Capítulo 30

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Despierto a causa de los incesantes gritos de mi hermana en la puerta. Oh por Dios no otra vez estoy muy cómoda. Me remuevo en la cama aferrándome más a Michael e intentando ignorar los gritos de mi hermana.

– Emily... hermosa – Michael me llama.

– ¿Qué? – Digo resignada.

– Si no le abres tumbara la puerta – Sonríe estirándose.

– No me importa, son las ocho de la mañana y quiero dormir. Además, estoy muy cómoda – Digo cuando el sonido de la puerta me hace entender que ya ha entrado.

– Vamos, arriba holgazana aún faltan cosas por comprar – Dice quitándome la cobija que había puesto sobre mi cara.

– Angelica por el amor de Dios son las ocho de la mañana – Me quejo.

– No me importa – Dice y yo miro a Michael pidiendo ayuda. El solo se encoje de hombros.

– No piensas decirle nada – Frunzo el ceño.

– Es tu hermana – Ríe – Tu sabrás controlarla – Dice y yo lo miro con mala cara. Me paro de la cama a regañadientes y me dirijo a la ducha.

Ya lista salgo a donde quiera que sea me está llevando Angelica. Estoy guardando mi móvil en mi bolso cuando me doy cuenta de que Angélica me ha traído a una tienda de lencería. Miro todo a mi alrededor y no puedo ponerme más roja de la vergüenza. ¡Por Dios!

– ¿Angelica qué hacemos aquí? – Digo entre dientes fingiendo una sonrisa.

– Cómo que, qué hacemos aquí. Emily en unos días te casas – Dice como si fuera obvio.

– ¿Y? –

– Debes llevar algo sexy para la noche de bodas o sea la luna de miel – Dice elevando las cejas.

– Angélica yo no puedo usar estas cosas – Le muestro una lencería que tiene un antifaz.

– Esa no me gusta, que tal esta negra – Me muestra otro conjunto de lencería ignorando por completo lo que acabo de decirle.

– No ¿Angélica acaso me vez cara de usar eso? – Elevo mis cejas esperando una respuesta.

– No, pero siempre hay una primera vez lo usarás y no está a discusión – Dice cortante.

– Uh, está bien – Digo rendida iba a ser imposible convencerla de lo contrario. Caminamos por la tienda mientras ella agarra algunos conjuntos de lencería y mira otros. Al final solo termina escogiendo cuatro y me hace probármelos.

– ¿Este? – Abro la puerta del vestidor muerta de la vergüenza era el tercero que me probaba.

– En definitiva, ese te queda espectacular. Ese es el que nos llevaremos – Dice antes de salir de los vestidores para dirigirse a la fila para pagar.

¿Quién amaría a alguien como yo?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora