Hola! Gracias por seguir. Me ha gustado mucho escribir este capítulo. No sé por qué. Lol. En fin, escríbanme qué les parece a ustedes, si les gusta ligar en las fiestas y denme estreshita. Besos! (:Las cosas aquí apenas han cambiado. Hemos seguido la misma rutina día tras día. De vez en cuando Tim sale unos días de viaje a firmar algún papel o a arreglar personalmente alguna eventualidad que surja en sus negocios. Por ahora Bergling se encuentra en Los Ángeles. No ha explicado el motivo de su viaje y tampoco le hemos pedido explicaciones. Regresará el próximo lunes y eso es todo lo que sé; pero no por ello Alessandro me deja descansar.
Ha sido hasta el día de ayer que hemos quebrantado la rutina.Eran las seis de la tarde cuando estábamos en el gimnasio del sótano practicando combate cuerpo a cuerpo con unas cuchillas para entrenamiento. Estaba exhausta. Aquel día Lindblad se había puesto especialmente exigente y a esas alturas yo ya sólo deseaba terminar para darme una larga ducha en tina y luego dormir por horas.
-Venga, niñita, que ya nos quedan pocos minutos...-dijo él haciendo una señal con la mano, incitándome a atacarlo nuevamente.
Corrí hacia él y di un salto para acertarle una puntada con una de las cuchillas tal y como habíamos estado practicando por horas, sin embargo de un ágil movimiento Alessandro me esquivó y con su mano izquierda me logró tomar de un hombro. Me giró noventa grados y para cuando lo noté ya estaba de nuevo en el suelo con los músculos hechos añicos.
-Vamos, otra vez.-sonrió él maliciosamente tendiéndome la mano.- Arriba.
Solté un suspiro y levanté un poco mi mano. Él se inclinó ligeramente para cogerla y yo aproveché su distracción para acertar una patada entre su tobillo y la pantorrilla. Lindblad perdió el equilibrio cayendo junto a mi. En un santiamén le caí encima y de inmediato crucé mi antebrazo sobre su cuello con la cuchilla rozándole el cuello.
-¡Ja!-sonreí yo ahora.
Alessandro soltó un bufido y giró los ojos.
-¡Bah! ¡Has hecho trampa!
-¡Pero tú eres quien siempre dice que aquí no hay reglas!
-Como sea. ¡No vale!-farfulló dándome un empujoncito para que me quitara de encima.
Me aparté y lo ayudé a levantarse. Él sólo me dedicó una de sus sonrisas medio retorcidas y dio por terminada la sesión. Guardé las cuchillas y los guantes que habíamos utilizamos esa tarde en el baúl que se encontraba al fondo del gimnasio mientras canturreaba una canción y me imaginaba la cena que me esperaba en el frigorífico: bolitas de carne, ensalada y un poco de cerveza. Sí, con todo el ejercicio que hacía a diario podía darme esos lujos de comer bastante. Cerré el baúl pero para mi sorpresa cuando me volví Alessandro seguía allí, recargado sobre la pared con una mirada serena.
-Qué feo cantas, mujer.-mencionó cruzándose de brazos.
-Pensé que ya te habías marchado.
Lindblad negó con un breve movimiento de cabeza.
-¿Te gustaría salir un rato?-preguntó sin más.
-¿A dónde?
-Pfff...¡A donde sea! ¿Qué acaso no te has aburrido de estar aquí? Creo que desde que llegaste a Estocolmo sólo has asomado la nariz más que para acompañarme a mi o a Tim al supermercado.
Era verdad. Nadie me había prohibido salir de la mansión nunca, pero de cierto modo me había hecho esa idea en la cabeza. Acepté su invitación aunque no tuviera mucha energía y me doliera el cada músculo del cuerpo.
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Quema las páginas
Fiksi UmumHan transcurrido diez años desde que Mara decidió aislarse en un apartamento en los suburbios de Los Ángeles para llevar una vida de pequeños trabajos y modestos placeres. Sin embargo, al correr ya los últimos días de primavera llegará a su puerta u...