Al día siguiente, me sentía con ganas de hacer cosas.
Lo primero que hice: despertarme. Me levanté y me senté en la silla de ruedas. Fui al baño y me lavé la cara. Me di cuenta que no estaba Antoine.
Busqué por toda la cara hasta que me paré en la nevera. Allí había una nota:
"Lo siento por no estar contigo, tuve que ir a mi casa y después a entrenar. Te iba a decir que fueras, pero no sé cómo vas a entrar y menos en tu estado. Volveré a tu casa, ¿vale? Te quiero
Antoine".
Suspiré. ¿Por qué todo el mundo decía que no podía hacer nada? Podía seguir andando. A mi manera, pero andando. Ellos me limitaban. Hoy mismo iba a buscar un fisioterapeuta.
Cogí el ordenador, lo busqué y me puse a buscar fisioterapeuta. Tenía hambre, así que me preparé un café, que Antoine, seguramente, me lo dejó donde yo podía alcanzarlo.
Me tomé el café junto con unas galletas que me dejó. Cuando acabé todo, fui a mi móvil y le mandé un mensaje agradeciéndole. Después, me senté en el sofá y me puse a buscar fisioterapeutas por la zona. Encontré a uno a unos diez o quince minutos de mi casa. Costaba no tan caro, 35 € una sesión y había un bono de diez sesiones de 350 €. Cogí el teléfono y llamé.
—Buenos días, Mirasierra Fisioterapeutas.
—Buenos días, quería informarme sobre las sesiones y todo relacionado sobre los tratamientos de lesión medular. Vera, yo tengo paraplejia incompleta, y quiero recuperarme lo antes posible.
—Vale, venga ahora mismo o por la tarde para que uno de nuestros fisioterapeutas le haga una consulta y veremos lo que haremos.
—Bien, gracias. Hasta ahora.
—Adiós.
Colgué con una sonrisa y fui a mi habitación. Me vestí con un pantalón normal y corriente y una camiseta blanca, como un jersey. Me puse una bufanda y guantes, me puse la riñonera y me fui en busca de la clínica de fisioterapeuta.
Tarde lo que dije, quince minutos.
Entré y lo primero que te encontrabas era una mesa baja y detrás de ella tenía un chico con una bata blanca. Era como de 35 años. Medía más que yo y no era tan guapo ni tan feo. Era normal. Sus ojos eran color miel y su nariz aguileña. Sus labios eran gruesos y su barba recién afeitada.
—Hola —sonreí acercándome.
Me miró sonriendo.
—¿Eres tú la que llamó? —dijo sorprendido.
—Sí —sonreí.
—Es un honor tenerte aquí, Laura. Ven, te llego con el doctor, que si aceptas, será tu fisioterapeuta.
Asentí y le seguí por un pasillo que había a la izquierda y me dejó entrar en una sala que había un chico. Este era más guapo. Sus ojos eran verdes nada más los vi. También tenía barba y recién afeitada. Sus ojos eran grandes y como dije, verdes. Su nariz era más perfilada y sus labios finos.
Su pelo era corto y peinado hacia arriba. Iba como el chico de recepción, en bata blanca.
Sonreí y él también.
—Bien, puede entrar —me dijo el de recepción.
Me impulsé hasta estar delante del chico. Oí como cerraba la puerta y le miré.
—Me llamo Álvaro —extendió su mano.
—Laura.
Extendí mi mano y miré su mano. Estaba casado. Suspiré y quité la mano.
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¿No quieres o no puedes? ➡ Antoine Griezmann ⬅
Hayran KurguElla no confiaba en el amor, porque había sufrido demasiado para su corta vida, aunque tenga 22 años. Sinceramente, no confiaba en nadie, nada más que en su familia y en sus mejores amigas. Después, le encontró. Él era perfecto. ¿Problema? Tenía...