Lectura

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Su espalda recargada sobre la pared, sus piernas extendidas y sus manos sobre su regazo, justo de frente tenía un espejo, pero no se estaba mirando, su mente estaba en otro lado, su cuerpo seguía ahí pero su mente, divagaba.

Jungkook se sentaba frente al espejo, en punto de las 6:00 de la tarde, justo cuando el sol empezaba a ocultarse y el cielo se llenaba de los característicos tonos pastel, apagaba las luces y dejaba que la poca luz natural que quedaba iluminara la estancia, hasta que se fuera dejándolo en una obscuridad que lo consumía.

Todos los días hacía lo mismo, miraba, pero sin prestar atención a lo que veía, pensaba en todo y a la vez en nada, era una rutina, lo hacía sentirse más vacío, pero simplemente no podía dejar de hacerlo, era parte de su rutina, parte de él y no podía omitirlo tan fácilmente de un día para otro.

Era parte de él, el sentirse vacío, solo, el sentirse el ser más feo de la Tierra, el pensar tantas cosas que hacía que su pecho le doliera, que sintiera como si su cabeza fuera a estallar en cualquier momento de tantas cosas que lo atribulaban. El  pensar si de verdad se merecía a alguien que lo quisiera, el pensar en la muerte, en la vida, en el lugar en el que estaba, en la nada.

Ésta vez, algo fué distinto, algo que lo sacó de su zona de confort.

El timbre resonó en toda la estancia y algo fastidiado Jungkook se levantó a ver quién era. Al abrir se encontró con una agradable sonrisa dedicada específicamente a él, era Taehyung.

—Tae— Trató de sonreír, pero le salió una extraña mueca, abrió más la puerta invitándolo a pasar solamente con la mirada.

—Hola Kookie— A diferencia de Jungkook, le regaló una de sus características sonrisas rectangulares y entró al departamento.

Entraron hasta la sala y se sentaron uno al lado del otro, sus rodillas se rozaban ligeramente, al igual que sus hombros, ninguno de los dos hablaba pero tampoco sentían la necesidad de hablar.

—¿Qué estabas haciendo?— La voz ronca de Tae lo sacó de su ensimismamiento.

—Yo... no hacía nada— le dió una sonrisa falsa y giró el rostro para no verlo a los ojos.

Tae se acomodó en el sillón, pegando su espalda completamente al respaldo —ven aquí— palmeó su regazo.

Era cierto que eran pareja, pero llevaban poco tiempo de relación y Jungkook no se sentía seguro de sí mismo.

Aún así, se sentó a horcajadas en su regazo y desvió la mirada, sintiendo sus mejillas muy calientes, estaba rojo como un tomate.

—Mírame— la voz de Taehyung había bajado un tono más de lo usual y Jungkook se estremeció volteando a verlo.
—¿Sabías que en clase me enseñaron algo muy cierto?— Taehyung observaba sus oscuros orbes como si fuera la última vez en su vida que los fuera a ver, continuó hablando sin esperar respuesta del menor —Me enseñaron que todos somos un poema... tú también eres un poema Kookie— se acercó más hasta que sus labios casi se rozaban— tú eres un poema y estoy a punto de leerte, quiero enseñarte todo lo que tú no puedes ver en ése espejo—.

Jungkook estaba en blanco, estaba muy impactado por lo que acababa de escuchar pero más que nada porque Tae sabía sobre su rutina, lo que hacía todas las tardes y estaba impresionado ya que no sabía ni cómo se dio cuenta.

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⏰ Última actualización: Feb 19, 2018 ⏰

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Texto ✎ VKookDonde viven las historias. Descúbrelo ahora