El chico de los ojos grises

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Me acerco y él me evalúa completa; mi cabello castaño, mis ojos oscuros, mi cara afilada, mi blusa morada favorita, jeans ajustados, vans negros, vuelve a subir por mi cuerpo algo más agraciado que el de varias chicas de mi clase, mis labios algo delgados y mi nariz pequeña, para volver y mirarme a los ojos, expectante; le di un menú y me di la vuelta para irme, pero su voz me detiene:
- A ti no te conozco - me dice, su voz es firme, clara y hermosa. Me giro hacia él.
- No, y creo que yo tampoco a tí - me acerco a la mesa y extiendo mi mano - soy Mei, soy nieta de Tom y Rose- él estrecha mi mano en un apretón fuerte y cálido.
- Yo me llamo Alex- responde aún con nuestras manos entrelazadas- dime, ¿vienes por aquí seguido?- suelta mi mano con delicadeza.
-Si, bueno, en realidad, cuando vengo solo me quedo uno o dos días, pero ahora me quedaré todo el verano, así que voy a estar trabajando aquí.
Me mira un momento y después me sonríe -genial, creo que ya sé que quiero ordenar- me dice, yo saco la libreta y el bolígrafo y me preparo para escribir -un café, pan tostado y huevos con tocino, por favor.
-Claro, en seguida- me tomo la libertad de sonreirle y me voy con la orden apuntada en la libreta, me meto detrás de la barra y llego frente al ventanuco que da a la cocina, arrancó la página en donde tengo anotada la orden y la cuelgo con un broche en un delgado alambre que cuelga en la parte superior de éste; después me fui a atender otra mesa; claro sin quitarle el ojo de encima a Alex ;).
Sonó la campanilla y me dijeron el número de la mesa, corrí tomé el plato y lo serví, al pasar por su mesa, Alex me pedía café o me preguntaba mi ciudad mi colegio, me pregunto mil y un cosas; cuando terminé el turno de la mañana tenía hambre, porque por las prisas de abrir la cafetería no había podido desayunar más que un pan tostado y un sorbo de leche, pedí algo un sandwich de queso a mi tío, que ya no estaba ajetreado y mientras esperaba me serví un poco de café con leche. Mi tío me dio mi sandwich, me encaminé a una mesa del rincón, pero Alex me llamó desde la suya. Me acerqué y le dije -perdón si sueno grosera, pero, ¿no tienes trabajo o algo?
Él me sonrió -si, si tengo,en el taller mecánico del pueblo, pero mi turno comienza hasta el medio día y apenas son las diez treinta, pero, si quieres que me vaya...
-¡No!- grité, asustando a varias personas que tomaban su desayuno- no te vayas- dije algo cohíbida- ¿me llamabas para algo?
- Si, bueno, quisiera que te sentarás conmigo a desayunar, si tu también quieres, claro- se rascó la nuca, se le veía algo nervioso.
-Erm...- fingí que lo pensaba por unos segundos- claro, ¿por qué no?- puse mi plato y mi café sobre la mesa, y él se levantó para abrirme la silla- gracias- le dije sonriendo.
-No hay de qué- dijo sonriendo un poco "Dios, éste chico es muy guapo, casi perfecto" pensé- entonces vives en New Light- no era una pregunta.
-Pues si- respondo. No sé de que hablar con él, ni siquiera lo conozco.
-Oye, entonces, ¿qué hace una newlighter en un pueblucho como éste?
Suelto una pequeña risita- no considero Huntville como un pueblucho, es un lugar muy especial para mí- mordisqueo un poco de mi sandwich- mis padres se conocieron aquí, mi padre cortejo a mi madre en éste pueblo, incluso le pidió matrimonio aquí- "ay, no" pienso "me he puesto nostálgica".
-Entonces, le tienes cariño al pueblo ¿solo por tus padres?- pregunta levantando una ceja.
-No, no es solo es eso, son demasiadas cosas, conocí a mi mejor amiga aquí, mis abuelos viven aquí, en éste lugar tengo un trabajo, algo que en New Light no me sería posible, solo puedes tener un trabajo de medio tiempo hasta los 18.
-Por cierto, Mei, ¿cuántos años tienes?
-Tengo 16.

-Guau, ¿en serio?, no te lo creo.

-¿Por qué no?

-No lo sé, te vi un poco más joven.

-¿ah, si?, bueno y tu ¿cuántos años tienes?

-Yo tengo 17, querida amiga.

-Guau, eres un anciano- le sonrio, un poco traviesa, miró el reloj de la cafetería que ésta clavado en la pared, encima de la barra y me doy cuenta de que ya se han pasado los escasos quince minutos que mi abuelo ma ha dado para comer- ¿sabes? tengo que irme a trabajar ya, pero fue lindo hablar contigo.

-A mí también, oye, me preguntaba si tal vez ¿quisieras salir a tomar un helado un día de estos?- me muestra una pequeña sonrisa, me he dado cuenta de que éste tipo es guapo pero también un poco ¿tímido?, no sé como describirlo.

-Venga, claro- respondo levantándome- ¿cuándo y dónde?

-Bueno, la única heladería que hay por aquí es la de Luke, cerca de la entrada del pueblo así que...

-Oh, cierto- "Dios, soy una idiota" pienso "¿cómo se me ocurre decir eso"- lo siento, entonces, ¿cuándo?

-Hmmm...- se ha quedado pensativo unos segundos- tengo libre el viernes, ¿qué te parece si paso por ti ése día?

-No sé si me den libre ése día, pero yo te aviso, tal vez me pase por el taller mañana, se descompuso la camioneta en la que mi abuelo suele salir para sacar pedidos en el pueblo más adelante de aquí y me comentó que es urgente que la reparen.

-Entonces, ésta bien, tal vez pueda mostrarte mi casa.

-Alto, alto, tú ¿eres hijo del mecánico del pueblo?

-Si, ¿porqué? ¿sorprendida?

-Si, un poco, me cuesta creer que alguien como él tenga hijos- digo rascándome la parte de atrás de la cabeza.
El mecánico del pueblo, Erick, es un hombre uraño y de mala caña que no es muy sociable y no sabe como tratar a las personas, a cualquiera que lo conozca le costaría trabajo creer que tiene un hijo, creo que me he perdido de mucho.
-Y... ¿Y tu madre?- me siento tensa, como si mi incredulidad ante sus raíces me hiciera ver como una persona que tiene prejuicios, aunque no los tengo.
-Encontró el verdadero amor en un viajero que se quedó unos días aquí y se fue con él- dice despreocupado, encogiendose un poco de hombros- a veces me manda postales, lo último que supe de ella es que ésta en algún lugar al norte, donde hace frío.
-Oh- es lo único que atino a decir, "que madre tan desnaturalizada" pienso con un poco de enojo, si conociera a su hijo ahora, se arrepentiría de haberse ido- en... entonces, ¿mañana?- pregunto, tratando de tragar el nudo que se me ha hecho en la garganta.
-Si, si puedes pásarte por el taller.
-Claro- respondo, mi abuelo me hace señas y gestos, indicándome que ya me he tardado demasiado tiempo- bueno, nos vemos mañana entonces- le sonrio un poco.
-Si, hasta mañana- se levanta y se despide de mí con un beso en la mejilla, "hemos tomado confianza muy rápido" dice mi cabeza, después lo veo salir por la puerta, caminando despreocupado.

Por la tarde, hacia las seis, mis abuelos cierran la tienda y Jean y yo subimos a mi habitación. Mis abuelos viven en el segundo piso de la cafetería, y me han hecho un pequeño cuarto en el desván, lo mantengo limpio y ordenado, no me gusta la suciedad, esta pintado de un café muy suave, una ventana lo suficientemente grande como para hacer en ella un pequeño sillón, donde suelo leer cuando no tengo nada mejor que hacer, un armario ocupa una de las paredes y en el lado contrario ésta mi cama.
En cuanto subimos, Jean cierra la puerta y me mira con sorna, sus ojos me dicen "sé que pasó algo entre tu y el chico de la cafetería"; decido ceder a su mirada, y las palabras comienzan a fluir como si fueran las aguas de un río. Cuando termino mi historia el sol está por ocultarse casi por completo; lo primero que Jean me pregunta es:
-¿Quedaron en que ibas a conocer su casa y ni siquiera se conocen?
-Bu-bueno, es que...
-¿Y vas a ir?
-Digo, si, ya quedamos y todo, además entraré a su casa en plan de amiga, no de otra cosa- le digo, como detesto que Jean me devuelva a la realidad.
-Bueno, creo que él busca más que una amistad contigo y es muy raro, porque es muy popular entre las chicas del pueblo.
-¿ah, si?
-Si, y según yo, no ha tenido novia nunca, eres especial amiga- se escucha que alguien toca la puerta y mi abuela asoma la cabeza.
-Niñas ya es hora de la cena- dice sin expresión alguna, ésta cansada.
-Si abuela, ya bajamos- digo sonriendole un poco, ella asiente y se va- entonces ¿soy especial, eh?
Jean se ríe y con ése pensamiento y un cosquilleo en el estómago bajamos ambas a cenar.

Verano En HuntvilleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora