"Capítulo 14"

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El lunes pasó rápido y el martes decidí ir a casa de mi madre y hermana para llevar a Miriam al instituto ya que ayer fue su primer día.

Llegué a casa de mi madre a las ocho y Miriam tenía que entrar a las ocho y media. Toqué el timbre y me abrió mi hermana. Ella sonrió y me dejó pasar.

—¿Y mamá? —pregunté.

—Arriba, no salió desde el entierro —murmuró.

Suspiré y subí a su habitación. Entré sin hacer mucho ruido y la vi que estaba en el sofá.

—Mamá —susurré acercándome.

—Quiero estar sola, hija —murmuró mirándome.

Sus ojos estaban rojos y su nariz igual.

—Me da igual. ¿Qué te pasa?

—Me falta a tu padre —susurró cogiendo mi mano.

—A mí también mamá, pero cuánto lo superes, mejor. No digo que lo olvides, porque yo nunca le voy a olvidar. Ni tampoco te digo que te busques a otro, sólo digo que tienes que vivir con el dolor. Yo lo hago, y aunque esté sonriendo ahora, estoy llorando por dentro. Desde que papá se fue, me siento vacía.

Bajé la mirada e intenté no llorar. La apretó.

—Hoy vamos a dónde tú quieras —sonreí besando su frente.

Sonrió y besó mi mano.

—Vamos —susurró levantándose.

—Te espero abajo con un desayuno magnífico, ¿vale?

Asintió y entró en el baño. Suspiré y bajé abajo. Mi hermana estaba viendo la televisión.

—¿Cómo está? —preguntó mirándome.

—Voy a ir al centro comercial más cercano.

—Todos abren a las diez —me dijo.

Miré mi hora y eran las ocho y cinco.

—¿Cuánto tardas en llegar al instituto?

—15 andando.

Suspiré y caminé a la cocina. Preparé el desayuno a mi madre. Tenía de todo que me encontré por los armarios. Había tostadas recién hechas, untadas con mantequilla con mermelada, pan con aceite, cereales...

—Me tengo que ir al instituto —dijo cogiendo su mochila.

—Te acompaño —hablé sonriendo—. ¡Mamá, tienes el desayuno ya preparado! ¡Puedes bajar cuando quieras!

—¡Vale! ¡Gracias, Laura!

—¡Voy a acompañar a Miriam al insti, ahora vuelvo!

—¡Vale!

Salimos las dos y caminamos hasta su instituto. Íbamos hablando de temas sin importancia. Cuando llegamos, todos nos miraban.

—¿Por qué todos nos miran? —me preguntó.

—Tal vez ¿por qué estás con una ex-presentadora de televisión?

—¿Te han despedido? —se sorprendió.

—Por lo de Bale. Te lo explicaré en otro momento —suspiré.

—Buenos días —habló una voz conocida por mí.

—Hola Raúl —sonreí.

Nos quedamos en un silencio incómodo.

—¿Por qué se ha formado este silencio incómodo? ¿Sois novios ya? —les señalé.

¿No quieres o no puedes?   ➡ Antoine Griezmann ⬅Donde viven las historias. Descúbrelo ahora