Capítulo 3

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-No te demores más, tenemos que llegar antes de que anochezca- declaró él ansioso.

-Si miras no podré hacer. Date vuelta- Se defendía ella mientras buscaba el lugar adecuado para hacer pipi. Él obedeció la orden de su pequeña hermana y miró la montaña. Calculó que llegarían dentro de 2 horas al lugar apropiado para hacer el campamento y comer algo. Recoger ramas secas era lo único que le faltaba para poder hacer una fogata así que no perdió más tiempo y se dispuso a buscar mientras su hermana terminaba... lo que tuviera que terminar. Se alejó unos cuantos metros y encontró las ramas suficientes; al agacharse para recogerlas percibió una presencia, nunca antes la había percibido y se sintió agobiado. Alzó la vista en busca de algo mas le fue inútil. Ignoró por completo esa presencia aunque aún podía sentir como la mirada de algo le penetraba.

-¿Isaac? Dónde te has metido. – Chilló Ana desde el lugar en el que la había dejado.

–Estoy recogiendo leña- murmuró él- pero si ya has terminado entonces subamos. Quizás te inquiete quitarte la máscara.

–Dalo por hecho- aseguró ella; subieron lo que a ella le parecieron kilómetros. Estaba cansada y hambrienta, no soportaba más, le había pedido a su hermano un descanso que éste se negó a tomar. –Falta poco. Le animó él- ¿Puedes ver esa rama que sobresale de la montaña?- cuestionó señalando hacia arriba- bueno, si la ves... ahí es dónde acamparemos. No te preocupes, llegaremos ahí en menos de lo que tú esperas – y asegurando esto siguieron adelante, ella cada vez más ansiosa por descansar y él mas tranquilo por dejar los peligros atrás.

Casi al llegar al punto que él mencionó, hubo un derrumbe: Las rocas cayeron desde arriba robándole el equilibrio a Isaac y haciendo que cayera por el estrecho camino por el que cruzaron minutos antes. Pudo sostenerse de un árbol que apenas mantuvo su peso y enseguida la suave mano de su hermana lo rescató de la evidente caída.

-¿Qué habrías hecho sin mi?- expresó la pequeña una ves que el chico estuvo a salvo.

–No me hubieras visto de nuevo, probablemente- dijo él seriamente- pero me alegra que eso halla pasado- le dedicó una sonrisa a su hermanita.

El susto había ocurrido ya, y se encontraban haciendo el campamento que en realidad constaba de un par de cobijas, el fuego que los calentaba y asustaba a depredadores y el poco alimento que llevaban incluyendo las dulcísimas fresas del arbusto.

-¿Estas lista? preguntó Isaac tomando la máscara de su hermana. Ella asintió con la cabeza y él tranquilamente anunció: <<Cuando te la quite experimentarás un golpe en el pecho. Eso es porque tus pulmones de alguna manera se desacostumbraron al aire fresco y natural. Lo que tienes que hacer inmediatamente es respirar hondo y es mejor que te sientes, así evitarás marearte; después de unos minutos el efecto habrá pasado y te sentirás igual que siempre.>>

Al momento en que él le despojó la máscara sucedió exactamente lo que él había mencionado; ella sintió una enorme presión en el pecho, percibió que no podía respirar aunque lo intento varias veces; era como si el oxígeno a su alrededor se hubiese esfumado. Su cerebro trabajaba rápido en busca de una solución. El sonido se fue. Su vista se tornó borrosa. Lo que pudo distinguir fue a su hermano haciéndole señas de que tenía que respirar profundamente y así lo hizo. Poco a poco su cuerpo se llenó de oxígeno. ¡Oh! Precioso oxígeno, que sin él la vida no sería posible; o al menos no para nosotros.

Una vez que Ana recuperó el aliento miró cómo su hermano se quitaba la máscara - ¿Cómo es que a ti no te afecta para nada?- le pregunto extrañada.

-No lo se. Supongo que es la costumbre. Yo llevo mas tiempo viniendo para acá en cambio, es tu primera vez aquí.

-Sí, quizás sea eso–. Dijo la niña esperando algo más.

Si tú vas, yo tambiénDonde viven las historias. Descúbrelo ahora