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Estamos con la Magda en mi departamento tomando vino y arreglándonos para ir a una fiesta swingers. Fiesta que va a organizar el amigo de un publicista que conoce la Magda, que es editor literario. Y me pongo a pensar si lo que estamos haciendo sólo cabe en la mente de las personas que tienen ciertas tendencias, o ciertas profesiones. ¿Habrá algún médico, abogado, ingeniero que vaya a ir a la fiesta? Con la Magda llegamos a la conclusión que lo más probable es que sí. Ella es periodista. Y que uno sea abogado no significa que no tenga la mente abierta. En realidad tampoco pasa por tendencias, debe ser gente como nosotros, que no sabe lo que quiere y está dispuesta a experimentar. Y eso es sinónimo de inmadurez, no de tendencias de ningún tipo.

No sabemos que ropa ponernos, ninguno de los dos nunca ha ido a una fiestas de éstas. La gracia de esta fiesta es que nadie está obligado a querer cambiar parejas, sólo si las cosas se dan. La Magda me amenaza con abandonarme si me pongo a consumir drogas. Y le explico que lo más probable es que esté lleno de drogas, porque la gente que las consume es gente que le gusta experimentar. Pero hay momentos para experimentar con las cosas: nadie puede consumir marihuana después de los veinte años, así como nadie puede consumir cocaína después de los treinta. Yo ya dejé las drogas.

Le digo a la Magda que para engañar a los demás, al menos nos vamos a tener que besar, que deberíamos practicar para que nadie se de cuenta que es primera vez que lo hacemos. Ella me pide que vayamos por partes, primero elijamos la ropa.

Ella elige unos corsarios de jeans y enchulados, con el top que compró aquel día que elegimos ropa para su frustrada salida, y sobre esto, una chaqueta de mezclilla a la moda, con cierres y algunos bordados. ¡Se ve bien! Yo opto por unos jeans con una camisa negra que me compré para alguna ocasión especial. ¡Nos vemos bien! Seguimos tomando vino mientras la Magda se maquilla, le digo que antes que se ponga el labial probemos lo de los besos porque no me gusta el sabor de los labiales. Ella me mira insegura. La trato de calmar:

- Un beso no significa nada.

- Para ti no significará nada.

- ¿A cuántos hombres has besado?

Me encanta hacer esa pregunta, creo que la gente debería andar con un letrero donde indicara el número de amantes que ha tenido. La Magda piensa un rato como contando y me dice que perdió la cuenta y no se acuerda de todos. Con eso me demuestra que para ella no tienen nada de importante los besos.

- Pero sin lengua.

- Es un beso de teleserie- le digo.

Nos acercamos con torpeza, como esperando a que el otro tome la iniciativa. Y nos besamos con ternura y afecto, como lo harían dos amigos. Nuestros labios se acarician sin estar muy húmedos y eso hace que el roce sea más intenso y torpe. Ninguno de los dos se atreve a detenerse, un poco por miedo, después tienes que mirar a la otra persona y no puedes ocultar si sentiste algo. Yo lo estoy sintiendo, su boca es suave y tibia, acogedora, ella se moja los labios y sigue besándome, y siento que hizo trampa. Se supone que no podemos intercambiar saliva, eso ya es demasiado íntimo. Pero no se lo puedo decir porque me gustó, quiero besarla de verdad pero no me atrevo, no puedo traicionar nuestra amistad por un impulso. El celular nos interrumpe. No pudo haber sido mejor, no es necesario que nos miremos, que hablemos o que demos explicaciones. Ella contesta; su madre quiere saber cómo está, y ella le dice que bien, que está conmigo.

¿Le habrá dicho que estaba bien porque le gustó el beso, porque se siente bien conmigo, o sólo lo dijo para no preocupar a su madre y tener que explicarle que yo estaba a punto de llevarla a un antro donde la gente intercambia parejas? Le dice que vamos a ir a una fiesta de unos amigos míos, cuando en realidad la única persona que conocemos es su contacto publicista. Se me olvidó contar algo: está prohibido intercambiar parejas con la persona que te invitó a la fiesta, me parece lógico, para evitar maquinaciones raras como la que hizo la amiga de la Josefa. ¿Qué será de ella? ¿Habrá vuelto con su ex? En realidad no me importa. Magdalena cuelga y me dice que nos vayamos. Le sugiero que se pinte los labios mientras me termino el vino.

El Amor en tiempos del "Like"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora