El viaje de vuelta a Estocolmo no fue más que una quimera muy extraña y lo recuerdo de manera muy ambigua en realidad. Dormía entre dos a cinco horas y después me despertaba sólo durante unos quince minutos para beber agua e ir al sanitario. Lindblad me miraba alzando una ceja mientras me deslizaba por el pasillo, sin embargo no me habló más que para anunciarme que ya estábamos a punto de aterrizar en la capital de Suecia.Sophy y Tim nos recogieron en el aeropuerto. Noté que ella y Alessandro murmuraron todo el camino de regreso a la residencia de Tim lanzándome miraditas sigilosas de vez en cuando, pero los he ignorado y de hecho me he dormido un rato más en la parte trasera de la furgoneta Volvo.
Cuando llegamos a la mansión, subíde inmediato a mi recámara y me desplomé sobre la cama. Afuera llovía a cantaros y lo único que se escuchaba alrededor eran los enormes goterones rebotar sobre la ventana. Aun no anochecía, sin embargo la neblina y las nubes densas de color gris en el cielo creaban una oscuridad melancólica. Aún adormilada, me hice un ovillo, me cubrí con una manta roja y me dediqué a contemplar las frías gotas de lluvia que escurrían por el vidrio de la ventana. Fue entonces cuando eché tanto de menos el calor húmedo y tropical de Goa.
¿Qué estará haciendo Martijn en este momento?
Pensé por un instante en coger el móvil y quitarme la duda, sin embargo desistí. Habíamos quedado en que, por precaución, yo sería quien le llamaría a menos de que algo realmente importante surgiera. No obstante, aquel acuerdo parecía muy lejano ya, como si fuese un recuerdo difuminado por el paso de los años. Había sido real y había ocurrido hace no más de dos días, y aun así me daba la impresión de sólo haberlo soñado. Quería creer que la felicidad que había sentido otra vez a su lado era legítima pero entonces ¿por qué al marcharme no había sentido más que tristeza y arrepentimiento?
Cayó la noche y yo seguía en la misma posición, cuando de pronto alguien llamó a mi puerta. Era Sophy.
-Mara.-saludó ella con voz amistosa, sin embargo su rostro era totalmente ecuánime. Se sentó a los pies de la cama y colocó con suavidad la palma de su mano sobre mi rodilla cubierta por la manta.-¿Qué haces?
-Nada.
-¡Vaya, pues eso sí que me sorprende! A ti no te gusta perder el tiempo. Siempre por lo menos estás leyendo un libro o ideándote alguna de tus ocurrencias extrañas.
Silencio por un minuto.
-¿Qué tienes, hermana?-insistió Sophy frunciendo un poco el ceño. Aquella expresión era muy típica de ella. Incluso a veces hasta cuando estaba feliz y sonreía fruncía el ceño.-Hasta parece que te ha picado un mosquito en la India y te ha contagiado con alguna clase de fiebre, de esas que te tumban por varios días en la cama.
Curvee brevemente los labios por el chiste.
-Ya me contó Alessandro que te encontraste a Martijn en Goa.-declaró ella sin más.
-Tu novio es muy informativo.-me quejé enderezándome y tomando asiento despacio junto a mi hermana.
-¡Aún no es mi novio!-sonrió ella dándome una palmadita en la cabeza.
-¿Por qué no?
-No lo sé...-admitió ella pensativa.-No creo que sea buena idea, ¿sabes? No te voy a negar que me gusta. Quizás más que eso. Me he llevado con él mejor de lo que lo he hecho con cualquier otro hombre en toda mi vida. Es perspicaz, valiente, tierno, atento...
-¡Ay, Sophy, basta!-solté una risita y le devolví el golpecito en la cabeza.- Hasta parece que me estás hablando de otra persona. Conmigo ese Lindblad ha sido un cretino más de una vez.
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Quema las páginas
General FictionHan transcurrido diez años desde que Mara decidió aislarse en un apartamento en los suburbios de Los Ángeles para llevar una vida de pequeños trabajos y modestos placeres. Sin embargo, al correr ya los últimos días de primavera llegará a su puerta u...