Esa semana había transcurrido de la forma más normal posible.
Luci se había mudado a mi casa por seguridad. Después de todo lo que había pasado con mi padre, era lo mejor. Al menos así no me sentiría tan solo.
Desde aquel encuentro con él no lo había vuelto a ver.
Pero con alguien como mi padre... nunca se puede confiar.
Aún no le había contado a Luci la verdad.
No le había dicho que yo era el chico con el que se había acostado aquella noche.
Tenía que decírselo. Lo sabía.
Pero cada vez que pensaba en hacerlo, el miedo me paralizaba.
Aunque, últimamente, algo más me preocupaba todavía más.
Luci se había estado sintiendo mal esos últimos días.
—¿Qué te pasa, Luci? —pregunté, mirándola con preocupación.
—No lo sé... —respondió llevándose una mano al estómago—. Pero siento muchas ganas de vomitar... y no sé por qué.
Fruncí el ceño.
—¿Y por qué no vas al médico?
Luci asintió lentamente.
Decidimos que, después de salir de la escuela, iríamos a un médico para averiguar qué estaba pasando.
En ningún momento pasó por mi mente lo que realmente podía ser.
Pero ahora, más que nunca, sabía que tenía que decirle la verdad.
Más tarde, en el hospital, ya le habían hecho algunas pruebas a Luci.
Ahora estábamos sentados en la sala de espera, aguardando los resultados.
Noté que Luci estaba nerviosa. Sus dedos no dejaban de moverse inquietos sobre sus piernas.
Así que intenté relajar el ambiente.
—En esa fiesta me volví todo un puto —dije con una sonrisa burlona.
Luci soltó una pequeña risa.
—Ni que lo digas... pero yo casi igual.
Negué con la cabeza.
—Somos un desastre... pero al menos nos tenemos el uno al otro.
Luci sonrió con suavidad.
Respiré hondo.
Era el momento.
—Luci... hay algo que tienes que saber...
—Señorita Martín —interrumpió una voz—. Aquí están sus resultados.
Una enfermera se acercó con una carpeta en la mano y una enorme sonrisa en el rostro.
—Y felicidades a los dos.
Fruncí el ceño.
¿Por qué nos felicitaba...?
Entramos al consultorio del doctor. Luci le entregó los resultados y él comenzó a revisarlos con calma.
Mientras tanto, Luci se veía cada vez más nerviosa.
—Entonces... doctor —preguntó finalmente—. ¿Qué tengo? ¿Es algo malo?
El doctor levantó la mirada y sonrió.
—No, no es nada malo.
Hizo una pequeña pausa.
—De hecho, es algo muy bueno. Señorita... déjeme informarle que usted está embarazada.
El silencio llenó el consultorio.
Luci y yo nos quedamos completamente inmóviles.
Ninguno de los dos esperaba escuchar algo así.
Agradecimos al doctor casi sin saber lo que decíamos y salimos del consultorio.
Apenas cruzamos la puerta del hospital, Luci estalló.
—¡¿EMBARAZADA?! —gritó, con lágrimas llenándole los ojos—. ¡ESTOY EMBARAZADA!
La miré sin saber qué decir.
—¿Qué haremos ahora, Luci?
Ella negó con la cabeza mientras lloraba.
—No lo sé... Primero que nada... no sé quién es el padre... y tampoco sé cómo voy a mantener a un niño.
Sentí un nudo en la garganta.
—Yo... tampoco sé qué hacer.
La abracé un poco, intentando consolarla.
Pero dentro de mí todo estaba colapsando.
Ahora sí que las cosas se habían salido completamente de control.
No podía decirle la verdad a Luci ahora mismo.
Eso solo la haría sufrir más.
Pero tarde o temprano tendría que hacerlo.
Especialmente ahora.
Porque ese niño que viene en camino...
es mi hijo.
Y yo tampoco estoy preparado para ser padre.
No tengo idea de qué hacer.
ESTÁS LEYENDO
La Triste Vida De Axel ||EN REVISION||
Teen FictionHola. Esta es una historia llena de dolor, lágrimas y sufrimiento... una historia marcada por cicatrices que nunca desaparecen. Son experiencias, recuerdos y momentos que, sinceramente, no le desearía ni a mi peor enemigo. Muchos creen que el dolor...
