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En un mundo donde la monarquía es la ley, Atalía tendrá que sobrevivir. Su pueblo y gente han sido asesinados por las garras de la corona.
Por una decisión de vida o muerte se ve huyendo hacia Surex donde tendrá cobijo. Pero, ¿Por qué ir a Surex...
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"Crac"
Abrí los ojos y apreté fuerte mis dedos al rededor de la daga.
Esa noche no había luna, por lo que no sabía cuánto faltaba para el alba. Sólo sabía que no habían animales despiertos y el ulular de los búhos me acompañaba. El olor a tierra húmeda me arropaba y así también, lo hacía el olor a sudor y sangre seca de mis ropas.
"Crac"
El sonido de ramas siendo pisadas me despertó. Decidí dormirme cuando me había alejado lo suficiente de Etrana y cuando el cansancio no me permitió continuar. Moví mis ojos en busca de dónde provenía el sonido. No me moví, porque si estaba a la vista de la persona o el animal, llamaría su atención, cosa que no me convendría por la condición lamentable en la que estaba. Así que solo busqué con la mirada la fuente del sonido de ramas siendo pisadas.
"Crac"
Las pisadas se alejaban. Eran de un hombre, distinguí, el crujir era muy fuerte, pesado. No era un cazador porque ese sonido hubiera espantado a cualquier animal, era un hombre que no le importaba ser escuchado porque estaba preparado; era un guerrero. Cuando ya casi no podía escucharlo, me levanté.
El cielo en el este se estaba tiñendo de azules y violetas oscuros; casi amanecía. Todo estaba cubierto de una fina capa brillante de rocío, pareciendo que habían esparcido polvo de estrellas en todo el bosque. Olía a humedad y a lluvia que cayó hacía días escondida entre los troncos de árboles caídos.
Presté atención y me dirigí hacia donde provenían esos sonidos. Con cuidado de no descubrirme, me oculté y escuché voces.
—Todo está despejado Señor.
—Excelente.
Eran voces masculinas.
Traté de acercarme un poco más para tratar de ver a los hombres que tanto alboroto habían creado. Me escondí entre los árboles más cercanos a ellos y al fin, logré verlos.
Eran cuatro jinetes; tres hombres y una mujer. Desde mi punto de vigilancia, podía escucharlos con claridad y podía distinguir que eran legítimos de Nórtica; se disponían a cabalgar hacia allá. Uno de ellos, el de mejores ropas, era un Lord. Los otros dos hombres eran sus guardaespaldas y ella, la mujer de piel de marfil y hermosas joyas, debía ser su prometida. Sin embargo, el Lord, el de mejores ropas, era un guerrero igualmente porque llevaba una espada guardada en la vaina de su cintura.
Si eran de Nórtica, eran ricos y sabía que lo eran por el sello de las montaduras de sus caballos: una serpiente entrelazada en una espada con el filo mirando hacia abajo.
No tenía caballo, oro y no comía desde hace dos días. Mi herida del brazo debía ser atendida y estaba sedienta.
<<Bien, no vayas a los establos porque para este momento no debe haber ningún caballo, consigue uno en tu camino a Surex. Dirígete hacia el sur con el río de guía, busca comida y oro. Si no hay comida caza, si no, roba para que comas. Haz lo que sea necesario para que sobrevivas.>>