XI- Tensión.

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~ "Eres tan hipnotizante. ¿Podrías ser el diablo? ¿Podrías ser un ángel?" ~ E.T- Katy Perry.  

-Ciara.- Una voz que me resultaba conocida se escapó de la oscuridad.

Abrí los ojos pero no podía distinguir nada, sólo había frío y tinieblas. Ni siquiera sabía si mi cuerpo se encontraba ahí. Otra vez esa voz repitió mi nombre aunque era imposible saber de donde provenía. Giré sobre mis talones pero seguía sin ver nada. ¿Estaba ciega? ¿Seguía viva? El silencio era tan pesado que podría escuchar la sangre correr por mis venas pero no, ese sonido tampoco estaba. ¿Estaba sorda? Otra vez mi nombre fue largado a ese vacío pero parecía alejarse.

Empecé a correr, sin importar en que dirección corría. Tenía que alcanzar esa voz, aferrarme a lo único que había en esa nada. Seguía alejándose con mi nombre. Mis pies tocaron un líquido frío pero no dejaron de correr.

-Ciara.-

-¡Espera!- Grité.

De repente, una luz blanca me cegó haciéndome cerrar los ojos. Mis pies volvieron a sentirse mojados. Abrí los ojos al escuchar un sonido imposible de confundir, el mar. Me encontraba en una playa que conocía muy bien. Era el lugar más bello del mundo y mi favorito. Ninguna mansión lujosa se compararía a este pedazo de playa y al castillo que tenía a mis espaldas.

-¡Ciara!- Gritaron a mis espaldas.

Me di vuelta en respuesta, encontrándome a un Harry sonriendo. Se veía radiante, con una camiseta blanca, sus clásicos jeans negros arremangados y sus pies descalzos. Le sonreí, invitándolo a acercarse. Él caminó hacia mí y tomó mi mano. El color de aquellos ojos hacían juego con los de la vegetación a nuestras espaldas. ¿Cómo alguien podía poseer ojos tan magníficos y ser mundano? Podrías perderte en ellos, en aquel bosque espeso lleno de misterios.

-Es el lugar mas bello de la tierra.- Habló posando su mirada en el horizonte.

Sonreí en silencio y miré la grandeza del mar. Me sentía liviana, feliz y podría decir que libre. No pedía más, tenía todo lo que necesitaba en esta costa. La brisa que soplaba en la playa se tornó más fuerte, convirtiéndose en un gran viento frío. El mar se volvió violento, golpeando contra aquellas rocas pintadas de arena. El toque de Harry se volvió frío y bajé la mirada a nuestras manos al no entender el porqué. Mi corazón dio un vuelco y mis ojos se llenaron de agua. Aquella mano cálida se había vuelto de azabache. Observé aquel brazo fuerte con una vana esperanza de que no se halla vuelto de esa piedra pero mi corazón se trizó un poco más. Me alejé aterrada de Harry o de lo que había sido Harry. Su cuerpo había quedado rígido, con su mirada perdida en la nada. no había más vida en aquella silueta. Sólo era una gran estatua de azabache, aunque yo sabía bien que era en verdad.

-¿Por qué?- Grité llorando. -¿Por qué a él?-

-Por qué tú eres mía.- Aquella voz sombría sopló en mi oído, dejándome aterrada.

-¡No!- Grité asustada, sentándome en mi cama.

Respiré aliviada, estaba en mi habitación y todo eso había sido un sueño. Cerré mis ojos por un momento limpiando la habitación de aquellos salpicones negros que yo había creado. Alguien subía rápidamente la escalera y golpeó la puerta.

-¿Ciara? ¿Estás bien?- La voz de Harry sonaba preocupada.

-Sí.- Contesté.

Algo me decía que él seguía detrás de la puerta y que no estaba seguro de mi respuesta. Suspiré.

Dorchadas Álainn ||H.S|| a.u (Wattys 2019)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora