XV. Unos golpes y un ritual.

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Si piensas que tu vida es mala, que tus padre, amigos, novio, que todos son unos pesados, que nadie te entiende, que todo empeora más y más; JÁ, olvidalo.
Pasa el borrador y escribe: ESTO NO ES NADA, PODRIA SER PEOR. TODO MEJORARÁ Y BLA...

Dicen que funciona, dicen...

Yo lo he escrito 345 veces. Contadas.
Aquí sigo, en la parte de que todo empeora más y más. Creo que mi lápiz o tal vez mi borrador no funcionan, o yo no lo hago.

Creo que lo que me queda es huir, quizás lejos me libre del Encantador, de mi madre, mi madrastray padre recién casado, y mi mala suerte letal.

Seeh, quizás.

Terminando mi habitual horario de trabajo y brutales divagues, caminé a la salida, exhausta por ser un día demasiado duro.
Me despedí de Andrea, coloqué mis auriculares y comencé mi triste caminata —sí, mi auto otra vez se rompió—.

Poco iba atendiendo a la música, mucho menos al camino, sólo pensaba en el posible escape.
Quizás la India sea un buen país, o Egipto. Algún país totalmente exótico, menos China, no quiero comer gatos ni ratas ni ocho cuartos.

La tranquilidad se fue a la otra galaxia, el chico alto y bonito, que una vez vi vestido de mozo estaba parado a unas tres cuadras de mi edificio, ¿el motivo? Sólo él lo sabrá, pero poco me interesa.
A lo mejor, si agacho bastante la cabeza no me vea.

Sí, soñar no cuesta nada, parece.

A medida que más me acercó, mas agachó la cabeza, un poco de nervios se apoderan de mi, pero cuando paso por su lado pasa de mi.
Me sorprendo y subo un poco la cabeza, enseguida bajo de nuevo y sigo.

Sí, sí, Goldie: 1,  él: 0.

 —¿En serio crees que no te vi? —dice su chillona voz tan odiosa.

—Sí. Prefiero pensar eso —digo y sigo.

—Pero te vi, y estoy aquí contigo —dice siguiéndome el paso.

—Qué castigo —digo descortés.

—¿Por qué me odias tanto? —pregunta.

Ambos frenamos enfrente a la puerta del edificio, me detengo, lo miro y pienso, ¿por qué lo odio? Ah, sí, creo que por su causa se me harán un montón de problemas y sufriré, no sé es una intuición.

—Mm, si otro día tengo la mala fortuna de encontrarte, te respondo, ahora adiosito —hago un ademán, muevo finamente el cabello y entro.

La noche es tan silenciosa que mis zapatos repican en cada escalón, pocos escalones atrás se sienten otros zapatos. Paro y espero que me alcance.

Respira Goldie, no puedes tirarle escaleras abajo, 1-porque te transformaras en una homicida, condenada a como mínimo unos 20 años de prisión; 2-lo más seguro es que caigas tú también y quedes inmovilizada de por vida y presa también. 

Ambas tienen mala pinta.

—¿Vives por aquí ahora? —ironizo.

—No, pero pronto, mi futura chica-alumna-digo, vive aquí y bueno, estaré muchas veces por aquí —responde con desden.

—Pobre de ella... —respondo sin ánimos.

Mejor ignorarlo, tú puedes Gold.

Sigo subiendo hasta llegar a mi puerta, abro, entró y él se opone cuando intento cerrar.

—Por los cielos, veo que no entiendes el NO —enfatiso la última palabra— así qué dije qué mierda quieres y vete. Mi cama me espera.

—Solo quiero ayudarte, quiero tu bien —dice, con su sonrisa peculiar.

No lo pienso dos veces y me acerco, lentamente y le doy la bofetada que jamás di a nadie:
—Yo quiero que desaparezcas.

—Wow —dice tocando su mejilla—.. y  pensaba hacer tu ritual de iniciación —dice sacando una bolsa pequeña a la luz, ignorando lo que acababa de decir y hacer.

—¿Ahora eres hechicero? —digo parpleja.

¿No le alcanza con el golpe y mi desprecio? ¿Qué clase de idiota es?

—Sí, llámalo como quieras, nena —me guila un ojo.

—No me digas nena, ni huevadas.. —digo con una notable irritación.

—Ya si, gruñona, empecemos.

—Ni lo sue-ñes —digo con dificultad.

No me dejó terminar cuando me lanzó con arroz, trigo y monedas.

—O.. —escupo los restos de arroz y trigo que me quedaron en la lengua— ..uch.

—Sí quizás se me fue la mano —dice rascándose la nuca.

Mis ganasde matarlo aumentan. El humo que sale de mis ojeras se vera, incluso, desde la China.

—Calmate —me digo a mi misma e intento volver a entrar.

Claro que lo impidiria, si es idiota éste idiota.

—Espera, ¿no me diras ni gracias? Acabo de empaparte en buenas energías. Esto fue genial y lo genialísimo llega..— no le dejo acabar y le doy otra bofetada.

—Esa por el ritual del demonio, ¡violento!. Y.. —le doy una patada en sus parte nobles— eso para que te marches de una vez, ¡violento!. —grito, y cierro la puerta con fuerza.

Una vez dentro me siento en el piso, dejando correr mi espalda por la puerta.

—¿Violento? ¿me llamó VIOLENTO, a mi? Ella me dio dos bofetadas, me dejó estéril y encima me trata mal y ¿yo soy el violento? Mujeres..mujeres... —lo escucho refamfunear.

No puedo evitar echarme a reír, ¡Santas Salchichas!, tiene razón él quiere ayudar y yo le golpeo y encima es su culpa.

Pobre.. Quizás merezca una oportunidad. 

¿A DÓNDE VOLÓ MI SUERTE?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora