Corrí detrás de ella, la perdí en la multitud pero no pararía hasta encontrarla, nunca más. Me maldijeron multitud de veces en inglés; si, lo hice, la seguí hasta Inglaterra me dijo que no quería volver a verme, pero algo dentro de mí no paraba de recordarla era algo mágico y único, sólo un imbécil lo hubiese permitido.
Pasé al lado de una tienda de discos en vinilo, una nueva banda estaba haciendo revuelo en la multitud ¿Led qué? Me daba tentación de detenerme y ver de qué se trataba. Pero no lo hice.
Tras correr tanto tiempo buscándola, ubicando su angelical rostro entre las diversas mujeres británicas que habitaban, a lo lejos la divisé tenía la vista baja tomaba con fuerza su bolsa de mano y periódicamente pasaba su bufanda por sus lagrimales, era hermosa. Ya no me voy a detener, tan bella, la perdí varias veces jamás tuve el valor de hacerlo, ya no más, es la última vez moriremos lado a lado en la misma tumba o como líneas perpendiculares no nos volveremos a encontrar jamás. De la nada se detuvo en seco, como si estuviera leyendo mis pensamientos y estuviera a punto de darse la vuelta y correr a abrazarme, yo también me detuve, a admirarla, esperando que nuestras miradas se cruzaran así como cuando éramos adolescentes allá en México. Pero no era por mí, entonces desperté del shock y miré al techo de un edificio color rojo. Los Beatles, esa banda tan extraña que ella ama estaba en concierto, repentino supongo; al sonido melódico de Let it be, tomé aire y caminé en dirección a ella, mis piernas tiemblan estrepitosamente, las personas se acumulan muy rápido, tengo miedo de perderla de vista.
Una vez que cruzamos mirada mis dudas se acabaron, es tan hermosa, siempre lo fue. Ninguno habló, pasó lo que tuvo que pasar, así lo quiso el destino. Pudimos habernos besado, abrazarnos y disfrutar del resto del improvisado y fascinante concierto.
La melodía continuaba, y seguimos mirándonos de frente. La policía llegó y cesó el acto, la gente se dispersó. Parpadeó lentamente dejando que una lágrima tierna escurriese por su mejilla, se dio la vuelta y desapareció una vez más, esta es la definitiva, lo presiento. No fue el final que esperaba, sólo nos miramos y se fue. No porque tuviera miedo de hacer algo al respecto, si no porque era lo correcto, lo sé. Era lo que debía de pasar, ahora me tengo que ir y buscar alguna forma para dejar de pensar en ella.
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Escritos cortos sin propósito.
DiversosSiempre he sido creador de diversos finales para un montón de novelas que he sido incapaz de redactar, más tarde que temprano, me di cuenta que por sí solos eran inspiradores, hermosos y suficientes. No es en un punto arrogante ni tampoco tengo el e...