Con solo un par de días de anticipación para la mencionada fiesta, la invitación fue entregada en la mansión de los Sho justo después de asegurarse que Kay se encontraba fuera del país. Y que ella se hallaba sola en la residencia.
La invitación rotulaba el nombre de la joven llevando una nota especial escrita por el sirviente del Emir donde solicitaba expresamente la presencia de la doncella en el evento vistiendo algún disfraz del gusto de la dama y se disculpaba grandemente por la demora en la entrega de la misiva.
Eminencias, políticos, empresarios, estrellas de cine, cantantes y todas las figuras de renombre se encontrarían en la fiesta disfrazados de distintos personajes.
Asako no desperdiciaría la oportunidad de disfrutar la fiesta sin el constante acoso de su prometido que no la dejaba respirar con tranquilidad ni un solo minuto. Esa noche ella buscaba diversión. Quizá encontrar algún amante nuevo. Le gustaba llevar la contra y más si era contra Vlastov.
Opto por un traje sacado de una vieja serie de televisión. Mi bella genio. Un traje simple pero ella sabía bien como transformar lo simple en atrevido. Una pantaleta amplia con los costados abiertos desde la cadera hasta los tobillos dejaría mucha piel a la vista a cada paso. La blusa pegada a su cuerpo parecía parte de su piel junto a un diminuto chaleco que intentaba en vago esfuerzo cubrir su prominente busto cuyo escote era tan visible que todo hombre perdería el habla al admirarlos. Y como era infaltable para encarnar el personaje un peluquín dorado cubría su cabello cambiando por completo su aspecto. Si se cubría la nariz con la pañoleta correspondiente, y encima se tapaba los ojos con la máscara de encaje era imposible que supieras a quien tenías delante.
Nadie la reconocería.
La noche era suya.
—Bien dice el refrán —se dijo mirándose al espejo mientras se llenaba de joyas — Cuando el león no está en la cueva, los cachorros hacen fiesta. —Y dándose una última mirada frente al espejo sonrió ante su imagen — ¡Que comience la diversión!
Como anfitrión de la fiesta el Emir no podía quedar atrás. Siempre conocido por su extravagancia, le encantaba dar de que hablar en las revistas. Y esta noche como nunca se luciría. Tenía la dicha de la anhelada compañía y aunque sean simples negocios, lo aprovecharía.
Su nada recatado traje como el faraón de Egipto dejó a más de uno mudo por la impresión. Llevaba por vestimenta un faldón blanco típico de los egipcios en aquellas épocas, el torso completamente descubierto, una pulcra capa en color blanco colgaba de un enorme collar hecho con joyas del más alto valor. Para adornar su cabeza el Emir mando fabricar específicamente para la ocasión una corona en oro de dieciocho quilates tal como lo llevaba la realeza en la antigüedad.
Sus brazos estaban adornados por brazaletes de oro puro, anillos de igual calidad. Todo en él denotaba gloria y poder.
— ¿Eso que lleva en la cabeza no es muy pesado majestad? —oyó una voz a su espalda.
El Emir giró levemente para notar de quien era la osada voz y reconoció inmediatamente a uno de los hermanos de la doncella a la cual pretendía.
Kato iba disfrazado como Poseidón, dios de los mares.
Su traje aún más simple que el del príncipe. Constaba de botas verde marino, pantalones anchos verde agua y un fajín perla que aprisionaba su cintura dejando todo el pecho al descubierto. Su hermana había insistido en que llevara una corona sencilla hecha de ostras que ella misma fabricó noche anterior y un tridente tomada de la colección de la misma.
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El despertar del Dragón
Teen FictionSegunda parte del libro "Enamorándose del demonio" Muchas verdades no han sido dichas, muchas historias no escuchadas. Ha llegado el tiempo de conocer la verdad, de saber quienes son en realidad, y de aceptarse o negarse. De odiarse... o amarse. K...