Todos gritaban mi nombre, llenos de esperanzas y sueños.
Me imagino todo lo que debieron de sufrir durante sus luchas contra los persas. Debió ser muy duro para ellos. Quería ayudarlos.
El fuego seguía ardiendo con tanta fuerza, que parecía que nunca se apagaría.
Alejandro me miró, tomó mi mano y levantó mi brazo.
-¡En esta batalla ganaremos y no tendremos que tener miedo a los persas! Porque la sacerdotisa está de nuestra parte y los dioses también- dijo gritando
La gente gritaba "Sí" con todas sus fuerzas.
Acabó la ceremonia y entré al templo. Pude ver una escultura de un Dios. Era increíble poder verla en tan buen estado.
-¿Te gusta?
Estaba tan pendiente a la escultura que cuando oí esa voz, pegué un pequeño brinco del susto.
Cuando me di la vuelta vi a Alejandro mirándome.
-Sí, es majestuosa
-Es el dios Zeus. Ha estado esperando a que vinieras.
-¿A mi?
-Sí a ti, mira te enseñaré algo
Alejandro se dirigió hasta una fuente llena de agua cristalina y con una estatua de Zeus en medio de esta.
-¿Qué querías enseñarme?
-Para demostrarte que de verdad eres la sacerdotisa de Zeus, debes tocar el agua
-¿Qué pasará si la toco?-dije algo asustada
-Ya verás, según la profecía cuando toques el agua, serás proclamada oficialmente sacerdotisa
-Entonces ¿cualquiera que toque el agua puede proclamarse sacerdotisa?
-No, sólo la verdadera será proclamada. Por eso quiero que veas que eres tú, porque aún no te veo muy convencida.
-Vale, lo haré
Estiré mi brazo y abrí mi mano.
Me acerqué hasta tocar el agua con mis dedos. Metí toda mi mano en el agua.
En ese momento el agua se volvió dorada, resplandecía como el oro. Tenía luz propia. Estaba asombrada, era magia.
La estatua también resplandecía, era como si la fuente se hubiera vuelto de oro y el agua se hubiera vuelto luz.
-La profecía era cierta- dijo Alejandro sorprendido
-Es sorprendente
-¿Ahora me crees cuando te digo que eres la sacerdotisa?
-Sí- dije con todas mis fuerzas
Saqué mi mano del agua. El agua volvió a la normalidad pero la fuente no. Se había vuelto literalmente de oro.
Cuando miré mi mano, pude ver que en el dorso de mi mano había aparecido un símbolo. Como si fuera un tatuaje, era un rayo con una rama de olivo alrededor. Había aparecido de la nada. De verdad era la sacerdotisa de Zeus.
-¿Qué es esto?-pregunté
-El símbolo de Zeus, debe ser tu marca de sacerdotisa
-¿Mi marca?
-Sí, esto te proclama oficialmente sacerdotisa de Zeus
No paraba de mirar el dorso de mi mano, ese símbolo era como parte de mi piel.
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La leyenda del colgante
FantasyUna antigua leyenda cuenta que alguien del mundo será elegido para ser el dueño del colgante mágico. La elegida es Isabella, una chica alegre, que ha conseguido realizar su sueño de estudiar en Londres junto a su mejor amiga Sofía. Allí conocerá a M...