Capítulo 18

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 MARTES

El primero en levantarse fue Abraham, quien se encargó de despertar a Karen y Alan. Estando los tres activos, se dirigieron a la cocina a preparar el alimento para el camino, el duro camino que les deparaba La Zona. Karen se encargó de el agua, mientras que los muchachos guardaban la poca comida en las mochilas, era insuficiente, en el transcurso recogerían alguna que otra cosa que consideraran comestible.

Nadie hablaba, todos sabían muy bien la razón de su silencio; por una parte los muchachos se alegraban de salir por fin de ese repugnante lugar, pero por la otra... Karen temía que a Isaac le sucediera algo mientras ellos se iban y aunque estaría en buenas manos, las de Silvia, aún así no paraba de pensar en que le sucediera algo. Abraham también se preocupaba mucho por su hermano, sin embargo lo que tenía en la cabeza en ese momento era el plan de Iván: si algo no funcionaba ¿Qué harían? Y Alan, se podría decir que él era el más relajado de los tres, mas después de tantos años viviendo en el sufrimiento y continua lucha de La Zona, temía salir por fin de ésta, extraño ¿No?

- ¿Ya están listos?- una voz los sacó de sus pensamientos.

- Lo estaremos en unos minutos, Fer- aseguró Alan con desgana y Fer lo notó, no obstante no quiso preguntar nada, él también poseía un sentimiento extraño que ni él mismo podría explicar: ¿temor? ¿Libertad? ¿Angustia? Sí, quizás un poco de cada uno.

- Perfecto, ¿ayudamos en algo?

- Por el momento estamos bien, gracias. ¿Ya empacaron las cosas que les tocaban?- preguntó Alan cambiando el tono de su voz.

- En eso están. Silvia está revisando a Isaac- señaló.

- ¿Crees que pueda mirar?- preguntó Karen, quien hasta el momento solo escuchaba.

- No veo por qué no- fue la respuesta de Fer.

En la Sala de Curación yacía Isaac recostado en el sofá deshilachado, al parecer con una nueva aguja sobre el antebrazo que seguramente Silvia la acababa de cambiar. También se aseguraba de que la aguja estuviese bien sujeta y colocó un parche sobre ésta para que no se saliera. La sangre bajaba de una bolsa por un tubito hasta entrar en su organismo mediante la aguja, justo como lo había visto el día anterior; ¡escalofríos!, Karen nunca habría podido ser doctora o enfermera, eso no era lo suyo.

En cuanto Isaac se percató de la presencia de Karen se le dibujó media sonrisa. Sin duda ya se estaba recuperando. Era muy pronto para asegurarlo sin embargo, a Karen hasta le pareció verlo menos pálido y con más ganas. Más vivo. Ella le regresó el gesto después de mirarlo a los ojos, sus ojos castaños claro...

- Parece que ya podré correr como antes- indicó irónico él.

- Oh, si. No sabes. Creo que incluso podrías escalar una montaña- ella le siguió el juego.

- No sean tan apresurados- les replicó Silvia colocándole otro parche en el antebrazo de Isaac-. Ya quisieras correr y enfrentarte a las criaturas de La Zona ¿Ah? Más te vale quedarte con las ganas porque no lo harás. Ni hoy ni dentro de mucho tiempo.

- Uhm, que mal –. Repuso Isaac cruzándose de brazos, cosa que hubiera preferido no intentar, pues al momento sintió una punzada en el brazo izquierdo. La aguja.

- ¡Lo ves, tu mismo te haces daño!- alegó Silvia revisando el parche nuevamente.

- ¡Ay, me duele!

- Pues no dejas de moverte. Si te estas quieto te aseguro que no dolería.

- Ya me siento mucho mejor. En serio. Creo que hasta puedo caminar, no hay necesidad de tanto alboroto.

- ¿Perdona? ¿Eres doctor? No. Aquí quien decide cundo podrás caminar soy yo –. Señaló Silvia burlona- iré a tirar esto- mencionó refiriéndose a las envolturas de los parches. En cuanto hubo dejado la Sala de Curación Isaac le indicó a Karen que se acercara y ella lo hizo.

- Quiero que me hagas un favor- le susurró mirándola a los ojos.

- Claro -. Karen estaba intrigada- ¿Qué clase de favor?

- Necesito que me prometas que vas a cuidar a Ana. Hablé con ella ayer y dijo que si no encuentran una forma de salir de aquí, si por alguna razón no funciona la motocicleta, ella esperará conmigo- "No me iré de La Zona si tú no vienes conmigo" era la frase exacta que Ana sostuvo. Y antes de quedarse dormido, fue lo último en lo que pensó Isaac.

- Oh, ya veo. Ella te tiene mucho cariño...

- Es muy terca. Estoy seguro que si no se la llevan por la fuerza cumplirá con su palabra.

- Lo que quieres entonces, es que me la lleve y no le pierda de vista.

- Exacto. ¿Lo harías?

- ¿Será sencillo o difícil?

- No lo sé. Cuando se propone algo, bueno ella...

- ¿A quién se parecerá?- soltó Karen haciendo reír a Isaac.

- ¡Eso lo sacó de Abraham!- se defendió él.

- ¡Ay, si! Como vivió con él nueve años...

- Bueno, bueno. Lo admito. Mis padres tuvieron la culpa de todo.

- ¿Tus padres? Anda ya.

Ambos comenzaron a reír, si bien necesitaban olvidarse por un momento de la realidad y qué mejor que riendo y gozando de buena compañía. Aunque, por desgracia, todo los buenos momentos tienen que acabar ¿no? Este no fue la excepción.

- ¡Karen!- la llamó Abraham desde la cocina.

- Cuídate, Isaac -. Se despidió.

- Y ustedes -. Fue lo último que Karen escuchó de Isaac antes de que salieran y emprendieran el nuevo viaje. El escape esperado. La salida. El adiós a La Zona y el hola a un lugar desconocido.

Justo como planearon, el sol apenas se asomaba por las colinas cuando los sobrevivientes se volvieron a separar. Se despidieron, no acordaron verse en ningún lugar en específico. Cada grupo tomó su camino esperando volver a verse.

Fernando e Iván corrieron hacia el Suroeste, mientras que el resto se dirigió al lado Sur. Silvia observó cómo se separaban, entró en el refugio con Isaac y se sentó a su lado. Comenzaba la cuenta regresiva: 67 horas. Tenían 67 horas ahora.


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Gracias por leer.


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