Capítulo 2

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Cuando ya estábamos próximos a la casa de Allison, Jaime la llamó para decirle que saliera. Pero, aunque el "hinchapelotas" de Jaime insistió más de tres veces, nunca contestó. Y me dijo: –Seguro que está enojada porque vamos atrasados– . Yo sólo asentí con la cabeza y luego de unos segundos respondí: –Seguro que si–.

Cuando por fin llegamos a destino, nos bajamos del auto y nos dirigimos a tocar la puerta. Jaime se sintió extrañado, (y yo hice como si me sentía igual) ya que después de tocar la puerta y gritar ¡Allison! muchas veces, no obtuvo respuesta alguna desde el interior del inmueble. No importa cuanto gritara o cuán fuerte tocara, Allison no respondería; o por lo menos a mi siempre me dijeron que los muertos no hablan.

Jaime preocupado por no obtener respuesta de Allison del interior de la casa, intentó echar abajo la puerta a punta de patadas. Y lo consiguió. Pero con el panorama con el que se encontraría en la habitación, yo en su lugar, hubiera deseado que la puerta fuera de hierro.

Ya adentrados en la habitación, nos encontramos con un panorama desolador; el piso cubierto de sangre, la habitacion dada vuelta y lo que más resaltaba: Allison, con un charco de sangre alrededor. Jaime, con lágrimas en los ojos, se acerca con cuidado y la levanta y deja a la vista un gran corte que le cruza el cuello a Allison. Había sido degollada, como una gallina.

Historia de un desquiciadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora