CAPITULO IV

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CAPITULO IV

Hoy, como uno de muchos días, me sentía mal, sentía como si todo el mundo se me viniese encima, que todos me hacían sentir mal, que nadie me apoyaba.

Fue un día en los que solo tenía mis auriculares puestos con esa música para hacerte sentir de lo peor, cuando no tienes ganas de hacer absolutamente nada, que solo quisieras estar dormido, con un sueño tan profundo como si ni volvieses a despertar jamás, que lastima, aun no llegaba ese momento, porque bien sabia, estaba muriendo, y aunque muchos no lo sabían, lo estaba haciendo, soy como una de esas bombas que en cualquier inesperado momento podría llegar a explotar, me sentía tan pésimo, tanto que tenía que sonreír y reír ante los demás para que notaran que a pesar de todo lo que me sucedía tenía tiempo y valor de aun así sonreír.

Recuerdo, a los pocos días de haber salido del hospital, todo mundo quería estar conmigo, que triste que ahora pareciera como si a nadie le importaras, te lastiman, te hacen a un lado, en fin, te suprimen de su vida, y la verdad no me importaba, bueno al menos lo único que en verdad me importaba es que si muero, muchos van a estar lamentando no haber podido estar más tiempo conmigo, llorando hasta lágrimas de sangre, pidiendo y rogando no haberme muerto, pero eso se llama ''ser hipócrita'' porque pidiendo estar ahora, en este momento junto a mí y no tener que esperar a que llegue el momento de mi partida para que ahora si me quieran.

Y ¿cual era el motivo de sentirme así?

Un día común, normal y aburrido, sentía como una opresión en el pecho, creo que ya había sentido ese dolor antes, solo que esto de tener tumor cerebral te quita algunos recuerdos de tu mente, así que no recordaba en que ocasiones sucedía así, transcurría el día normal, mamá salió al trabajo, papá nos había dejado, se había ido de la casa, aun lo seguíamos viendo ya que la corte después de todo, le calco que tenia que pasar tiempo con nosotros, la verdad casi no pasaba tiempo con él, ya que trabajaba todo el día que pues la verdad no lo extrañaba tanto como parecía. mi hermano como siempre salía con sus amigos ya que no estudiaba ni ayudaba con el quehacer de la casa, me tocaba a mi hacer algo.

Como siempre, después de terminar las cosas que tenia pendientes, me sentaba en el jardín con mi taza de café y mi libro, pasaba horas y horas tanto que no tenia noción del tiempo, solo que ese día todo parecía diferente.

El cielo se tornaba de un color gris obscuro, los pájaros no cantaban, se escuchaba un silencio enorme, era algo extraño, todo me parecía como aquel día en el que Carlos...

Mamá habia llegado temprano del trabajo, era sumamente extraño, siempre llegaba algo tarde, siempre llegaba con una sonrisa, alegre y feliz, pero al mirar su mirada mis ojos comenzaron a ponerse rojos y algo llorosos, así que pregunte:

-¿Qué pasa mami? ¿Esta todo bien? -Dije con un nudo en la garganta, sabia que no estaba bien.

-Tu tía Ruperta -Dice mamá explotando en un mar de llanto.

Al escuchar eso mi corazón se partió por completo, como era posible que ella, porque justamente ella, como era posible que la vida no se pudiera detener por alguien, o al menos no la vida, si no que alguien que se detenga por otro mismo, en este caso yo no podía detenerme, para nada, no podía, no porque no quisiera hacerlo, mi tía Ruperta estaba muerta, yo n podía hacer mas nada, no podía detener el tiempo mucho menos que no muriera, por eso había decidido algo, iba a detenerme por las personas que aun seguían conmigo, las que aun seguían vivas, porque es a lo único que se le puede hacer algo, las cosas o personas que ya no lo están, no queda mas que recordarlas como todo lo bueno que eran.

Había muerto por un accidente automovilístico, estaba de regreso a su hogar, sus frenos fallaron, choco con otro auto, ella salió disparada por el parabrisas de frente, ahora entiendo el porque hay letreros en las autopistas que dicen ''Use el cinturón de seguridad''.

Los paramédicos hicieron todo lo posible, pero ella lamentablemente, había muerto al instante.

Lo recuerdo perfectamente, fue un martes por la mañana cuando íbamos camino al cementerio, había mucha gente, que patético, pensé, como era posible que solo cuando falleces es cuando vienen a 'visitarte', gente llorando todo un mar de lagrimas, diciendo que la extrañarían. En muerte eso ya no sirve de nada, las cosas siempre serán mejor cuando las personas aun estén en vida, demostrarles todo el cariño que se pueda, no sabemos el día en que ya no regresemos a casa...

Mis lagrimas se habían consumido por completo de tanto haber llorado, deje que todos se fueran, le dije a mamá que podía regresar solo, así que ella asintió y se marcho.

Tenia una flor blanca en mis manos, eran sus flores favoritas, yo no soy muy sentimental así que cuando estuvo conmigo nunca le di al menos una flor, hasta hoy cuando ella ya n estaba conmigo.

Tome la flor y la puse encima de su lapida, las lagrimas aparecieron por arte de magia. No podía resistirme, me sentía vacío, como si todo el mundo se estuviera derrumbando. Me senté frente a su lapida, quería decirle algunas palabras antes de irme, no sabia que decir, mi mente estaba en blanco, así que solo dije:

-Se que por el momento te has adelantado, no sabes la falta que me harás, pero se que volveremos a estar juntos y se que será pronto, te quiero tía Ruperta. 

Un Pequeño InfinitoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora