Las distintas ventanas de aquellos altísimos y descomunales edificios de la ciudad permanecían ligeramente empapadas en rocío. Dichas ventanas parecían ser una vía indudable hacia la más lejana de las constelaciones posibles. Dichas ventanas empapadas parecían ser una vía inconfundible al deseo más intenso y más enigmático de esta vida mientras se encargaban de mostrar, a su vez, el mismísimo comienzo del fin de todos los tiempos. La visión que aquellas lustrosas pero empapadas ventanas dejaban entrever, era la de un mundo que se acababa, un mundo que perecía definitivamente dentro de sí mismo y dentro de su más diversa gama de perversiones. Y en una de aquellas ventanas, una realmente enorme, cabe decir, que permanecía abierta, un hombre con un rifle de francotirador se asomaba hacia la calle de abajo desde un noveno piso. Aún no se había abierto el Primer Sello del fin pero los segundos permanecían absolutamente fríos, eran un eco de vacío, un grito de horror y de espanto sin ruido alguno. Aún no se había manifestado la tragedia del fin en todo su esplendor, sin embargo, aquel hombre llamado Miguel Montalbán Maffla esperaba atento a que su presa apareciera para dispararle mientras que muy cerca de él otro tipo se dedicaba a tocar un arpa. Un arpa de la cual salía una música bastante melodiosa y tranquila. Una rapa cuya música era capaz de colocar a las almas en estado de trance.
—Deberías unírteme y ayudarme en esta guerra, Gabriel.
—No me digas Gabriel. Sabes que quiero ocultar ese nombre.
—¿Ves esa caravana de autos que se halla apostada frente aquel edificio?
—Sí, qué tienen de especial.
—Cada uno de esos automóviles oscuros de costosa marca lleva en sus maleteros los cadáveres de varias personas descuartizadas.
—¿Es una broma, Miguel? Es una caravana de más de treinta autos.
—No, no es una broma. Y lo peor de todo es que todos esos autos pertenecen a un mismo sujeto.
De repente, el arpa dejó de sonar. El aire dejó de ser tan lívido como había sido hasta el momento.
En el ya mencionado edificio de enfrente, entretanto, un grupo de hombres conformado por lo que parecía ser en su mayoría escoltas muy bien armados, se dirigía, mientras caminaban por el lobby, hacia la salida del mismo. Uno de dichos hombres, el que lucía de mayor rango y quien parecía ser la persona en concreto a la que escoltaban aquellos tipos, llevaba un hacha sobre uno de sus hombros y una lujosa pipa de madera en la boca. A su lado, iba un hombre en extremo misterioso con sus manos y pies esposadas y con una máscara de hierro cubriéndole el rostro. Alrededor de dicho grupo de hombres, cabe decir, el aire exhalaba una densa amalgama de segundos y minutos que trascurrían bastante lentos y sumamente fríos. Pareciera como si alrededor de aquel misterioso y peligroso grupo que caminaba hacía la salida de aquel edificio, todas las almas quisieran suicidarse y olvidar sus más lejanos recuerdos. Como si quisieran devorar la oscuridad o ser devoradas por ella sin piedad alguna.
En la calle, entretanto, un vagabundo se encontraba sentado contra la pared de un edificio. Un perro algo famélico hacía, a su lado, las veces de fiel e inseparable compañero. Hacia las veces de amigo y confidente. Hacía las veces de un rayo de luz. El vagabundo, por su parte, recibía las monedas de quien pásese por allí y quisiera compartir algo de su poca o mucha riqueza monetaria con aquel hombre. En el lugar en el cual se encontraba Montalbán Maffla, el hombre que tocaba el arpa volvía a entonar con ella otra de sus melodías. Muy cerca de él, de aquel hermético hombre del arpa, y en el suelo de aquel noveno piso, una mujer desnuda y con ojos de luna llena se contraía en el suelo. Parecía poseída. Parecía estar en un extraño trance en el cual solo fluían los pétalos mismos del éxtasis. Ella, de hecho, parecía estar navegando las estrellas con su sensualidad a flor de piel. Parecía estar teniendo un orgasmo y al mismo tiempo parecía estar muriendo y resucitando una y otra vez.
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De las inercias de la piel a un mar de constelaciones
General FictionUna hermosa chica que despierta totalmente desnuda en una oscura y lúgubre habitación sin saber a ciencia cierta por qué está allí, y una niña misteriosa que no es muy dada a hablar con las personas y que guarda un pérfido y oscuro secreto, se perca...