En el vehículo sonaba la canción Times Are A-Changin de Bob Dylan. Vega observaba por la ventana los árboles pasar y su padre mantenía la vista fija en la carretera. El trayecto rumbo hacia el centro psiquiátrico St. Mary era largo, pero escuchando música se convertía en un viaje corto y tranquilo, o eso le había dicho su padre. Ese día, el día de Navidad, Vega se había levantado temprano ya que quería estar guapa cuando viera a su madre. Se había planchado el cabello, se había maquillado, algo inusual en ella, y se había vestido con un traje y botas, en vez de sus típicos jeans. Luego de desayunar, Vega y su padre habían subido al coche.
Todavía se sentía algo molesta con él y le incomodaba hablar o incluso estar en un lugar cerrado con su padre en un período largo de tiempo. Aún así, el viaje en automóvil se hizo ameno.
En la entrada al centro, que se encontraba vallado, Kein tuvo que identificarse mediante su carnet de identidad e indicar que era familiar de una de las personas ingresadas. Luego, una barrera los dejó pasar. Había un gran aparcamiento donde dejaron el vehículo y unos securitas los condujeron hacia una sala de espera, donde aguardaron a Elizabeth. Cuando llegó la mujer, padre e hija se levantaron de los asientos en los que estaban sentados. Elizabeth llevaba puesto un camisón blanco y unas zapatillas deportivas. Tenía sus oscuros cabellos despeinados, lo que le daba un aspecto salvaje, y sus ojos normalmente abiertos y expectantes, se encontraban apagados, aún así, estaba sonriendo.
-Hola, cielo -dijo Kein que inmediatamente fue a abrazar a su mujer. Esta, en cambio, se quedó estática. Miraba, sonriente, hacia algún punto en la pared.
Así no es como la recordaba, pensó Vega.
-Hola, mamá. -dijo Vega con lágrimas en los ojos, y también la abrazó. La había añorado tanto...
-Se acaba de tomar su dosis diaria, lo que supone que se comportará de forma normal. -dijo una enfermera que había acompañado a la mujer-Si necesitan cualquier cosa, avísenme.
Cuando la enfermera se fue, la familia al completo se sentó en unas sillones colocados al fondo de la sala. Al principio no hablaron, cada uno se encontraba absorto en sus pensamientos.
-¿Te tratan bien aquí, Eli? -preguntó Kein tomando una de las manos de su esposa. Esta le miró y sonrió, mientras asentía con la cabeza.
-Mamá, te he traído un regalo-dijo Vega a la vez que de su bolso sacaba una imagen pequeña. En ella salían madre e hija abrazadas y riendo.
Elizabeth agarró la fotografía con sus frágiles manos y la observó. Sus ojos miraban curiosos a la mujer que ella era antes, no lucía cansada y parecía feliz.
El tiempo transcurrió despacio en esa sala de espera, a veces alguno hacía algún comentario como qué frío. Vega, en un intento de mantener una conversación, comenzó a contarle a su madre cómo era Spring Valley.
-Es un pueblo bonito y pequeño, alejado de la ciudad. Hay un supermercado, un par de cafeterías y alguna que otra tienda rara. Las personas son algo toscas, bueno, excepto nuestro vecino. Es un chico de mi edad, o un poco mayor, la verdad es que no estoy segura. Es divertido-y guapo, pensó la chica-Me enseñó un lugar que seguro te gustará, es un descampado en lo alto de una colina, y cuando es de noche se pueden ver las estrellas.
Vega recordó aquella noche en la que los dos fueron al descampado y ella acabó llorando. Todavía le daba vergüenza acordarse de aquello, ya que no estaba acostumbrada a llorar en público. Siempre había sido una persona cerrada, reacia a expresar sus sentimientos.
Entonces, después de un par de minutos, la enfermera que anteriormente había acompañado a Elizabeth volvió a entrar en la sala.
-Lo siento, pero se ha acabado el horario de visita. Deben marcharse.
Vega miró a su madre una vez más y la abrazó con fuerza. Fue su padre quien tuvo que despegarla de ella. Cuando perdieron de vista a Elizabeth, padre e hija volvieron al coche. El trayecto de vuelta se hizo más largo que el de ida. Vega quería quedarse un rato más, memorizar cada milímetro del rostro de su madre, verla sonreir una última vez...
Al llegar a su casa en Spring Valley, Vega se dirigió inmediatamente a su habitación y no salió de allí hasta el día siguiente.
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Después de desayunar fue al salón, donde había un árbol decorado con bolas de colores. Su padre se encontraba sentado en el sillón, bebiendo café.
-¿Y esto? -preguntó Vega, asombrada.
-Esto es tu regalo de Navidad. -respondió Kein sonriendo.-Aún te queda uno por ver.
-¿Otro regalo? Papá, no hacía falta.
Kein Cheadle señaló una caja de cartón con agujeros y que se encontraba debajo del árbol. Vega se dirigió a la caja y antes de que pudiera abrirla, un cachorro de labrador saltó a sus brazos. Tenía un collar rosa en el que se podía leer el nombre de Cacahuete y un gran lazo rojo rodeaba su cuello.
-¿Y esto? -volvió a preguntar Vega, totalmente ilusionada. -Es precioso, o preciosa.
-¿Te gusta? Lo conseguí porque la perra de un amigo mío tuvo cachorros.
-Me encanta, gracias, papá.-dijo ella e inmediatamente fue a abrazar a su padre. Ya no se sentía sola, ahora tenía una compañera, un padre que la quería y un nuevo amigo. Acordándose de Bellamy, salió por la puerta y corrió hacia la casa vecina, con Cacahuete persiguiéndola. La madre del chico fue quien abrió la puerta.
-Oh, hola, Vega. ¿Vienes a ver a Bellamy?
La chica asintió con la cabeza y esperó a que viniese el chico quien, segundos después, apareció.
-Hola.-dijo ella.
-Hola-dijo Bellamy-¿Y ese perro? ¿Es tuyo?
-Regalo de Navidad.
-Ya no estamos en Navidad, ¿lo sabías?
-Claro que lo sabía. Fue idea de mi padre.
-¿Ya has hecho las paces con él?
-Ajá. Oye, ¿te apetece ir al descampado?
Minutos después Bellamy, Vega y Cacahuete se encontraban subiendo la colina que les conduciría a ese lugar maravilloso. Al llegar, colocaron una manta en el suelo y se sentaron en ella, también aprovecharon y almorzaron allí.
Entonces, lentamente, el cielo comenzó a oscurecerse. Era la noche perfecta para observar las estrellas: el cielo se encontraba despejado, las copas de los árboles bailaban con la brisa y las luces de Spring Valley se encontraban apagadas, salvo por algunas rezagadas.
Los dos jóvenes se acostaron en el suelo, aún frío por la nieve. Desde que Vega llegó a ese pueblo la vida de ambos había cambiado. Los dos se habían conocido y había comenzado a nacer una estrecha relación. Ella hizo las paces con su padre y empezó a valorar más lo que tenía y él, él sencillamemte se enamoró. Desde el primer momento en que la vio supo que tenía algo especial, algo que lo atraía, no sólo su aspecto misterioso y andrógino, sino su forma de ser. Para Bellamy, Vega era la constelación que iluminaba sus noches y para Vega, Bellamy era lo que la infundía alegría, aunque ninguno de los dos sabía qué sentía el otro.
De repente, una estrella fugaz cruzó el cielo.
-Pide un deseo-dijo Bellamy, mirando a Vega.
La chica cerró sus ojos y pensó, un deseo...Tras unos segundos, volvió a abrir los ojos y miró a Bellamy. El chico la observaba con su típica sonrisa ladeada.
-¿Qué has pedido?-preguntó.
-No te lo puedo decir, si no, no se cumpliría.-respondió ella, también sonriendo.
-Pues susúrralo.
Vega sonrió y se acercó lentamente al oído del chico, después dijo:
-No he pedido nada, porque ya lo tengo todo.
Y sus labios se fundieron con los de él en un beso suave y lento. Sus lenguas se movían en un baile conjunto y sus manos acariciaban cada trozo de piel que encontraban. Vega se subió encima de Bellamy y este comenzó a quitarle el jersey. Despacio, se fueron desahaciendo de la ropa, e hicieron el amor apasionadamente bajo el cielo estrellado.
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El deseo de Vega || #ConcursoBAS
Short StorySpring Valley era probablemente el lugar más aburrido de la Tierra, no sólo porque era un pueblucho con pocos habitantes sino por no tener ni un mísero cine, únicamente un restaurante, un supermercado y un par de tiendas pequeñas donde vendían objet...