16 de agosto 2016

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Alessandro Lindblad por fin se ha quedado dormido después de varias horas de vuelo nocturno. Hemos salido esta tarde de Estocolmo rumbo a India realizando una escala de un par de horas en Turquía para recargar combustible.

Tras comprobar que realmente durmiera he sacado la libreta magenta de mi maleta y he decidido escribir un rato.

Durante estos tres días he armado un nuevo plan junto con Lindblad y Bergling basándonos en los planos del hotel en Goa. Será una operación mucho más riesgosa debido a que en esta ocasión sólo somos dos en el campo, sin mencionar que el tiempo de planeación ha sido muy corto. No obstante, parece algo viable y en realidad no tenemos ninguna otra opción.

Nos despedimos de Sophy y de Tim de manera formidable y posteriormente un chofer nos llevó al aeropuerto de Estocolmo. No tardamos mucho en abordar el avión privado de Bergling y casi en seguida del despegue, Lindblad se puso de pie de nuevo y sirvió dos vasos de coñac con hielo. Me extendió uno de ellos. Lo acepté aunque en realidad no se me apeteciera demasiado. A continuación el muchacho encendió unas bocinas que se hallaban junto al pequeño servibar y conectó su móvil para poner a correr una lista de reproducción apacible.

Cuando la primera canción, Escape de Rupert Holmes comenzó a sonar, Alessandro sonrió por un instante complacido y regresó a su asiento enfrente del mío.

-Salud, señora.-dijo alzando un poco su vaso y posteriormente dándole un sorbo largo.

Alcé mi vaso también como respuesta, pero apenas y me mojé los labios con el coñac.

-¿Ya estás lista para patear traseros holandeses otra vez?-preguntó él moviendo su vaso para juguetear con los hielos.

-No tengo opción.-resoplé.

-Eso no es verdad. Siempre hay opción.-Alessandro entrecerró los ojos y me dedicó su sonrisa retorcida de siempre.-Lo que sucede es que ya le agarraste el gusto a esto de portar un revolver y volarle los sesos a cabrones.

-No es verdad.-repliqué en seguida.-No ha sido agradable en ningún sentido ver cómo le reventaba el cráneo a ese tipo.

-No me refería a eso. El gore tampoco es lo mío.-se aclaró la garganta.-A lo que me refiero es al hecho de sentir poder. Es algo extraordinario. Ni bueno ni malo, simplemente un sentimiento fuera de lo común por mucho que lo quieras negar. Uno se da cuenta de lo frágil que en verdad es, ¿no es cierto?

-Quizás.

-Bueno, tú eres un caso aparte. No me acordaba.

-Mi vida es tan frágil como la tuya. No te confundas, Lindblad. No envejecer no significa que no me puedan infringir dolor o volarme la cabeza de un tiro.

-Aún así, tu manera de ver la vida ya se ha tergiversado y lo sabes.

-Se ve que has estado hablando demasiado con Sophy.-sonreí con cierta malicia mirando por la ventanilla.

-¿Y tú qué sabes de eso, eh?-inquirió ahora con mucho más interés.

-No mucho. Sólo me enteré que han estado saliendo.

-¿Fue Tim quien te contó?

Bebí un sorbo de coñac sin asentir ni negar nada. Alessandro echó su cabeza hacia atrás para recargarse con más comodidad en el asiento.

-Pues es verdad. He estado saliendo con tu hermana.-reconoció él observando el líquido color ámbar a contra luz.

-¡Ja!

-¿Qué es tan gracioso?-alzó una ceja.

-Pues lo irónica que es la vida a veces.

-No, no. Te equivocas, mujer.-fingió él también una risa.-No tiene nada de irónica esta situación. Serán muy gemelas y quizás hasta se parezcan un poquito físicamente...

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