Tras despaparecer de la vista de Bellamy, Vega descendió por la colina y emprendió el camino hacia su casa. Tardó en llegar ya que era noche cerrada y no recordaba del todo la ruta de vuelta. Cuando estuvo frente a la entrada principal, suspiró aliviada al comprobar que la luz del salón se encontraba encendida, lo que significaba que su padre estaba despierto. Tocó dos veces en la puerta y luego su padre la abrió. Lucía preocupado, su semblante estaba serio y su ceño fruncido. Kein dejó pasar a su hija y después se cruzó de brazos, mirándola severamente.
-¿Se puede saber dónde estabas?
-Eh. E-estaba dando un paseo.
-¿Un paseo? ¿A estas horas de la noche?
-Papá, no es tan tarde.
-Deberías haberme avisado. Tienes un teléfono móvil, ¿no? Pues úsalo la próxima vez. -dijo el hombre de manera brusca-Y que sepas que estás castigada.
-¿Qué? Papá, he llegado a casa, eso es lo importante. Además, sí te avisé. No puedes castigarme por llegar a las diez de la noche, estamos de vacaciones.-imploró Vega.
-Te podría haber pasado algo...
-¿En este pueblucho? Oh, no lo creo. -como su padre no respondió, Vega prosiguió hablando-Estoy harta. Ya no soy ninguna niña, tengo dieciséis años. Si mamá estuviera aquí ella me daría la razón.
-Pues ella no está aquí. Tu madre no está ahora mismo y, aún así, no podría darte la razón porque está loca. ¿Es que no lo entiendes? ¡Tu madre está enferma!
-¡El que no lo entiende eres tú! Dios papá, tratas a mamá como si ya no la quisieras.
Vega no sabía qué pensar. Estaba harta de las tonterías de su padre, de la manía que tenía de sobreprotegerla y de la forma con la que hablaba de su madre. Tenía ganas de llorar y gritar y quería alejarse de ese hombre al que llamaba papá, estaba enfadada con él y con todos. Rápidamente salió por la puerta por la que minutos antes había entrado y corrió calle abajo. Quería huir y esconderse hasta que todo se solucionase. Tu madre no está aquí. Tu madre está enferma. Tu madre no está aquí. Tu madre está enferma. Repetía Vega una y otra vez, como un mantra. De repente se encontró con una calle sin salida, no sabía donde estaba. Empezó a caminar sin ningún rumbo, veía casas y casas hasta que encontró la calle principal de Spring Valley. Entonces recordó aquel lugar al que Bellamy la había llevado. Era subiendo una colina, en un descampado, pensó Vega. Finalmente, tras caminar durante un rato, encontró el lugar donde vio las estrellas junto a Bellamy. Se tumbó en el suelo, debajo de un árbol, y cerró los ojos.
Durmió hasta el mediodía del día siguiente. El sol se encontraba oculto detrás de las nubes grises y el viento azotaba los árboles. Vega se levantó del suelo, tenía frío pues había dormido en el suelo lleno de nieve y se sintió desfallecer porque no había comido desde ayer en el almuerzo. Como no quería volver a su casa, comprobó si tenía dinero suelto, y así fue. Tenía un billete de cinco euros, con eso podría comprar un sandwich. Bajó la colina y caminó por la avenida principal en busca de una cafetería, al final encontró un pequeño supermercado y allí se compró un paquete de galletas. No era exactamente un almuerzo, pero fue lo que encontró. Se sentó en la acera de en frente a comerse las galletas y observó las parsonas pasar. Algunas paseaban y otras caminaban rápido, seguramente terminando sus compras navideñas. Se quedó ahí un buen rato, esperando a que ocurriera algo interesante.
Mientras, en el domicilio Cheadle.
Bellamy tocó la puerta y un hombre abrió la puerta en el tercer golpe.
-Buenos días. ¿Está Vega? -preguntó el chico.
-Se fue ayer por la noche y no ha vuelto. ¿Eres amigo suyo?
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El deseo de Vega || #ConcursoBAS
Short StorySpring Valley era probablemente el lugar más aburrido de la Tierra, no sólo porque era un pueblucho con pocos habitantes sino por no tener ni un mísero cine, únicamente un restaurante, un supermercado y un par de tiendas pequeñas donde vendían objet...