Final de la primera parte: Ellie. #12

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17 de Octubre, 2012.
Downtown, Manhattan, NY.
Noche del cumpleaños de Ellie.

—¿Recuerdas cuando te pregunté qué querías de cumpleaños y me dijiste que un viaje a París o una carta?
Sonreí para mí misma, mirándolo a los ojos. Había llegado la parte de la noche en donde repartirán los regalos y Elliot quiso ser el primero en darme el suyo: lo cual resultó raro, ya que todos los años insistía en quedarse de último.
Elliot se puso de rodillas frente a mí y mi sonrisa no hizo más que intensificarse. Metió su mano derecha dentro de su bolsillo delantero y sacó lo que parecían ser dos boletos de avión, sujetados entre su índice y mayor.
Oculté mi sonrisa, lo miré seriamente a los ojos y dije:
—Son falsos, ¿verdad?
—Totalmente —dijo, haciéndonos reír. Entonces introdujo su mano en su otro bolsillo y sacó un sobre—. Aquí está la mejor carta que alguna vez leerás en tu vida.

Día actual.

Me mordí el labio, debatiéndome entre si debía abrir la carta o no.
Debería darme igual, teniendo en cuenta el hecho de que Elliot ya sabía la verdad pero... no era así. No era para nada así.
Sin embargo, quería saber cómo se había dado cuenta de que no la había leído.
Resoplé, cerré los ojos y apreté el sobre contra mi pecho. Estaba lista para esto.

Querida Ellie:

Primero que nada, sé que te gustará saber que esta carta no ha sido para nada espontánea. Varias veces casi grité de frustración porque no sabía cómo empezar la carta de manera correcta. Luego me dí cuenta de que no empezar de la manera correcta era justo lo perfecto para ti.
Traté de conseguir esos benditos boletos de avión a París. Incluso pedí un descanso en el trabajo y estoy de vacaciones por dos meses pero no conseguí que fuéramos a París. Así que eres libre de condenarme, oh, Julieta.
(Jooooooooooodeeeeeeeeer. Una puta araña gigante acaba de aparecer en la habitación. Obviamente ya la maté pero acabo de experimentar la adrenalina más horrorosa del mundo.
Estoy comenzando a pensar que esta carta no trae nada bueno. ¿Por qué una araña aparece justo cuando estoy escribiendo esto? Créeme, no puede ser una coincidencia).
¡De todas maneras!... Aquí es cuando empiezo a decirte qué significas para mí. Pero creo que eso ya lo sabes... ¿o no?
Ellie, ya me asusté. Sí lo sabes, ¿verdad? Tienes que saber que significas toda la vida para mí. No hay un después si no estás tú. Eres lo mejor que tengo. Por ti, hoy soy quien soy. De hecho, recuerdo cómo era mi vida antes de ti y es bastante deprimente lo que estoy a punto de contarte (y me pregunto por qué no lo había hecho antes, pero en fin).
Despertaba, tomaba un autobús, me dirigía al trabajo (casi todos los días diez o quince minutos tarde porque siempre olvidaba mi billetera), cocinaba para esas grandes personas, salía a eso de las once de la noche porque tenía que asegurarme de que todos estuvieran felices con sus platos y limpiar todo lo que había ensuciado mientras cocinaba; luego volvía a tomar un autobús y... dormía en casa. Aunque de vez en cuando J se aparecía en ella.
Supongo que lo si haces (ser Chef) durante una semana o dos es bastante emocionante. Más cuando escuchas qué cantidad te van a pagar (Y lo fue). Pero luego de un año o dos teniendo la misma rutina diaria... llegas a deprimirte bastante. Poco a poco mi sonrisa se fue borrando y cocinar ya no era relevante. No me gustaban las mañanas, aborrecía a las personas... Era un total amargado.
Pero un día, mi rutina fue estropeada por una chica hermosa que pensé que estaba un poco bebida porque cruzó la calle, lloviendo, de forma descuidada: como si la vida no le valiera nada.
Ella se tambaleó hasta a mí como si fuera su propósito en la vida. Y eso es muy irónico porque ahora ella es el mío.
Pronunció mi nombre y me extrañé más de lo que debería aunque no lo hubiese demostrado. Incluso me pregunté si estaba soñando. Pero no, era real. Y lo sé porque cuando compartí mi paraguas con ella, sentí que nada en mi vida era tan real como la mirada que me había dedicado. En sus ojos azules había esperanza, inocencia, verdad y hasta un poco de pureza, me atrevo a decir.
Fue lo mejor que me pudo haber pasado en mi ordinaria y aburrida vida. Y de pronto, cocinar volvió a cobrar sentido. Levantarse a trabajar era interesante porque sabía que al regresar a casa siempre habría algo nuevo de qué charlar.
Despertar antes que ella y verla dormir era reconfortante; bajo una ciudad en donde lo brillante era lo superficial, ella era real.
Era malditamente perfecta. Y lo mejor de todo, es que ella eres tú.
He estado pensando... y he estado tratando de atreverme a hablar de eso pero siempre me acobardo por alguna razón. Todo está perfecto entre nosotros, y presiento que si hablamos de ello, nos afectará de algún modo y ya no será como antes. Es decir, se hará real. Tendremos que preocuparnos y hacernos cargo juntos. Pero si no lo hago... bueno, me sentiría el ser más inhumano del mundo por hacerte eso. Así que me lo he pensado y decidí que te hablaría de ello aquí:
Ellie, sé sobre tu enfermedad. He estado tres años a tu lado y obviamente me iba a enterar de alguna forma.
Lo hice no hace mucho cuando una mañana, en el correo, se coló una de tus cartas del hospital. Vi un informe médico sobre tu enfermedad y me extrañé demasiado. Estuve a punto de preguntarte pero vi cómo saliste del ascensor corriendo y me miraste con terror en los ojos. Entonces supe que lo estabas ocultando, y yo hice lo mismo, poniendo la carta en mi bolsillo trasero.
Por si no lo recuerdas, me dijiste:
—¿Algún correo para mí?
Y te respondí:
—No. Sólo lo usual. ¿Por qué viniste corriendo?
Y no recuerdo qué dijiste como excusa porque enredaste demasiado las palabras y volviste al ascensor de forma nerviosa luego de darme un beso. Pero ese mismo día fui a visitar el consultorio del doctor Clint y me enteré de tu enfermedad. (Omitiré todos lo detalles de lo que sentí y de las cosas que pateé y de la forma en que le hablé al doctor. Obviamente, al final me disculpé y digamos que pagué por algunos pequeños daños ocasionados.)
De todas maneras, quiero que sepas que no me importa. Me mentiste, pero luego de un duro rato pude entender tus razones. Y está bien. Vas a estar bien, cariño, porque desde ese día ya no creo en la palabra "terminal". No. Es decir... no sé cómo perderte. No es una opción ya no poder tenerte conmigo.
No puedo imaginarte estando... la palabra que empieza con M. Eso. No puedo porque simplemente eres todo para mí.
Por otro lado, te prometí que esta sería la mejor carta que te han dado jamás. Así que empecemos.
Lista 1. ¿Qué me gusta de Ellie?
Su silencio. La manera en que puede mantenerlo durante horas y no sentir la necesidad de hablar. El silencio es perfecto en ella.
Su sonrisa. Pero no esa sonrisa abierta que da cuando está muy feliz, sino esa sonrisa ligera que esboza en cualquier momento ante todo cumplido, ante cualquier cruce de miradas, e incluso cuando está imaginando cosas de las que nunca sabré tan distraídamente.
Su sarcasmo. Pero no sólo eso, también sus expresiones cuando va a decir algo sarcástico. Me vuelve loco.
Su amor por los libros. Cuando está tan concentrada leyendo que ni siquiera se da cuenta de que curvó su espalda, y cuando lo hace, se avergüenza sobre ello. O cuando vamos en medio de un centro comercial y se vuelve a mí con una sonrisa porque acaba de ver una librería, y aunque no compre ninguno de los libros que abrió o tocó, una sonrisa permanece en su rostro al salir.
Su enojo repentino. Por cualquier cosa, en cualquier lugar, hasta por un gato que se niegue a comer lo que ella le ofreció.
(—¿Ellie? ¿Estás llorando?
—¡No se quiere comer las papas fritas! ¡Me desespera, Elliot!
—¿De quién hablamos, cariño?
—Gato. Walmart. Estacionamiento.
—Dile que es feo.
—Eres feo —pronunciaste del otro lado, haciéndome reír).
Su personalidad impredecible. Nunca sabes qué está pensando. Cómo va a reaccionar. Cuándo va a explotar por algo simple como la falta de ketchup en sus papas o va a mantener la calma con algo como que no la aceptaron en la universidad.
Su fobia por las tortugas. Aunque me enojé porque tuve que regalar a Toby y Alex, que les tuviera miedo se me era... risible. (Y sí, acabo de buscar esa palabra en el diccionario. ¿Sabías que existía?)
Y... tu todo, Ellie. Tu manía de tocarme el cabello. Tu fetiche con agarrarme la mano y acariciar cada uno de mis dedos. Tu nervioso agarre en mi brazo cuando estamos en un lugar con demasiadas personas. Tu brillo en los ojos cuando hablas sobre un extraño sueño que tuviste la noche anterior. Tu risa. Oh, Dios, tu risa.

Lista 2. ¿Qué le agradezco a Ellie?
Haber entrado en mi vida. Porque eso fue, ciertamente, y no pararé de repetirlo, lo mejor que me pudo haber pasado.
Así que no te vayas, Ellie. Quédate porque si algún día me dejas, no sé qué sería de mí. Tienes que luchar contra ello. Más y más cada día.
Lo has logrado hasta ahora. Sé que eres lo suficientemente fuerte.

No tengo idea de qué más escribir, así que... te amo, Ellie Mendel. Feliz cumpleaños. Haré que este día sea memorable para ti.
Pd: Encontré a Sassy. Sé dónde está, al menos. No vas a creer cómo. Sólo... pregúntame cuando termines de leer esto.
Pd2: Espero que sí sea la mejor carta. Cruzaré mis dedos y esperaré tus cinco estrellas.

Cuando terminé de leer la carta, unas cuantas lágrimas de varias emociones encontradas bajaron por mis mejillas.
Eso explicaba por qué no había reaccionado tan mal ante la noticia de la enfermedad. Había fingido que había sido una sorpresa para él pero... ya lo sabía. Y se había quedado conmigo aunque lo había engañado.
Me sequé las mejillas con la manga de mi pijama, doblé la carta, la metí en el cajón de la mesita de noche y salí de la habitación para bajar las escaleras y encontrarme con los ojos de Elliot a través de la cocina. Sus cejas se fruncieron en cuanto notó mi expresión y salió de la cocina para dirigirse a mí. Antes de que estuviera lo suficientemente cerca, me desesperé y corrí hacia él para fundir mi alma entre sus brazos.
—Seis estrellas —dije mientras sentía otra lágrima salir de mi ojo. Él rió un poco y besó mi coronilla.

Si algún día me dejas.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora