El sonido de llamada del celular me había despertado y marcaba las 9:08 de la mañana. La cuarta llamada perdida de Rocío con dos más de mi mamá.
— ¿Cómo anda la cumpleañera? —dijo mientras mi oído era aturdido.
— Fascinante — se mezcló con un bostezo
— Escucha, viste que ayer te mande un mensaje que iba con vos a la mañana. Bueno no sé si viste que tu mamá te llamó y como no atendiste me pidió que te dijera que vayas a su casa en la mañana que te necesitaba, o háblale. Así que si no te molesta nos vemos directamente a la noche.
— Recién me acabo de despertar, en un rato la llamo. Bueno no pasa nada. ¿Me vas a decir a dónde vamos? ¿Por lo menos así sé que me pongo? —Dije mientras me moría por saber a dónde me llevarían.
— Es una sorpresa y creo que ropa cómoda basta. Adiós.
Luego que mi mamá me pasara a buscar y nos fuéramos a una cafetería a desayunar. Tomamos rumbo a su casa. Prefería que sea al revés, pero insistió que así estaría más despierta y comenzaría bien la mañana, lo que me parecía que de ambas maneras era igual. Al llegar pasamos y directamente me senté en el comedor, mientras ella iba a buscar algo.
Cuando llego nuevamente me extendió su regalo que consistía en un cuadro, con fotos mía de pequeña y una cadenita con mi nombre. Rápido la abrace y lágrimas brotaron de mí, era fascinante y estaba encantada, era como si todo mis mejores momentos están reflejados ahí.
— ¿Te quedas a comer? Así te preparo algo para vos.
— No gracias, no tenes que hacer mucho esfuerzo. Tengo algo de lo que quedo ayer —dije sonriendo.
— Bueno déjame llevarte por lo menos.
[...]
Deje el cuadro sobre unos de los sillones, así me iba a cambiar y luego buscar algún lugar para poderlo colgar. Estaba segura que había dejado la puerta abierta de la habitación ya que esta se encontraba cerrada, pero a lo mejor mi memoria me engañaba.
Apenas entre Rocío se abalanzó sobre mí, gritándome feliz cumpleaños. Estaba emocionada, la habitación se encontraba con miles de fotos juntas dependiendo de un hilo flotando sobre mi cama y unos globos con el número 18.
No sabía que decir, no tenía palabras, realmente era hermoso. Tal vez mi cara hablaba por ellas. Y estaba decidida que mi mamá tuvo que ver con algo de su preparación. Y quería con todo lo que podía a Rocío y si me dan por pedir un deseo, lo único que con certeza pediría jamás perder esta amistad.
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Recuerdos del viento
Short StorySoy Génesis, en realidad todos dicen eso. La verdad es que no recuerdo nada desde aquella noche. Es como que todo los recuerdos desde hace 17 años se perdieran por el viento, excepto uno, el que preferiría olvidar. Porque hay recuerdos que te abraza...