Capítulo 34

75 5 0
                                    

Cuando era pequeña tuve un perro el cual se llamaba Rocky. Amaba con toda mi alma a ese pequeño saco de pulgas. Lo había encontrado en la calle y Jane no pudo contra mis puchero y súplicas para quedarmelo, así que me lo quedé. Ricky no duró más de dos semanas, porque como era viejo y de la calle, su salud no estaba en óptimas condiciones. Recuerdo haber sentido un nudo en mi garganta y un vacío en mi pecho atroz, no soportaba su pérdida, y a medida que pasaban los días era peor. Me mantuve alejada de todos, y no decía nada, apenas comía. De vez en cuando escuchaba a Jane sollozando por mi falta de sentimientos, porque pensaba que me había quedado vacía, pero no era así, yo sentía todo, pero no podía expresarlo abiertamente porque dolía, y mucho. Después de tanto lo superé y seguí adelante, y eso espero hacer cuando todo esto acabe.

Caminábamos en completo silencio por fuera de la carretera, ya no teníamos más dinero, y lo único que nos quedaba hacer era caminar y rezar por llegar intactos al campamento. Bueno, ellos, porque dudo que yo vuelva al campamento.

Me hallaba alejada de todos mirando sus espaldas, y de vez en cuando me veían para cerciorarse que no les apuñale en la espalda, cosa que dudo hacer. Yo les devolvía la mirada, pero sin nada en ella. Pero por dentro lloraba y reclamaba a los dioses, a las moiras y a todos por este estúpido desenlace que me obligaron crear. Sólo espero que ellos no sufran más de lo debido.

- Hey - me codean por la derecha y veo a un sonriente Leo. Pro favor no hagas eso, yo no merezco de tu felicidad. - ¿Qué está pasando? ¿Por qué te ven así? Parece que te ven como a un enemigo.

Me encogí de hombros y no dije nada. No quería herir a Leo. Él fue el primero en demostrarme que tenía un hogar, sólo quería que se alejara con mi indiferencia, pero él insistía en seguir a mi lado. Cuanto quiero a este chico.

- Sonríe un poco rayito, estás peor que Nico - exclama divertido, pero por mi rostro ni la más mínima mueca se asoma. Él se pone serio y me detiene, yo veo como el resto sigue avanzando, y luego vuelvo mis ojos a los de Leo - Sé lo que le has dicho a los chicos, y tengo más que claro que sólo quieres alejarnos... porque... tú no volverás con nosotros, ¿cierto? - Su voz se comienza a quebrar y sus ojos a empañar. Esto es lo que no quiero para ti Leo, no quiero que sufras por mi causa. - ¿No quieres que suframos?

Lo miro atenta sin nada en mi rostro, pero con un huracán en mi interior. No quiero herirlo, no a él, pero era el momento justo. Los demás se dieron cuenta que nos detuvimos y se giran a unos cuantos metros de distancia para observarnos, pero dudo que puedan oírnos.

- Te equivocas Valdez - contestó fría y el abre los ojos tratando de protestar, pero yo lo corto - Yo soy así, me interesa una mierda lo que a ustedes le pase, o a que chica le toque no volver. - Su boca se abre del asombro y luego la cierra apretando sus labios y puños. - Sólo lo hago porque me cansé de fingir, me interesa super poco sus sentimientos. Sólo me acerqué a ustedes para divertirme un poco, pero ya me aburrí - sonrío con sorna, sintiendo como mi corazón se rompe con cada mentira que digo.

- No, tú no eres así... tú... tú me ayudaste, me consolaste cuando nadie más sabía que sufría, y tú también lo hacías... tú...

- Yo sólo fingí - me encogí de hombros sonriendole con pena - Sabía que si veían a alguien triste y sola - fingí una voz de lastima notoria, para que supiera que todo fue una farsa. Aunque no lo fuera - ¿Sabes? - me acerqué a su oído para susurrarle - Fue muy divertido jugar contigo, estabas solo, devastado, eras el blanco perfecto.

- Sabes Danielle que eso no me afecta - dice con la mandíbula apretada y los puños igual, aparentemente controlándose - Sé perfectamente que no eres así, sólo estás asustada, te siente sola... como si fueras la tercera rueda... como si no te necesitaran - sus ojos se ensombrecen, y capto su punto débil.

- ¡Ja! - Suelto una pequeña risa - Aquí el único que sobra eres tú, ¿qué no lo notas? Todos tus amigos tienen a alguien, y no porque tengas a Calipso eso cambia. - me cruzo de brazos y sonrío con superioridad. No quiero herirlo, pero ¿tengo de otra? - Ellos siguen viéndote igual, como la burla. Siguen viendo al pequeño chico enclenque con hiperactividad. Para sus ojos - susurro - sigues siendo el mismo ser inservible de antes... la tercera rueda. - Siento un gran impacto en mi pómulo izquierdo y caigo al suelo. Me quedo un rato impactada tomando mi pómulo sin creer que me haya pegado, pero de inmediato sigo con mi actuación - Bueno, hay que admitirlo, ya no eres tan débil como antes - le sonrío desde el suelo.

- Te equivocas Danielle - habla con la mirada mirando sus manos, dejando que su lago cabello rizado tape parte de su cara - Yo ya no soy él de antes, ya no estoy solo, para mis amigos, ya no soy el de antes, porque crecí y aprendí, no me detuve a lastimar a los demás por entretención - me mira con odio y sé que lo he logrado; porque duele como la mierda - Ahora pudrete, porque dudo que alguien más te quiera como lo hicimos nosotros contigo. - Se va dejándome sola.

Me levanto y sacudo mi pantalón. Alzó la vista y los veo a todos observándome con odio, y yo les sonrío con altanería mientras los saludo a lo lejos. Ellos se dan la vuelta y me dan la espalda, mientras yo bajo la cabeza sintiendo como una lágrima cae de mi ojos derecho.

Ahora sí, me gané el odio de todos. Ahora estoy segura de que estarán mejor sin mí, porque sé que lo piensan.

Sigo mi camino, caminando lejos de ellos y con la mirada en alto.

Acabo de perder el único hogar que tenía, por el amor a los seres que amo.

Confesiones de una mestiza [Percy Jackson]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora