Capítulo 6.

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122 días.

Sentí mi cabeza pesar, queriendo descansar contra la suave madera de mi pupitre. Las voces a mi alrededor se sentían a millones de kilómetros y mis ojos perdían la guerra con la inconciencia. Justo cuando iba a desfallecer sobre mi puesto, un chasquido de dedos me hizo volver a la realidad.

―Creía que yo lucía terrible hoy, pero acabas de subirme el autoestima ―comentó burlón Sam desde el puesto de al lado. Era verdad que él no ganaba ningún concurso de belleza, pero yo tampoco era un príncipe encantador. El fin de semana pareció pasar en minutos, e insatisfecho por todas las series y películas decidí sumar unas horas extra de ocio en la madrugada de hoy lunes.

Vi mi reflejo en la pantalla de mi celular y me pareció deprimente. Con todo el apuro que tuve en la mañana no me dio ni tiempo de peinarme, las ojeras eran tan comunes que parecían parte de mí y la palidez me dominaba más que nunca. Si alguien que no me conociera me viera en este estado, diría que Casper el fantasma y yo somos parientes. Todos mis compañeros generaban un murmuro leve que esperaban el regreso de mi profesor de Química que había salido por un par de marcadores. Así que mi cerebro cansado aprovechaba esta oportunidad para dormitar sin ser regañado. Siempre fui un as en la química, pero por cómo estaba hoy no tenía ganas ni de respirar.

¿Cómo algo tan bueno como las series que veía me podía causar tantas consecuencias a mi vida diaria y a mi salud?

No puedo culpar las series, era mi culpa. Ver toda una temporada de Game of Thrones no es recomendable para salud. Debería haber advertencia para los fanáticos obsesivos; como yo. Mis divagues somnolientos fueron interrumpidos por la puerta, anunciando que el señor Williams había llegado.

―Ok, chicos, comencemos la clase.

***

Me encontraba el suelo del pasillo junto al salón de Historia. En mi regazo descansaba mi cuaderno con todos mis apuntes mientras leía con pánico. Como con todos mis exámenes de Historia, había olvidado estudiar. Varios de mis compañeros revoloteaban junto a la puerta repasando el tema mientras esperábamos la llegada de nuestro verdugo; mejor conocido como el profesor Blake. Unos hablaban sobre lo que recordaban con sus amigos, otros sostenían un papel y murmuraban en voz baja lo que leían. Otros cerraban sus ojos y decían lo que su memoria diera. Y después, estaban los que leían con miedo por no haber estudiado, donde pertenecía yo esta vez.

Trataba de memorizar, pero mi distracción y miedo no me lo permitía. Por más que tratara de leer lo que estaba frente a mí, simplemente mi mente no era capaz de comprender. La historia nunca fue mi fuerte, pero hoy parecía que un par de viajes de un hombre de España querían arruinar mi decente promedio.

―Mamá va a matarme ―murmuré por lo bajo golpeando con suavidad mi cabeza con la pared. Ya no puedo concentrarme así que dejaría a la suerte mi examen.

Vi a Arabella al otro lado del pasillo, sentada en una banca de madera que había mientras escuchaba música. Se le notaba despreocupada, era la única entre todos que no estudiaba y desprendía una seguridad impresionante. Giró su cabeza hacia donde yo estaba y nuestras miradas chocaron. Sonrió de lado e hizo un ademán en modo de saludo, así volviendo a mirar su punto original; ignorándome de lleno. ¿Acaso se iba a comportar como si no me conociera de nada en el colegio? Eso me causaba molestia, por alguna razón. Supuse que su actitud odiosa y maleducada me frustraba a maneras que no conocía. ¿No confiaba en mí, tal vez? Eso en parte explicaría su rechazo hacia mi persona, pero como siempre estaba perdido en mi cabeza, no notaba si era así solo conmigo o con todos. Aunque cuando prestaba atención a mi alrededor, veía que hablaba con todos, ¿qué tenía yo de diferente?

Dame una razónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora