"No hay felicidad o infelicidad en este mundo; solo hay comparación de un estado con otro. Solo un hombre que ha sentido la máxima desesperación es capaz de sentir la máxima felicidad. Es necesario haber deseado morir para saber lo bueno que es vivir." -El conde de Monte Cristo de Alexandre Dumas.
Valentina:
Ni siquiera sabía lo que estaba haciendo en esto momentos, poniendo mis cosas en cajas mientras esperaba a que Natasha pasara por mí. No estaba segura de que mi decisión fuera la correcta pero, cuando discutí con mi madre ayer en la noche me di cuenta de que era un caso perdido.
Mi corazón latía rápido, ya no iba a vivir con mi madre, pensamientos horribles llenaban mi mente creando escenarios sobre lo que le iba a hacer Robert a mi madre cuando se enterara de que no estaba allí. Solo espero que en una de sus malditas golpizas la enviara al hospital. Otra vez.
Porque entonces iba a hacer incapaz de soportar la conciencia, pero tampoco estaba dispuesta a vivir una vida llena de temor. Eso no es vida.
Meto el despertador en una de las cajas y me siento en la cama a observar, por última vez, la habitación estaba muy demacrada. Era pequeña y la pintura estaba hecha un desastre por culpa de los años, la puerta está rota. Me negué a arreglarla cuando por quinta vez en el mes Robert la había roto debido a sus golpes brutos. No podía dejar de observar mi refugio por tantos años.
Mire la hora en mi celular, ya Natasha estará por llegar.
Cuando Natasha le dijo su plan a sus padres la apoyaron completamente , sabían por lo que yo pasaba y no les molestaba que viviera en el apartamento de Natasha, sus padres eran tremendamente ricos y humildes, lo cual me agradaba, Natasha era casi un milagro ya que su madre no podía tener hijos por un accidente a los dieciséis años, aunque tenía un hermano pequeño el cual había sido adoptado cuando tan solo era un bebe, Nathan tenía seis años, tenía piel un tanto morena y unos grandes ojos mieles que resaltaban ante su cabello castaño claro. La verdad era que era bastante mono.
Mi madre no sabía dónde vivía Natasha, debido a que sus padres se habían mudado hace poco tiempo. Natasha y sus padres vivían juntos pero su padre decidió que debía independizarse así que le compro un apartamento en una torre que quedaba a minutos de la universidad y ellos al igual que ella se mudaron en una casa que estuviera un poco más cerca de la escuela de Nathan, no muy lejos de donde vivía Natasha, por lo tanto, si mi madre trataba de encontrarme ( que lo dudaba) no lo haría, mi madre nunca se había preocupado mucho por mi desde que se había casado con Robert, ella nunca estaba en casa y si estaba yo no era precisamente su centro de atención. Triste pero cierto.
Mi celular suena sacándome de forma repentina de mis pensamientos, era Natasha. Conteste casi al instante.
-Estoy abajo, ¿puedo subir?
-Claro.
Y colgó el teléfono.
Unos segundos después el timbre sonó y fui a abrir la puerta, Natasha estaba parada con una sonrisa deslumbrante y unos ojos que gritaban "Lo siento" no podían entender a que se debía su mirada hasta que mire detrás de ella y unos magníficos ojos azules me devolvieron la mirada.
Joder esto iba a ser incómodo.
Le di una mirada de "Luego hablaremos de esto" y ella se disculpó con una sonrisa. Maldita.
Luego de un momento del incómodo intercambio de miradas me di cuenta que estaba en medio de la entrada sin dejarles pasar, pero no fue eso lo que me saco de mis pensamientos.
-Bueno, ¿Nos vas a dejar pasar o qué?- ¿No podía ser simplemente un poco agradable? Joder que pesado.
-Sí. Lo siento.- Me sonroje ante la atenta mirada de Nat en mi, y luego cuando convirtió sus ojos en dos diminutas rendijas sabía que hablaríamos de esto luego.
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Dark Heart
Teen FictionSinopsis: Sus ojos eran como dos ventanas al mismo infierno, aunque a veces siento que estoy en el cielo cuando veo hacia ellos.