Capítulo doce: El poder de las joyas.

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Ángel me llevó a un salón lleno de pantallas y un computador, en cada pantalla se reflejaba un lugar específico de la academia.

-¡Allí está Míhari!— Exclamé al reconocer a la pelinegra, al igual que Annelise y Ángel su ropa había cambiado, ahora usaba un pantalón de cuero violeta brillante y una camiseta de cuero debajo del pantalón del mismo color, haciendo que su figura se moldeara, unos botines negros, y su cabello estaba divido en dos coletas bajas. — ¡Se ve genial! —Exclamé emocionada al verla. — ¿Qué habilidad tiene ella? –Pregunté sin dejar de mirar la pantalla.

-Ella y Conner van de la mano. –Me respondió Ángel acercándose a mí dándome una botella de agua, él también tenía una en su mano derecha. –Sus habilidades se relacionan.

-¿Cuál es la habilidad de Conner? –Pregunté ya que aún no me habían contestado lo que quería saber.

-Ambos son buenos en las artes marciales. –Dijo Ángel encogiéndose de hombros dándole un sorbo a su botella. –Digamos que cuando su joya se activa, no hay quien los venza en una pelea de cuerpo a cuerpo.

-¿Ni tú? –Pregunté alzando una ceja.

El simplemente me miró. –Yo estoy en otro nivel. –me contestó volviendo a tomar un sorbo de su botella.

Volví a mirar las pantallas y visualicé a un chico moverse muy rápido mientras peleaba contra lo que parecía ser un gigante, ¡Era tan grande que su cabeza había hecho un hueco en el techo¡ el chico usaba un atuendo similar al de Míhari sólo que en versión negra.

-¿Quién es él? –Pregunté achinando mis ojos, mientras acercaba mi rostro a la pantalla.

-Es Conner. –Me respondió una voz masculina.

-¡¿Conner?! -Exclamé totalmente sorprendida. – ¡¿En verdad ese de allí es Conner?! --Pregunté mirando fijamente a la pantalla, Conner era buen chico, se lo veía tranquilo y amigable, sin embargo... Esa persona que estaba allí lucía de todo menos amable, sus movimientos eran tan rápidos que apenas y eran captados por las cámaras.

-Muy rápido ¿No? –Volvió a decir la voz.

-¡Demasiado diría yo! —Respondí extasiada mientras daba media vuelta y soltaba un jadeo al reconocer al dueño de la voz. – ¡Gabriel! —Exclamé poniéndome de pie. — ¿Desde cuando estás allí?

-Desde que mirabas a Conner pelear. –Respondió aburrido Ángel desde la esquina del salón tomando un sorbo de su botella.

-¡Eso significa que ya encontraste la llave! --Exclamé con una sonrisa.

-Sí. –Contestó el rubio sonriendo amablemente mientras se acercaba y me miraba fijamente. –Creo que fue genial haberlo hecho rápido, así pudimos encontrarnos aquí.

Yo desvié mi mirada algo incomoda mientras me volvía a sentar en la silla en la que estaba momentos antes. Y Gabriel se sentaba en la de alado.

-Claro... -Respondí no tan segura de lo que debería decir. –Estamos los tres juntos. –Contesté sonriente girándome a ver a Ángel quien no se había movido de su posición. –Y lo que es mejor, tienen tiempo para conversar, ya que son mejores amigos.

El castaño rodó los ojos cansado y yo lo fulminé con la mirada ante su actitud tan grosera, Gabriel simplemente sonrió con amabilidad mirando a Ángel. –Sí, eso es lo mejor, siempre es bueno estar con tus amigos.

-¿Desde cuándo se conocen? –Pregunté tratando de generar un tema de conversación mientras esperábamos al resto.

Gabriel meditó un poco para luego responder. – Estábamos en el mismo salón, así que lo conocía desde antes, pero nunca le había hablado ya que Angel siempre estaba ocupado porque él desde el primer año era el mejor estudiante ¿Lo sabías?

LAS DOCE DIMENSIONES OCULTASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora