Capítulo 20

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Annabeth estaba cansada, todavía no sanaba del todo, pero aún así decidió continuar, aún así decidió seguir nuestro camino manteniendo viva la esperanza de que encontraríamos a los chicos. Y por eso la admiraba.

Yo he tratado de mantener la esperanza viva en mi, pero resulta difícil, cada vez me parece de que ella no existe, pero después de hablar con Annabeth me dieron ganas de continuar, porque todavía todo no estaba perdido.

Caminábamos en completo silencio. Yo iba al frente y Annabeth y Percy detrás, él se encargaba de ayudarla a caminar, porque -como mencioné antes - ella aún continuaba herida y no sanaba del todo.

Mantenía a asertiva conmigo en todo momento, la llevaba mirando hacia abajo atenta a cualquier cosa que apareciera y quisiera atacarnos.

De vez en cuando Percy le preguntaba a Annabeth si estaba bien y si quería descansar, pero ella siempre le contestaba que se encontraba en perfectas condiciones para seguir - siendo que todos podíamos ver que tan lastimada y agotada se encontraba -. Y vuelvo a reiterar. Admiro su fuerza de voluntad.

-Escucho algo... - dijo Percy haciendo que me detenga y levante a asertiva.

Agudizo mi oído en busca de lo que Percy había escuchado. Pero nada.

Estaba a punto de golpearlo en la cabeza con la ballesta cuando Annabeth habló:

-Yo también lo oigo.

Y como si fuera por arte de magia unas pisadas rápidas se acercaban a toda velocidad. No hubo necesidad de decir nada. Los tres nos pusimos en guardia a la espera de que algo saliera de entre los arbustos y nos atacara.

De repente el sonido cesó.

-Parece que no fue nada... - Dijo Percy bajando la espada pero justo lo interrumpieron.

Percy cayó de narices al suelo porque algo chocó en su espalda, y ese algo terminó cayendo encima de él.

-¡Leo! - Exclamó Annabeth feliz.

Ambas ayudamos a levantarlo y después a Percy, quien tenía la cara embarrada en tierra, y para su suerte -como estaba hablando- tierra le había entrado a la boca.

-Puag, puag. Que asco.

Annabeth y yo lo dejamos quejándose sólo mientras poníamos nuestra atención en Leo.

-¿Leo estas bien? - Le pregunté y el asintió agotado.

-Yo también gracias por preguntar.- dijo Percy pero nadie le prestó atención.

-¿Sabes dónde están los demás? - Preguntó Annabeth de manera calmada.

-Venían detrás de mí. - Contestó mirando hacia atrás.- Pero creo que se quedaron atrás.

Ambas miramos por detrás de Leo, hacia donde había salido. Nos miramos y asentimos concordado mutuamente.

-Vamos. - Les dije.

-¿A dónde? - Preguntó Percy levantándose y limpiando su chaleco y pantalones llenos de tierra.

-Por los chicos.- contestó por mi Annabeth.

(...)

No sabía por donde íbamos, sólo caminaba derecho con la vaga esperanza de encontrarme con alguno de los chicos. Y lo peor de no saber por donde iba era que yo dirigía al grupo siendo que no tenía ni idea hacia donde me estaba metiendo.

Otras pisadas, pero más calmadas hicieron acto de presencia. Todos paramos y cuando lo hicimos las otras pisadas igual, como si supieran que estamos aquí.

Confesiones de una mestiza [Percy Jackson]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora