21 de agosto 2016 (parte 3)

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Me desperté cerca de las ocho y llamé a Alessandro para que pasara por mí.

-Paso por ti a las once en punto.-explicó él como apresurado.-Mishu y Asha me han invitado a desayunar a un restaurante muy elegante y nos les puedo rechazar la invitación después de ser tan buenos anfitriones. Alguno de los dos debe de comportarse como un adulto responsable, ¿verdad que sí?

Asentí para no eternizar una discusión con él y después colgué.

Luego del desastre que estaba hecho la cocina sólo pudimos desayunar un par de bananas y un vaso de agua de coco. No estuvo mal después de todo, pero le esperaba una buena juerga para recoger aquel caos cuando yo me marchara.

Tras intercambiar algunas palabras le pedí que me preparara la bañera. Él asintió en seguida y se marchó canturreando en voz baja. Recogí mi ropa del suelo dejándola lista para cuando saliera y me introduje al baño también. Me cepillé los dientes con esmero mientras esperaba a que la bañera terminara de llenarse. Era una tina bastante vieja en realidad, daba la impresión de que se cuartearía y en cualquier momento se desbordaría el agua. Martijn permanecía sentado en el borde muy quieto mirando el agua y tocándola de vez en cuando.

-Me vas a matar...-musitó cuando acabé de cepillarme los dientes. Lo miré desde el espejo.

-¿Por?

-Se me ha pasado pagar el gas y el agua no se ha entibiado.

Me crucé de brazos y me di la vuelta para mirarlo fijamente desde arriba. Él esbozó una enorme y terrible sonrisa de repente.

-A lo mejor y es el destino que quiere que me meta contigo para que no te de tanto frío y te cojas un resfriado.

-Ni de chiste cabemos los dos.

-¡A que sí!

Tenía razón. Los dos cupimos, pero unos cuántos litros de agua fría se desbordaron. Al principio los dos tiritamos un poco, sin embargo nuestro cuerpo acabó por acostumbrarse y mientras nos bañábamos conversamos de cosas triviales como la música que le gustaba poner en el club y lo mucho que echaba de menos tocar un piano. Jalamos el tapón de la pequeña coladera y renovamos el agua para quedarnos otro rato dentro de la tina. Martijn se deslizó con cuidado para quedar de mi lado de la bañera. Abrió mis rodillas lentamente, recargó su espalda con suavidad contra mi pecho y reposó su nuca sobre mis clavículas, al tiempo que tomaba mis muñecas y cruzaba mis manos por debajo de sus brazos a la altura de su pecho.

-Aún puedes cambiar de opinión y quedarte.- dijo en voz baja mirando mis dedos arrugados por el agua, como si se trataran de algo sumamente interesante.

-Me temo que es imposible por ahora.-respondí recargando mi cabeza ligeramente contra la suya.

-¿Y si me llevas desde ahora contigo?

-Tim Bergling nos echa a los dos de una patada.-bromee.

-Tengo dinero ahorrado. Podría rentarme un piso. Además-alzó la cara para mirarme seriamente.-No me fío de ese sujeto. Me da la impresión de que te trata con demasiada familiaridad por todo lo que me has dicho. Vamos, que se le está olvidando que sólo es tu jefe temporal.

No dijimos nada por unos minutos y nos limitamos a acariciarnos un rato más.

-Mar, nunca vayas a olvidar cuánto te quiero.-volvió a decir él irguiendo la espalda de pronto y girándose un poco para verme a los ojos. Hablaba como cuando un niño le da una explicación a la maestra que lo ha reprendido.-Confío en que volverás por mí como dices y te esperaré el tiempo que sea necesario. Si, por tu trabajo, tampoco puedes hablar muy seguido conmigo, también lo comprenderé, pero no me eches a un lado después de esto. Veo en tus ojos que aún hay algo que te inquieta y no estás feliz del todo, y, no te voy a negar que eso me asusta terriblemente. Tan sólo recuerda, ahora que vuelvas a marcharte, y antes de que tomes cualquier decisión, que hemos pasado más tiempo de nuestras vidas juntos que apartados uno del otro. Que sólo yo sé cosas como que odias apartarte de la lectura de un libro si no has terminado el capítulo entero, que cuando comes huevos fritos te gusta que la yema esté medio cocida o que tu pieza favorita de música clásica es Nocturno en mi bemol mayor Nº 2 de Chopin.

-Lo recordaré, Martijn.-respondí pasándole un mechón de cabello húmedo hacia atrás de la frente y luego acariciándole brevemente la mejilla.

Él me miró con aire afligido por unos segundos hasta que finalmente me decidí a salir de la bañera. Me sequé con una toalla y salí del cuarto de baño en silencio. Antes de tomar mi ropa, Martijn me ha vuelto a envolver desde atrás en sus brazos y me ha pedido que hagamos el amor una última vez. Miré el reloj, aún faltaba una hora para que Lindblad llegara, así que  corrí la colorida cortina de la pequeña ventana de su recámara y me he puesto un cronómetro mental para no pasarnos del tiempo.

Cuando Lindblad volvió a llamarme salimos en seguida. Nos dimos un último beso de despedida y subí a la camioneta. Desde adentro agité mi mano y Martijn hizo lo mismo desde el umbral de su puerta. Doblamos a la derecha en la esquina de la calle y hasta entonces Lindblad se quitó el periódico de la cara para hablar.

-¡A que la pasaste fenomenal!-soltó Alessandro cuando ya íbamos de ida al aeropuerto.

-Ya te lo podrás imaginar después de escuchar por el móvil anoche.-respondí.

-No fue demasiado, tampoco exageres.-soltó él una risa.-¡Quién lo diría! Cuando me imaginaba al tal Martijn pensaba en un hombre más corpulento, con bigote, como del estilo de Clark Gable. No en un hombrecito con cara de niñato. ¡Vaya, vaya! Ahora entiendo por qué escogiste a Julian esa noche, ¿cierto? Le da un aire indudablemente.

Me encogí de hombros esbozando una sonrisa y mirando por la ventana.

-¿Y al menos es cumplidor?

-Alessandro...

 ¿Vas a volver con él cuando acabemos lo de Verwest?

-Aún no lo sé...

Alessandro esbozó su sonrisa retorcida y negó varias veces con la cabeza. Le lancé una mirada fugaz, pero afortunadamente ya no agregó nada más al respecto.


Jejeje, gracias por leer! ¡A que estuvo cachondo el asunto! No era mi intención, pero toparse al ex no debe de ser nada fácil.

Un beso y recuerden dejar estreshita y comentar! :D

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