Cuando Justin me deja, nos estamos cogiendo la mano en el asiento delantero, la palma de mi mano suavemente apoyada sobre la suya.
—¿Debería entrar? —pregunta.
Miro desde nuestras manos entrelazadas a la puerta de mi casa —No —le digo—. ¿Por qué no reservamos esta conversación? Solo por un tiempo—.No habría nada extraño en que Justin entrara… Justin y yo hemos salido un montón de veces, y siempre se queda en mi casa después… pero no estoy segura de cuanto saben mis padres y de cuanto estoy dispuesta a decirles.
Él sonríe y apaga el motor, liberando mi mano y apoyándose en su asiento. Besa mi sien, luego encima de mi nariz y luego uno suave sobre mis labios.
—Está bien —dice— Dulces sueños, Chanel —es el mismo “buenas noches” que me ha estado dando desde que éramos niños, pero esta vez hace que mi corazón golpeé en mi pecho.
—Dulces sueños —le susurro. Tropiezo fuera del coche y entro en mi casa, mareada por sus labios.
La puerta principal se abre en la cocina. Mis padres siempre están ahí, bebiendo té y leyendo el diario en sus batas de baño hasta la medianoche. Juro que si no fuera por el hecho de que está oscuro fuera, uno pensaría que ya es de día.
Hoy, en cambio, cuando entro, no están ahí. En su lugar, están en la sala de estar con los padres de Justin. Están hablando en voz tan alta que no me oyen entrar.
—No sé qué decir —dice la madre de Justin. Ella está sentada en el brazo del sillón del padre de Justin. Tiene los codos en las rodillas y está sosteniendo su cabeza entre sus manos. Mi madre está de pie, sosteniendo un vaso, igual que mi padre, lo que es extraño, porque ellos nunca beben. Ni siquiera les gusta beber vino cuando estamos cenando.
—¿Has hablado con ellos? —pregunta el padre de Justin.
Mi padre niega con la cabeza —Le dejé un mensaje en la oficina, pero nadie me ha devuelto la llamada —él mira a mi madre— Ni siquiera tengo el teléfono de su casa.
—¿Por qué llamar? —pide la madre de Justin— ¿No es mejor dejar las cosas como están?
—Es un pueblo pequeño, Jackie. Lo sabes. Correremos hacia ellos tarde o temprano —dice mi papá.
—Esto es una pesadilla —dice el padre de Justin. Parece enojado, lo que es nuevo en él. Tiene cuatro hijos y rara vez levanta la voz.
Mi mamá toma un sorbo de su bebida —¿Por qué vuelven ahora? —dice.
—¿No es obvio? —dice la madre de Justin. Todos la miran fijamente, con la espalda erguida—. Ellos quieren venganza.
Las tablas del suelo eligen ese momento para crujir bajo mis pies, y cuatro cabezas se giran a mirarme en la puerta.
—Chanel—dice mi mamá. Se da la vuelta y le debe enviar algún tipo de mirada a papá, porque justo después él deja el vaso sobre la mesa y se me acerca.
—Siento el alboroto —dice él.
—Hola —saludo a la familia de Justin.
La madre de Justin sonríe débilmente y su padre se levanta —Hey chica. ¿Cómo estuvo la cena?
Mis mejillas se ruborizan —Bien —digo—. Comimos italiano—. Todo el mundo asiente con la cabeza.
—Suena delicioso —dice el padre de Justin.
—¿Todo bien? —pregunto. Preguntarle a tus padres si todo está bien es un poco como preguntar al profesor de matemáticas si de verdad hará un examen sorpresa. Ya sabes la respuesta.
—¡Oh, sí! —dice mi madre—. Solo política.
Mi padre sonríe para secundar lo que ella ha dicho.
—Bueno, me voy a dormir —digo—. Biologia por la mañana —. Les hecho una mirada de “Tipico”, pero nadie se da cuenta.
—Buenas noches, galletita —dice mi papa. La sala estalla en un coro de buenas noches y me alejo de ellos, perpleja y subo las escaleras. No quiero pensar en la familia de Selena o averiguar por qué los padres de Justin están involucrados en todo lo que fue mal. Esta noche es Justin y yo. Solo quiero dormirme recordando sus besos.
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