Piensa en positivo mujer, piensa positivo.
Después de que mi madre anunciara su desaparición de mi casa, tomara sus cosas y se marchara, casi me desmayo, literal.
No dudé un segundo en echar fuera al encantador -después de agradecerle una y otra vez, claro, aunque él no entendía qué diablos me pasaba-, me monté una mini-fiesta-privada. Claro que no podía dejar sin celebrar tal notición.
Un día después, a pesar de dormir poco por mi estúpida desvelada, me levanté con el mejor ánimo de los mejores.
Levantándome con el pie derecho -típico rital- para luego tomar un buen baño y un nutritivo y delicioso desayuno, una vez acabada y como dice "pansa llena, corazón contento" llamé a mi querida amiga -o la niñera de mi madre- y le agradecí.
Una persona que hace algo así se merece un lugar en en cielo, con millones de beneficios.
Luego de alistarme, salí caminando muy tranquila a mi trabajo. Saludando cordialmente a cada vieja que me cruzaba y regalando sonrisas de aquí para allá.
-Buenos días jefecita y Andre -saludé a las dos mujer que hablaban de no sé qué, ambas fruncieron el ceño.
-¿Estás drogada? -preguntó Andrea, frunciendo exageradamente en ceño.
-¿Qué? ¿Una no puede estar feliz? -dije con una sonrisa clavada aun.
-Esto es extraño pero poco me interesa, ambas muevan sus nalgas y trabajen -indicó la patrona y obedecí.
Todo el día me pasé igual, sonriéndole a cada cliente, recibiendo buenas propinas y estando cada vez más contenta.
Uno y mas bufidos salían de Andrea, refunfuñando que me prefería gruñona.Vaya, quién entiende a esta gente.
Volví a casa con la misma sonrisa, dando saltitos por la calle y saludando a cada sombra que veía.
Incluso, saludé de muy buena forma a la sombra que ya era común en la puerta de mi edificio.Exagerada, sólo van tres días que le ves.
Como sea...
-Hola Emilio -saludo sonriente-, ¿vienes por mí o tu viejecita?
-oh -dice con la mandibula desencajada, con una mezcla entre horror y felicida, muy raro-, ¿me saludaste a mí, A MÍ?, ¿hiciste un chiste? ¿estás..eres..tú? -dramatiza incrédulo.
-sí es por mi pasa, sino quedate ahí, y sí soy yo, ¡diablos! -digo con cierto fastidio.
¿A caso siempre soy una GRUÑONA?
-Sí, eres tú efectivamente -dice él, pareciendo que le da la razón a mi pensamiento.
Prefiero obviar su comentario y comienzo a subir en su compañía, una vez arriba entra y le ofrezco algo que beber.
-¿A qué venias? -pregunto mientras termino de servir el café.
-Por tu entrenamiento, ¿o ya desististe? -arquea una ceja.
-Oh no, sólo qué no pensé que fuera tan pronto... -digo nerviosamente.
Yo creo que sólo con su compañía ya es suficiente, su estúpido trasero es como el amuleto de buena suerte.
-No estaré hasta el lunes, así que quería darte una lección antes... -responde.
-Oh, que considerado -ironizo.
Blanquea los ojos y se para, va a las sala y busca algo en su moral.
-¿Tienes miedos, Goldie? -pregunta.-Claro, todos los tenemos, supongo -respondo de inmediato.
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¿A DÓNDE VOLÓ MI SUERTE?
Humor¿Cómo debería empezar? A sí, tal vez con mi nombre.. Soy Goldie, un nombre raro y -según yo- el causante de todas mis desgracias. Cada paso que doy trae consigo una montaña de cosas malas, como si yo tuviera un imán gigante a la mala suerte. ¿Si...