Me incorporé en el asiento mientras el policía giraba la llave en la cerradura y abría, me indicó que podia salir, me rugía el estómago, pero sentia que si tomaba un bocado iba a vomitar, el dolor de espalda se hacia presente, y ahora, agregándose a la lista de eventos desafortunados, estaba John, mi nuevo abogado.
Despues de volver a colocarme las incomodas esposas, nos guiaron a una sala muy parecida a la de ayer, sólo que esta tenía dos ventanas, una que daba hacia el pasillo y otra hacia la calle, ambas cubiertas por persianas, los pasillos estaban impregnados de olor a café, se me hace agua la boca, y eso que no es de mis favoritos.
Tomé asiento y John hizo lo mismo en la silla de enfrente, solo mirarlo me molestaba, así que miré hacia la ventana de la calle, parecia mediodia. La puerta se cerró, el policía amable de ayer habia salido, dejándome sola con el abogado.
De todos los abogados que podía tener me había tocado el más inútil e insufrible, todo de él me molestaba. Estaba segura de que mi madre, llena de buenas intenciones lo había enviado para que me ayudara, y él se aprovecharia de la situación para deshacerse de mi, hacer que me pudriera en un reformatorio de mala muerte o peor, en una cárcel.
—Terminemos con esto rápido— su voz era insoportable, puse los ojos en blanco.
—¿Mamá te envió?, ¿cómo está ella?— no había sabido nada de mamá desde ayer, ella tenia que ser la única en creerme.
—¿A ti qué te importa? Yo hago las preguntas aqui.
John sudaba y se frotaba las manos con nerviosismo ¿qué le pasa a este tipo?. Realmente aborrecía a este hombre, si hubiera asesinado a alguien, sería él.
—Quién diría que una mocosa como tu iba a terminar asesina, dime, ¿por qué la mataste?
—No lo hice— respondí cortante.
—Ah, cierto que no recuerdas nada.
—No lo recuerdo porque no lo hice— inhala, exhala, tengo que calmarme, no puedo dejar que sus estupideces me afecten.
—Definitivamente tienen razón, estás loca.
Decido quedarme callada, no vale la pena hablar con él, ya estaba perdida de todas formas, tenia el puesto asegurado en prisión.
—¿No tienes nada más que decir a tu favor?.
Ignoré completamente su existencia, miraba la ventana fijamente, sin deseos de compartir ni una palabra más con John, finalmente se cansó, se levantó tomando su ridículo maletín, murmurando maldiciones y salió de la sala, azotando la puerta.
Despues de unos minutos la puerta vuelve a abrirse, percibo olor a comida y no puedo evitar voltear hacia su procedencia, era el policía joven de antes, con un par de sandwiches y una lata de té en las manos.
—Pensé que tenías hambre— Dejó la comida en la mesa, sacó una llave de su bolsillo y soltó mis esposas.
—Muchas gracias, de verdad— Me abalancé sobre la comida, sabía a gloria, o quizás tenía muchísima hambre. El policía se sentó en la silla de enfrente, alcancé a notar una placa metálica rectangular, en donde se leía "A. Höeger".
—¿Qué va a pasar conmigo?— pregunté, mirándolo a los ojos, su mirada transmitía confianza y tranquilidad, además de su semblante despreocupado, era el primer ambiente cómodo que sentía en mucho rato.
—Eso lo deciden ellos— señaló la ventana del pasillo, en la sala de al lado, estaban reunidos John, la oficial Wells, la mujer de bata y dos figuras más que no reconocí.
—¿Sabe algo de mi caso?— esbozo una mueca, él oficial se limita a suspirar.
—Sí
A pesar de que sabía que estaba aqui por un supuesto asesinato, el oficial me trató con amabilidad en todo momento, no estaba segura de si lo hacía por puro protocolo, o de verdad creía en mi inocencia y sentía lástima por mi.
—Usted también cree que soy una asesina, ¿verdad?
—Margaret, mi trabajo aquí no es juzgar, mi trabajo es velar por todos los habitantes de este pueblo, y tú, eres uno de ellos— hablaba con sinceridad, sabía que de cierta forma estaba evitando mi pregunta, pero decidí resignarme, de todas formas lo que él pensara no me ayudaría a salir de este enorme problema.
—Estoy muy confundida, yo... de verdad no sé qué hacer— se forma un nudo en mi garganta, siento un profundo vacío en mi pecho, las lágrimas comienzan a empapar mis mejillas. Me sentía extraña al confesar mi sentir frente a un policía que además era un completo desconocido, pero necesitaba que alguien supiera cómo me siento, aunque no pudiera ayudarme.—No sé en dónde está mi madre, ¿Por qué no viene? ¿Por qué no me saca de aquí?— y a cada palabra que salía se me hacía mas difícil continuar, él me observaba, en silencio. —¿Qué hice yo para que me involucraran en una cosa tan terrible? ¿quién pudo hacerme esto?— mi voz terminó de quebrarse, escondí mi rostro en mis manos adoloridas, entumecidas por el frío y temblorosas por los nervios.
—Lamento mucho no tener respuesta a ninguna de tus preguntas, no sabes lo mucho que me gustaría poder ayudarte— su tono era triste, comprensivo, como si pudiera sentir lo mismo que yo. —Si te sirve de consuelo, yo sí creo que eres inocente— una chispa de esperanza saltó en mi interior, alcé la vista hacia él.
—¿En serio?— asintió con la cabeza con seguridad, ¡qué bien! Por fin alguien creía en mi, no pude evitar esbozar sonrisa de agradecimiento.
La puerta se abrió y me encontré con la mujer de bata, aún cargaba el bolígrafo detrás de la oreja, llevaba el pisapapeles bajo el brazo y un sobre en las manos. El oficial Höeger se levantó y se retiró, posando su mano sobre mi hombro antes de salir de la sala.
—Buen día señorita Labelle— se aproximó a la mesa, pero no tomó asiento. —Creo que no he tenido ocasión de presentarme, mi nombre es Grace Skills. Te voy a entregar estos papeles y necesito que respondas cada pregunta con mucho cuidado, ¿entendido?— otra vez usaba el tono de amabilidad falso. Dejó el sobre junto con un bolígrafo negro frente a mi. —Pasaré en quince minutos— procedió a retirarse, escuché el click del seguro de la puerta.
Tomé el sobre y lo abrí, dentro se encontraba una pila de papeles perfectamente apilados. Impreso en tinta negra se leía: "Test tipo A" . Seguidamente comenzaba una secuencia de preguntas en las que debía contestar con sí/no, exceptuando algunas en las cuales había un espacio para responder. En algunas páginas aparecían imagenes de manchas de colores y yo debía escribir qué sentía, qué me parecía o cuál me atraía más, dependiendo de la instrucción.
Respondí todas las preguntas e incluso me sobró tiempo para revisar todo antes de que Grace volviera, cuando confirmé que todo estaba en orden, dejé los papeles en el sobre y esperé a que la mujer regresara.
No pasó mucho más tiempo para escuchar nuevamente el click de la puerta, seguido del perfume empalagoso de Grace. Se acercó y tomó el sobre junto con el bolígrafo.
—Gracias Margaret, eso es todo por hoy— Grace salió con el sobre, al mismo tiempo que entró el oficial Höeger y se acerco para ponerme las esposas, por lo cual yo junté las muñecas, para facilitar el trabajo, sin embargo se detuvo y se asomó por la puerta, como no había nadie más, pues a esta hora todos estaban encerrados en sus oficinas, decidió no ponermelas.
Caminamos hasta las celdas y voluntariamente entré a la misma de ayer, estuve el resto de la tarde viendo televisión en la incómoda banca de metal, cerca de la medianoche, el oficial cerró todas las puertas, ventanas y abrió mi celda.
—Duerme en el sofá.
—¿Qué?
—Esas bancas son muy incómodas, a esta hora todos están echándose una siesta, te despertaré antes de las cinco para que no lo noten y así no te dolerá tanto la espalda.
Era un buen plan, salí de mi celda y me recosté en el sillón cubriéndome con la manta que me había ofrecido antes. No sabía cómo le iba a agradecer toda la ayuda que me había brindado.
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Margo tiene la culpa
Misterio / SuspensoUn cruel asesinato Una adolescente implicada Una niña inocente Ya no tanto ¿Quién es el asesino? "Yo no fui" ¿por qué se entregó la presa a las manos del cazador? Un manicomio blanco No todos estan locos Una niña lúcida Ya no tanto ...