Tres años y diecinueve días antes del suceso originario.
Semienterrado por una capa de ceniza, Woklan recuperó la consciencia tras haber recorrido la línea temporal convertido en diminutas partículas. Nada más abrir los ojos, sintió un leve pinchazo en las sienes, apretó los dientes, meneó la cabeza y pudo comprobar que no había conseguido alcanzar la Dhareix.
—¿Dónde estoy? —susurró, conmocionado, observando un lúgubre paisaje que lo estremecía—. ¿Qué es este lugar?
Se levantó y contempló los inmensos volcanes que arrojaban columnas de lava y gas hacia la atmósfera; el horizonte sombrío estaba coronado por aquellos gigantes que no cesaban de iluminar el cielo con las entrañas incandescentes del planeta.
Aunque tenía el cuerpo dolorido, forzó los músculos y empezó a caminar. Nada más dar los primeros pasos, notó cómo los pies se le hundían en una densa capa de ceniza que ocultaba la roca resquebrajada que daba forma a la superficie del planeta.
Confundido, intentando asimilar qué había fallado en el salto, bajó la mirada y pensó:
«¿Dónde diablos estoy?».
Alzó la cabeza y contempló las nubes negras que ocultaban el firmamento.
«No reconozco este mundo...».
Pulsó un botón táctil en la parte del traje que le cubría el antebrazo y a tres centímetros del tejido metálico se extendió una pantalla holográfica. Cuando el holograma se volvió tangible, tecleó una secuencia numérica y esperó a que los escáneres le indicaran en qué parte de la línea temporal estaba.
Tras unos segundos, en los que se mantuvo expectante, se apoderó de él un abatimiento mayor que el que había sentido al despertase. El análisis le mostraba que se hallaba no solo fuera su línea temporal, sino también en un lugar que no pertenecía al multiverso.
—No puede ser... —soltó sumido en la turbación.
Desorientado, se volteó y escrutó el entorno. Mientras observaba el suelo negro y los inmensos volcanes, del cielo comenzó a caer una tenue lluvia de ceniza. Elevó la cabeza, contempló las nubes oscuras y se preguntó:
«¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué ha fallado el salto?».
Inspiró despacio e intentó tranquilizarse. Poco a poco, mientras dejaba atrás la desesperación, se impuso la férrea disciplina militar nacida del entrenamiento psicológico al que fue sometido por pertenecer a la elite de las fuerzas armadas. Las largas sesiones de preparación lo empujaron a actuar, a buscar una solución para no ser derrotado por sí mismo.
Volvió a inspeccionar el entorno e inició otro análisis con los sistemas del traje. Cuando los escáneres le mostraron de nuevo que no se hallaba en el multiverso, inició la búsqueda de algún indicio de civilización o de alguna emisión de energía que le pudiera ser de utilidad.
Al encontrar una tenue vibración bajo la capa más fina del espectro energético, marcó una ruta hacia el punto desde donde provenía la señal y se dirigió hacia allí.
Más tranquilo, sin dejar que nada le nublara el juicio, comprobó los sistemas vitales del traje y vio que se mantenían estables y que el suministro de aire no fallaría a corto plazo. También se cercioró de que no estaban dañados los trasmisores que absorbían la energía Gaónica.
Impidiendo que le paralizara la visión del paisaje infernal y la duda de no saber dónde estaba, aceleró la marcha y comenzó a correr para alcanzar su objetivo cuanto antes. Mientras el sonido de las respiraciones se intensificaba dentro del casco, un único pensamiento le recorrió la mente: debía alcanzar la Dhareix.
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Entropía: El Reino de Dhagmarkal
Science FictionWoklan despierta sobre un charco de sangre dentro de una nave de La Corporación: la entidad encargada de explorar las líneas temporales. No recuerda nada, no sabe cuál ha sido el destino de sus compañeros y tampoco es consciente de que ha caído en l...