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Ser responsable, dormirme temprano, y no causar problemas. Esas fueron las únicas tres cosas que mi madre me pidió al comenzar el año escolar. Y ya había roto las dos primeras desde hace meses. Un enorme bostezo salió de mis labios que inmediatamente intenté disimular, mostrar un indicio de fastidio en la clase del profesor Blake no era una muy buena idea.
Necesito dormir.
Es todo en lo que puedo pensar mientras mi clase de Historia avanza en lo que me parecía cámara lenta. Mis párpados se sentían pesados como el plomo y hacía todo el esfuerzo de no desfallecer del cansancio sobre mi pupitre. El silencio notorio y el suave sonido del marcador rayando la pizarra no ayudaba mucho con mi estado actual. No me podía permitir quedarme dormido, el profesor Blake ya me odiaba lo suficiente como para añadir otra cosa a su lista de faltas que he tenido en su clase.
Aunque lo intenté, mis débiles fuerzas cedieron y recosté mi cabeza sobre mi mesa, con la pobre intención de reparar todas las horas que perdí en la madrugada viendoMr. Robot. A pesar de que a las tres de la madrugada parecía una genial idea ver toda una temporada, me arrepentía por las consecuencias que podía ocasionar.
Y todo acto siempre tiene consecuencias.
―¡Señor Julliard! ―Un grito me hace volver a la realidad, haciendo que levante de golpe la cabeza. El profesor me miraba enojado y mis compañeros fijaron sus ojos curiosos sobre mí―. Supongo que mientras dormía meditaba sobre la vida de Colón y sus famosos viajes, ¿no?
―N-No, señor Blake. ―Negué rotundamente con la cabeza mientras mis mejillas se sonrojaban en su totalidad. Escuché las risitas de mis compañeros mientras esperaban el espectáculo que montaría el señor Blake en meros segundos. No podía juzgarlos, tampoco. Por más triste que suene, las desgracias ajenas siempre serán graciosas bajos nuestros ojos críticos.
―Bien, Hilbert, como prestaste mucha atención a lo que le comentaba a tus compañeros mientras tomabas la siesta, ¿podrías decirme en qué año fue que murió Colón debido al ataque cardíaco, consecuencia de su síndrome de Reiter?
Mi mente se trabó por completo y un silencio dominó la sala, mientras que los fríos ojos de Blake me atravesaban como estacas esperando mi respuesta. Sentí como mi joven vida pasaba frente a mis ojos, desde mis primeros recuerdos hasta llegar al salón, ahora mismo, con diecisiete años y apunto de hacerme en los pantalones. Adorable.
Yo sabía la respuesta, la habíamos visto la clase pasada y estaba anotada en mi cuaderno. Pero un simple movimiento en falso y podría considerarme reprobado en todo el semestre de Historia. La presión por la que estaba pasando bloqueaba mi mente y no me dejaba pensar con mucha claridad; además de la vergüenza que estaba pasando ahora mismo.
Si tan solo escuchara a mamá cada vez que me dice que duerma temprano...
―En el año 1506, señor. Dos años después de su último viaje.