Escena 8.

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Justin podría llegar en cualquier momento para recogerme para nuestra cena y me encuentro mal. Estoy segura de que en parte tiene que ver con toda esa cantidad de queso que inhalé después de clase, pero en su mayor parte se debe al hecho de que mi mejor amigo está a punto de llevarme a una cita. Eso podría acabar en un beso. Justin. Beso. Necesito sentarme en la cama para evitar que mi cabeza explote. Quería preguntarles a mis padres por Selena. Incluso llevé el periódico a casa para enseñárselo, pero no están aquí. Mi padre a veces da clases por la noche y el horario de las clases de yoga de mi madre es imposible de recordar, pero está bien. Ahora es suficiente pensar en Justin. Charlie y Olivia están aquí, las dos tiradas en mi cama, mirando el anuario del año pasado. Es una tradición que tenemos, mirar el anuario del año pasado a principio del curso. Normalmente lo hacemos justo antes y decidimos quién habrá mejorado, quién empeorado, quién estará más elegante, quién habrá cambiado más, etc.

—Creo que Jake está más lindo —dice Charlie. Sus pies están colgando y ella está tumbada boca arriba, con el anuario en sus manos. Parece un bicho muerto, de los que encuentras boca arriba en el porche durante el verano.

—Sí —dice Olivia—. Supongo que tiene buen cuerpo.

—Surfea —Charlie se gira y levanta las cejas. Conozco esa mirada. Intenta decirme que Justin también tiene buen cuerpo.  Me lanzo a mi armario ruborizada.

—¿Dónde has puesto el blanco? —grito.

—En la cama —dice Charlie—. Relájate.

—Suenas como tu novio —dice Olivia, doblando una revista y dándole con ella en la cabeza—. Relájate, tío.

Charlie pone los ojos en blanco.

—Lo que tú digas.

Me lanza el vestido y yo me lo pongo. Es un vestido sin espalda que me compró Charlie para mi último cumpleaños después de que me quejase de no tener ningún vestido de verano. Era un regalo irónico ya que mi  cumpleaños es el uno de enero. Un vestido blanco en pleno invierno. Muy Charlie.

Sólo el hecho de que Charlie y Olivia siempre estén para celebrar mi cumpleaños es muy importante. Quiero decir, nací el uno de enero, que es básicamente como el día nacional de la resaca. Es el día oficial de descanso de las vacaciones y todo el mundo está normalmente agotado, exhausto. No es que me importe. Nunca he sido una gran fan de los cumpleaños, pero igualmente, siempre es algo decepcionante.

—¿Qué piensan? —deslizo los brazos por mis lados para añadir efecto, y el vestido se mueve lentamente, como cuando las olas llegan a la orilla.

—Que estás buena —dice Olivia. Charlie muestra su acuerdo levantando los pulgares.

—Tengo la cara hinchada —Hincho mis mejillas frente al espejo y les pongo algo de colorete, añadiendo rímel a mis pestañas. Miro a Olivia y Charlie sentadas en la cama, atractivas sin esfuerzo, y luego de nuevo al espejo. Él te llamó bonita, me recuerdo. A ti. A nadie más.

—Tómate dos Tylenol y un poco de zumo de naranja —dice Olivia.

Charlie le lanza una mirada como si hubiese sugerido que llevase rombos. Hay pocas cosas en este mundo que Charlie odie más que los cuadros escoceses. Una de ellas son los rombos.

—¿Qué? —dice Olivia—. Funciona.

Encuentro dos Tylenol y me los trago con un poco de agua del grifo del  baño. Espero que sea suficiente.

—Estás genial, en serio —dice Charlie—. Palabra de Scout.

—Estoy de acuerdo —dice Olivia. Se pone de lado y me analiza— Estoy muy orgullosa.

When you were mine -JUSTIN BIEBER-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora