"Alguna vez te haz despertado mientras duermes placidamente y sientes que te observan, escuchas pasos, garras, crujidos u otras cosas, pero en sus alrededores no hay una causante de esto o eso creen tu ojos pero... ¿Realmente no hay nadie?. "
Ella se llamaba Micaela sus ojos eran color miel tenían un brillo y una mini-maldad realmente encantadora, su cabello castaño era tan liso como el filo de un cuchillo, sus labios rojos carmesí o rojos sangre deberia decir.
Vivia en un partamento pequeño en una solitaria casa de 5 pisos, con su madre y su abuela.
Estaba ya oscuro, silencioso y aquella muchacha tan ensimismada en taciturnos pensamientos y tareas cotideanas para ella, no había notado la llegada de la medía noche.
Pasaria esa noche sola, su abuela y su madre estarian fuera de casa. Su madre tenía trabajo en la noche y su abuela saldría a pasar en casa de una tía.
Su casa quedaba algo lejana de aquel paradero de buses que en lugar de eso parecia un magnifico aeropuerto. Era un lugar tranquilo y calmado, donde Micaela disfrutaba de contemplar la luna y las estrellas cada noche.
Esa noche no sería la excepción y aunque tenía miedo de ir sola hasta el ultimo piso de la casa, donde se podía contemplar mejor el cielo, se animo y subió.
Micaela dejo cerrando toda puerta y apagando cada luz y cosas inecesarias, odiaba que se desperdiciaran los recursos vitales, subió con la fiel compania de su mascota y se quedo observando en cielo.
Era realmente hermoso, pero en un instante, ella noto que la luna se teñia de rojo y con el sueño que traia encima, creyo que solo era cansancio, froto sus ojos y regreo a ver la luna llena de nuevo, en esta ocasion era completamete normal.
Despues de unos minutos de esto, se escucho un gran ruido abajo en el apartamento similar a cuando una ventana se rompe, penso que quizas eran ladrones.
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