Aguas termales, Hasetsu, Japón.
–¡Yuri! ¡Yuuuri! –la voz de Victor inundaba los pasillos de la casa– ¡Yuri! ¡Ven a la cama!
–¡¿Uh?! ¡No iré a la cama contigo, anciano! –al otro lado de la habitación, Yurio tenía cara de querer matar a Victor.
–¿Uh? ¡Ah! Estás aquí, Yurio. ¿Has visto a Yuri? ¡Quiero que durmamos juntooos! –el pentacampeón alargó la última palabra con voz chillona.
–Agh. Me dan asco. ¿¡Podrían mantener sus gemidos bajos estanoche!? Pervertido... –Se dio la vuelta y dio un fuerte portazo; realmente odiaba cuando Victor pregonaba por toda la casa el nombre de Yuri.
–¿Entonces no lo has visto, Yurio? –alzó la voz con la esperanza de que el rubio lo escuchara.
–¡¡¡No!!! ¡Y cállate de una vez, calvo! –sus palabras sonaron amortiguadas detrás de la puerta; poco después, el sonido de sus pasos alejándose se combinó con insultos para Victor.
–Ahh... Bien... ¡Yuri! ¡Vamos a la cama! ¡Yuuu... –una mano sofocó su último grito y otra más le sujetó la cadera para darle vuelta.
–¡Victor! Shhh. –Yuri susurraba– Son las 2 de la mañana, deja de gritar, –aún mantenía la palma tapándole la boca al ruso– vas a despertar a todos; ya hiciste enojar mucho a Yurio con tus gritos, de camino hacia acá me arrojó una mandarina en la cara y me llamó pervertido.
Victor se limitó a lamer de forma tentadora la mano que lo silenciaba como respuesta; su mirada se tornaba salvaje.–¿Eh? ¿Victor? ¿P-Por qué me miras así? –El japonés retrocedía lentamente.
–Yuri... –sonaba desesperado.
–Victor... –un paso más atrás– Victor... ¿Q-Qué te sucede?
–Yuri... –posó ambas manos en el pecho del otro– ¿Jugamos? –sus palmas descendían cautelosamente por su pecho; por su vientre...
–¡V-Victor! –apartó al ruso– No. Dijimos que no haríamos nada de eso hasta que nos casemos. –Su rostro se encendió, las manos de Victor ardían– Eso será mañana. Sé paciente.
–Oh, Yuri... No te importó ignorar esa regla anoche, ¿no es cierto? –le acarició el cuello usando la lengua– Entonces supongo que tampoco te importará ignorarla de nuevo... Esta noche... –susurró en su oído, mordió su lóbulo.
Yuri comenzaba a ceder, su cuerpo se relajaba; su interior jadeaba, gritaba... Reclamaba a Victor. Mientras más recordaba su tacto la noche anterior, más lo deseaba; sus susurros, sus gemidos... Sus movimientos y el firme tacto de sus dedos aferrándose a sus caderas, atrayéndolas con fuerza hacia las de él, hacían cada vez más insoportable la necesidad del ruso.
–Oh, V-Victor... –le rodeó el cuello con los brazos– Sólo ésta vez...
Katsuki dio un pequeño salto y abrazó con sus piernas el torso de Victor.–Ah... Yuri... –lo sostuvo por los glúteos– ¿Te gusta jugar conmigo, verdad?
–Cállate. –lo silenció uniendo los labios violentamente.
Con Yuri aún en brazos y sin interrumpir el beso, Victor caminó hasta la puerta; antes de poder abrirla alguien lo hizo por él.
Parada en la puerta, la hermana Katsuki mayor los veía con una mezcla de enojo, enojo y un poco más de enojo.
–¡Oh, no! ¡No de nuevo! –Mari dejó caer su cigarrillo al ver la escena– ¡Tu, Yuri! Baja de ahí ahora. ¡¡¡Ya!!! ¡Y tú, –señaló a Victor– deja de seducir a mi hermano!
Victor levantó las manos instintivamente a manera de rendición, dejando caer a Yuri al suelo.
–¡Mari! Eh... Nosotros no... No... ¡No íbamos a hacer eso! –Su hermano hablaba desde el suelo. Pocas veces en su vida se había sentido tan humillado; la vez que su hermana lo atrapó besando los pósters de Victor había sido un momento de gloria a comparación de este.
–Bueno... En realidad sí íbamos a hacer "eso", Yuri... –se agachó y le ayudó a levantarse– No te preocupes, Mari. Me aseguraré de que aún pueda caminar mañana en la boda. –posó su índice entre los labios y le guiñó un ojo a su cuñada.
–¡¡¡Victor!!! ¡¡¡Qué dices!!! Mari, no... N-No le hagas caso... –su hermana reía a carcajadas.
–¡Oh, Dios! ¡Así que por eso caminabas raro aquel día! –Logró decir entre risas la otra.
–Nooo, no, no. No le hagas caso. ¡Ha bebido bastante! ¡Ya sabes cómo son los rusos que comen demasiado katsudon! ¡Ha ha ha ha! –empujó a su hermana fuera y le cerró la puerta.
–¡Le diré a Mamá, Yuri!
El rostro de Yuri era un verdadero incendio.
–Vamos a dormir, Victor... –Dijo Yuri con un suspiro.
–¿Seguro? –rendirse no estaba entre los planes del peliplata.
–¡Si! ¡A dormir! ¡Ahora!
–¿Uh? Bien, igual te haré pedazos mañana.
–¡¡¡Victor!!!–¡Con un demonio, idiotas! ¿¡No piensan callarse, verdad!? –desde la otra habitación, Yurio lanzó otra mandarina contra la puerta.
Unas horas después ambos se cubrían del frío con el cuerpo del otro... Sin saber que alguien los observaba, los acechaba; sin saber que el caos ya proyectaba su sombra sobre ellos...
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Hasta Encontrarte
Fanfiction"Pisaré sobre cada uno de tus pasos, lloraré cada una de tus lágrimas... Y no me detendré, hasta encontrarte, Yuri".