No solo sigue el terror sino que también sigue la muerte, esas palabras las pronunció alguien con una voz hermética y como salida de alguna recóndita y oscura guarida del infierno. Scarlet observó a lado y lado, pero no había nadie. Lo único que había en aquel lugar además de ella y algunos implementos de lucha, era un grupo de unos treinta maniquís de color azul aguamarina. Ella pensó que el haberse enterado de la muerte de su amado Marcel la había desorientado, la había hecho perder el firme asidero de la razón. No hacía más de diez minutos que le habían dado la noticia y quizás el impacto en su interior fue tan fuerte que ella ya estaba imaginando cosas. De repente, le pareció que algunos maniquís se movieron, que habían cambiado de postura. Algo no estaba bien, algo se retorcía dentro de la lívida verticalidad de una mirada sombría, y Scarlet, por alguna razón que ella no lograba explicarse, lo intuía desde lo más profundo de su propio ser ella. Sabía que algo la acechaba. Algo que no pertenecía para nada a aquella realidad. El silencio era denso, tan denso como todo el horror que una mente consciente es capaz de presentir en un futuro oscuro e incierto. Aquella chica comenzó a temblar por dentro. Alguien la observaba pero ella no podía observar a quien fuera que la observara.
De un momento a otro ella se colocó en postura defensiva y desenvainó su poderosa espada, la misma espada de la que se ha valido para matar a una gran cantidad de personas. Un sudor frío, entretanto, comenzó a invadir su frente. Ella llegó a pensar que quizás las almas de las personas que había rebanado hasta la saciedad habían vuelto del más allá para atormentarla hasta la muerte. Almas que, en medio de sus tinieblas, de su andar en pena, andarían sedientas de su esencia humana y asesina. Los segundos pasaban y Scarlet Amalia Monsiváis no se movía. Ella sabía que en cualquier momento sucederá algo. En cualquier momento se desataría aquel mal lúgubre e infernal que deseaba empezar un infausto epílogo de expiación, la máxima edificación del sinsentido de lo irreal. Ella observaba los maniquís mientras presentía en ellos un ansia asesina y macabra, un ansia que ella conocía, desde luego, mucho mejor que cualquier otra cosa. Un ansia que en esos momentos se volvía en su contra y la atacaba desde sus estructuras psicológicas más firmes, las cuales poco a poco se iban desplomando sobre un manto raído y de espeluznantes dobleces entre la brisa. Scarlet, atenta a cualquier peligro, no pestañeaba, de ahí que no fuera nada raro que gran parte de su espíritu se derrumbara justo cuando vio que uno de los maniquís que tenía ante sí empezó a moverse y a dirigirse hacia ella poco a poco. Aquel maniquí quería matarla. Quería atormentar su alma manchada con mortales pecados de sangre y luego sí darle fin a su joven cuerpo femenino.
La oscuridad era densa. Tan densa y misteriosa como el alma renegada que llevaba por dentro. Tan densa como todo el horror que una mente consciente es capaz de presentir en un futuro oscuro e incierto. Él, es decir, aquel hombre, comenzó a recobrar poco a poco la consciencia, el sentido de la realidad. Poco a poco fue adivinando formas en la oscuridad. No sabía dónde estaba ni recordaba muy bien nada. Intentó hacer memoria y el recuerdo más reciente que se presentó al complejo tejemaneje de señales nerviosas de su mente, fue que su chófer le había entregado una carta que, al parecer, avisaba de una bomba. Luego de ello no recordaba absolutamente nada. En esos instantes todo se escureció de repente. Pero no había tiempo de pensar en ello, tenía que tratar de descubrir dónde se encontraba. Y así, entre las formas que él logró identificar con unos ojos que recién volvían a la realidad, y en medio de una oscuridad algo leve, observó una mesa sobre la cual había algunas tijeras, varios tipos de cuchillos, jeringas, unos alicates, algunas sierras, un machete y un libro. Luego optó por mirar al frente y observó la imagen de un tipo con un delantal de carnicero y una tétrica máscara de sadomasoquismo. El tipo le habló.
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De las inercias de la piel a un mar de constelaciones
General FictionUna hermosa chica que despierta totalmente desnuda en una oscura y lúgubre habitación sin saber a ciencia cierta por qué está allí, y una niña misteriosa que no es muy dada a hablar con las personas y que guarda un pérfido y oscuro secreto, se perca...