XII

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A pesar del sudor que pegaba sus cabellos negros a su frente, el resto se elevaba por la fuerte brisa. Esperando el golpe final. El golpe que le arrebataría su vida inmortal. Vio como la blanca mano asesina se levantaba e iba en su dirección. Moriría de pie, atravesado por estacas de hielo, a manos de una diosa de hielo.

La mano del verdugo acuno el rostro de él, dejándolo sin aliento. Observo expectante el rostro de la Reina coronado por su cabellera blanca.

-No me equivoque contigo.- Dijo suavemente Sure.- fuiste un excelente amante.

Lo beso en la mejilla, suave y lento, procurando que quedara en el recuerdo de ambos. Damion sintió el cálido y dulce beso con los ojos abierto, como si una puñalada con plata caliente doliera menos. Hubiera preferido que lo matase de una vez. Esto era peor. Definitivamente la compasión era peor.

-Adiós, sanguijuela.- susurro ella.

Damion la vio alejarse lentamente y levantar la mano. Ese era su fin. Un ruido fuerte se escuchó. Un golpe. El olor a sangre y el polvo lleno el aire. Segundos fue lo que vastos antes de que Sure cayera al suelo. Damion pudo ver la escena con nitidez; cinco vampiros se lanzaron de las sombras con cadenas y espadas en la mano, excepto uno que traía un garrote. No eran del grupo del primer punto de encuentro, eran parte del grupo que habían atacado el centro de la ciudad,la distracción.

Sure estaba mareada en el suelo y no se pudo defender de las sangrientas manos que la sujetaban. El ataque sorpresa había resultado solo porque estaba distraída, y ahora lo iba a tener que pagar caro esa distracción. Su vestido fue rasgado por el cuello y los brazos, rápidamente el torbellino de manos la sujetaron. Damion estuvo confundido por un momento antes de entender cuál era las intenciones de los vampiros.

-No la maten.- Ordenó.

Pero los enloquecidos vampiros siguieron jugando con la Reina hasta hacerla sangrar. A Sure le habían tomado desprevenida inmovilizándola por completo. Pagaría caro ese error. Uno de ellos levanto la falda, pero se detuvo al escuchar el sonido de un espejo rompiéndose, el que sostenía la pierna de Sure fue elevado por lo aires, pataleando en vano para liberarse antes de que su cuello se partiera en dos con un horrible sonido. La cabeza rodó a los pies de Sure mientras que el cuerpo era lanzado en dirección contraria. Los otros ya se disponían a defenderse cuando la espada de plata brillo, trazando medias lunas por los cuerpo de tres de ellos. Cortes limpios y mortíferos. Los pedazos de vampiros cayeron uno por uno al suelo duro.

-¿Quién lo ha hecho?- Dijo el vampiro que se había quedado ciego en la batalla del centro de la ciudad al ser sorprendido por una nube de polvo de plata.

El ciego vampiro sintió que le traspasaban el pecho, y el ardor se hizo presente en todo su cuerpo.

-No me han escuchado.- Dijo Damion en respuesta.

-¿¡Tu...!?

Esta vez el vampiro había reconocido la voz dura de su líder, sin poder creerlo abrió los ciegos ojos por completo. Damion giro la espada aun clavada en el pecho de su colega ocasionando que la sangre saltara, salpicando la ropa y cayéndole unas cuantas gotas en el rostro. El vampiro se desplomo sobre sus rodillas mientras la espada fue retirada bruscamente.

Los preciosos ojos azules siguieron cada uno de los eventos anteriores, sin perderse de nada. Pero fue la última escena la que tuvo un real impacto en ella. Los cabellos negros sueltos de la cola bailando en el viento, el hermoso rostros sobrehumano de mármol cubierto de sangre haciendo resaltar aun más los ojos escarlata rodeados por las largas pestañas negras y enmarcados por gruesas cejas del mismo color, el manto negro agujerado por todas parte, la camisa blanca rasguñada y manchada de escarlata, y el hilo de humo que se desprendía de la mano derecha del vampiro al dejar caer la espada de plata.

El Juego entre la Sangre y la Nieve Donde viven las historias. Descúbrelo ahora