Capitulo 17:

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A mitad de camino, la lluvia comenzó a caer, dividiendo mi atención entre el camino y el volante, mientras intentaba buscar el botón de los limpiaparabrisas.

Las luces de la calle comenzaron a parpadear y me pregunté si se avecinaba alguna tormenta más fuerte. El clima cambia constantemente estando tan cerca del océano y un aguacero puede rápidamente convertirse en una inundación. Decidí acelerar el Neón.

Las luces de afuera volvieron a parpadear. Una sensación fría recorrió mi nuca y se me puso la piel de gallina. Mi sexto sentido gradualmente se puso en alerta máxima. Me pregunté si pensaba que estaba siendo perseguida. Por mi retrovisor no veía ninguna luz y al frente tampoco había ningún auto. Estaba completamente sola. No era un pensamiento muy reconfortante. Aceleré el auto a cuarenta y cinco.

Encontré los limpiaparabrisas, pero aunque estaban a velocidad máxima, no podían contra la pesada lluvia. Gotas gigantes caían fuertemente en el vidrio delantero del neón. La luz del semáforo cambió a amarillo. Me detuve lentamente, aseguré que no haya nadie rondando por ahí en las dos esquinas, y volví a acelerar el automóvil. 

Escuché el impacto antes de que registrara la oscura silueta deslizarse a través del techo del auto. Grité y frené en seco. La silueta dio un golpazo contra el parabrisas y lo rompió, creando una grieta mediana. Por impulso, moví el volante bruscamente hacia la derecha. La parte trasera del Neón patinó, haciéndome dar vueltas. La silueta dio vueltas y desapareció en el borde del techo. Yo estaba aguantando la respiración, apretando el volante fuertemente con mis manos. Levanté mis pies de los pedales y el auto se detuvo.

Él estaba agachado a poca distancia, observándome. Él no parecía para nada… herido.

Estaba vestido completamente de negro y se confundía con la noche, haciendo difícil ver cómo era. Al principio no pude distinguir ninguno de sus rasgos faciales y luego me di cuenta que llevaba puesta una máscara, muy extraña.

Él se paró y se acercó más a mí, hacia el auto. Plantó su mano en el cristal de la ventana donde me encontraba yo y nuestros ojos se encontraron a través de los agujeros de su máscara. Una sonrisa letal pareció crecer en los suyos.

Nuevamente golpeó el cristal y este vibró entre nosotros.

Encendí el auto, intenté sincronizarlo poniendo el cambio en primera, apretando el pedal de gasolina y soltando el embrague. El motor hizo el intento de prender, pero luego se volvió a apagar. Encendí el motor una vez más, pero estaba distraída por un gemido metálico y desentonado que emitía el automóvil. Observé con horror como la puerta comenzaba a arquearse. Él la estaba arrancando.

Con fuerza, puse la palanca de cambio en primera. Mis zapatos resbalaban en los pedales. El motor comenzó a gruñir y el contador de revoluciones subió hasta la zona roja.

Su puño atravesó la ventana con una explosión de vidrios. Su mano pasó torpemente por mi hombro y luego se aferró a mi brazo. Grité desesperadamente, y pisé fuerte el pedal de gasolina y me liberé de su mano. El automóvil comenzó a moverse haciendo chillidos. Él por un tiempo se mantuvo corriendo al lado del auto y agarrando mi brazo, pero luego me soltó.

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-A

Ángeles Caídos.. {Liam & Tú}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora