una mano un cigarrillo recién encendido y con la otra mandaba un mensaje de texto hábilmente. Era un muchacho bien delgado, de unos veintitantos años, de piel pálida y cabello negro. Usaba una barba que aunque corta era bastante cerrada y oscura. Sus ojos eran verdes y brillantes como esmeraldas. No parecía americano, quizás fuera de algún país de Europa del este.
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Quema las páginas
General FictionHan transcurrido diez años desde que Mara decidió aislarse en un apartamento en los suburbios de Los Ángeles para llevar una vida de pequeños trabajos y modestos placeres. Sin embargo, al correr ya los últimos días de primavera llegará a su puerta u...