Un par de semanas bajo observación en el hospital fueron suficientes para que me dieran de alta. Salí del hospital en silla de ruedas, a pesar de que insistí en que podía levantarme y caminar por mí misma, pero cuando intenté levantarme de la cama caí estrepitosamente al piso, alarmando a las enfermeras que habían ido a ayudarme y a desconectar todos los aparatos y tubos con sueros y medicamentos; las enfermaras me ayudaron a levantarme y a sentarme sobre la silla de ruedas. Me dieron una vuelta por el hospital para firmar algunos documentos, que el doctor me diera algunas recomendaciones y acompañar a mis padres a pagar algunos gastos.
Del accidente resulté con una pierna, un brazo y dos costillas rotas, así que llevaba mi brazo, pierna y parte del torso vendados. Al llegar a las puertas automatizadas las enfermeras me dieron unas muletas, sería un poco difícil manejarlas con el brazo enyesado pero estaría bien, me ayudaron a subir al coche de mis padres.
Emprendimos el camino a Huntville para recoger mis cosas y despedirme de mis abuelos; durante el trayecto, me mantuve callada, no hable para nada, fingí haberme quedado dormida con los audífonos puestos y la música encendida, pero en realidad estaba despierta, solo tenía los ojos cerrados y llevaba la música relativamente baja, así que podía escuchar todo lo que mis padres decían.
-No puedo creer que después de lo que le hizo a Mei, ése muchacho haya ido a verla al hospital- dijo mi padre molesto, golpeando el volante con los puños.
-Está bien, cariño- dijo mi madre con voz baja y tranquilizadora- Mei ya nos dijo que él solo fue a pedirle una disculpa y que eso fue todo.
-¡Una disculpa no es suficiente, Fiur!- exclamó mi padre de repente haciendo que yo diera pegara un audible respingo desde el asiento trasero.
-Rick, no grites, la vas a despertar- mi madre habló con voz autoritaria, escuché la tela del asiento del copiloto crujir y sentí un suave roce en la mejilla: mi madre se había girado en su asiento y estaba acariciando mi mejilla con dulzura. Después de un momento dejé de sentir sus dedos sobre mi mejilla y volví a escuchar el crujir de la tela de su asiento.
-Además- dijo mi madre de pronto -si una disculpa no es suficiente, entonces ¿qué si lo es?
-No lo sé- respondió mi padre por lo bajo.
-Entonces no digas nada hasta que lo sepas.
-Lo siento, linda.
-Está bien, pero sabes que me molesta mucho que digas las cosas sin pensarlas bien antes de decirlas.
Durante el resto del trayecto mis padres estuvieron en silencio, abrí un poco los párpados y por entre las pestañas pude ver que mi madre tenía la cabeza apoyada en el hombro de mi padre, el silencio era roto por un poco de música que mi padre tenía en la radio, pero se escuchaba como si fuera sonido blanco, no era un silencio tenso o incómodo, sino más bien un silencio bastante relajante. Llegó un punto en el que comencé a dormitar y mi mente comenzó a divagar, mi cuerpo seguía en el asiento trasero del coche de mis padres; pero mi mente estaba en el claro haciéndome ver a Alex sonriendo solo para mí, cuando evoqué este recuerdo mi corazón dio un vuelco.
Para cuando llegamos a Huntville yo ya estaba ʺdespiertaʺ y miraba por la ventanilla del auto. Pasamos por el ʺresidencialʺ, este lugar es llamado así porque la gente que no vive sobre sus negocios o que no tiene negocio sobre el cual vivir, tienen su casa en esta zona, cuando pasamos frente a esta zona a los padres de Maryion, Clarissa y Greg, y a la pequeña Jaqueline caminando por la acera. Al verlos me encogí en mi asiento de forma que solo se vieran mis ojos y la parte de arriba de mi cabeza.
Continuamos adentrándonos más en el pueblo; unos kilómetros antes de llegar a donde mis abuelos, pasamos frente a la casa-taller de Alex y su padre; Alex estaba fuera, arreglando un coche, el cual sobresalía de su cochera con el capo abierto; lo vi, llevaba una camiseta desmangada y unos pantalones de mezclilla rotos y sucios, se giro para tomar una herramienta y fue entonces cuando nos vio pasar en nuestro auto, se quedó paralizado, mirando, podría decirse que cruzamos miradas, pero nunca lo supe con certeza, solo se quedo mirando nuestro auto para después torcer el gesto y volverse a su tarea. El recuerdo de lo que sucedió aún me hacía sentir triste, pero ya no lo suficiente como para echarme a llorar.
Por fin llegamos a la cafetería, mi padre estacionó el coche en la parte de atrás de la cafetería, frente a la puerta que conduce directamente a la casa de mis abuelos, traté de bajar del coche por mí misma, pero ni siquiera había terminado de abrir la portezuela cuando mi padre se adelantó y me ofreció su brazo para ayudarme a bajar.
-Papá- lo miré entrecerrando los ojos -puedo sola, para eso me dieron las muletas.
-Pero quiero ayudar- respondió ahora tendiéndome la mano.
-Está bien, papá, en serio puedo sola.
-Por favor, sabes que me siento inútil si no puedo hacer algo por ayudar.
-Bien- finalmente cedí y le di la mano, me ayudó a bajar del coche y a recargarme en el maletero mientras él sacaba las muletas, que habían estado junto a mí en el asiento durante todo el trayecto. Me las dio, las tomé y las puse bajo mis brazos para apoyarme en ellas; caminamos hacia la puerta y entramos en la cocina, al entrar vi que mi madre ya había entrado a la casa y estaba charlando con mi abuela, ambas tenían un vaso con refresco en la mano y estaban sentadas en la barra de madera de la cocina, como acostumbraban hacer siempre que se veían. Escuché pasos que bajaban corriendo por las escaleras y un minuto después apareció Jean con una gran sonrisa en los labios y el cabello alborotado.
-Al fin llegaste- dijo acercándose y dándome un abrazo rápido durante el cual susurró en mi oído- subamos rápido, tengo que contarte algo.
-Bueno- dije, dirigiéndome a mis padres y a mi abuela -vamos arriba, a empacar.
-Te ayudo a subir, Mei- dijo mi madre levantándose un poco de la silla.
-No se preocupe, Fiur- Jean me tomó con delicadeza del brazo -yo le ayudo a Mei a subir.
Ambas comenzamos a subir las escaleras lentamente y con cuidado, por miedo a que yo me cayera; cuando íbamos a mitad de las escaleras le susurré:
-¿Qué querías decirme?
-Sshh- se puso el dedo índice sobre los labios -espera a que lleguemos a la habitación, podrían escucharnos allá abajo y es una sorpresa- seguimos subiendo las escaleras hasta llegar al segundo piso, ya en el pasillo caminamos hasta la habitación y una vez que entramos, Jean cerró la puerta casi estrellándola y me miró con una enorme sonrisa en el rostro.
-¿Ahora vas a decirme?- pregunté acercándome a la cama para sacar de debajo de esta mi maleta y comenzar a empacar la ropa que estaba guardada en la cómoda de la recámara.
-Es que...- su sonrisa se ensanchó aún más, cosa que no creí que fuera posible- es que Charlie ya me ha pedido que seamos novios.
-¡¿En serio?!- no podía creerlo, me sentía muy feliz por ellos -¿y qué le dijiste?
-Yo... ¡le respondí que si!
-Jean, no lo puedo creer, es fabuloso.
-Pero... ¿no te molesta? Es que después de lo que pasó con Alex...
-Está bien, lo que pasó con Alex no tiene porqué afectarlos a ti o a Charlie, sean felices.
-¿En serio?
-Sí, Jean, en serio.
- Venga, entonces, te ayudaré a empacar.
Comenzamos a empacar y a hacer mi maleta, antes de irme, Charlie y Jean me hicieron un regalo simplemente hermoso, me dieron un marco dorado con una fotografía de nosotros tres parados en medio de la carretera sonriendo y abrazándonos, teníamos alrededor de quince años, pensé que esa fotografía se había perdido en la casa de mis tíos, en New Land, donde la tomamos o que se había quedado en mi casa en New Light; pero todo ese tiempo, Jean la había estado guardando en un cajón en su casa. Este regalo provocó que me fuera de Huntville con una gran sonrisa en el rostro.
Después de unos últimos abrazos a mi primo y a mi mejor amiga y acomodar mis cosas en el maletero, subí al coche, donde mis padres me esperaban ya con el motor encendido. Cuando por fin me acomodé con mis muletas a un lado en el asiento; emprendimos el viaje de regreso a New Light, dejando atrás todo lo ocurrido, dejando a mi familia, confiando en que nos volveremos a encontrar siempre que volvamos a Huntville.
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Verano En Huntville
Short StoryEn un mundo denominado Mundo X, fuera de nuestro sistema solar, hay gente como nosotros, tienen ciudades, vida, familia, mascotas; y en éste planeta se encuentra el pueblo de Huntville, donde Mei pasará un verano con la ilusión de pasar una aventura...