Carter.
Me encontraba saliendo de mi casa en Torreón, Coahuila, eran cerca de las cinco de la mañana y todavía estaba oscuro, los grillos cantaban y eran acompañados por el leve sonido del tráfico matinal que estaba en un continuo crescendo.
- ¿Quieres que te lleve? –dijo la voz de mi madre a través del vidrio de su auto.
-No te preocupes, si alcanzo a llegar –le respondí mientras me colgaba mi mochila en el hombro y caminaba hacia la parada del autobús.
El semi-frío aire de la madrugada me hacía estar más despierto y durante esos apreciados momentos en los que la única compañía que tenía era la de mis pensamientos me puse a reflexionar sobre lo que me había estado contando mi madre la noche anterior.
-La nieta de la señora Petrikov se acaba de mudar a la ciudad, ya la he conocido, es una buena chica y tiene una gran personalidad –me dijo emocionada- ¿Por qué no vas a hablarle y enseñarle el vecindario?
-Porque mi vida no es una novela juvenil escrita por un adolescente muy aburrido y la lógica me dice que desconfíe de las palabras de los adultos en cuestión de relaciones –contesté volviendo la vista a mi computadora.
-Pues tú te la pierdes –respondió mientras salía de mi habitación.
Un pensamiento atravesó mi mente, a lo mejor tenía suerte y resultaba que la chica nueva era linda, pero deseché ese pensamiento tan rápido como llegó y me senté en el banco de la parada para esperar mi transporte. No pasaron más de cinco minutos cuando vi la silueta de la combi amarilla que se acercaba a lo lejos, me levanté y le hice señas para que se detuviera, cuando me acomodé en el asiento escuché como a lo lejos se escuchaba la voz de una chica.
- ¡Espere! –suplicaba. El transporte se detuvo y escuché como la puerta se volvía a abrir y un leve aroma a frutas inundaba el vehículo- gracias y perdón por las molestias.
-No se preocupe señorita –respondió el conductor. Cerré los ojos y me dispuse a tomar una pequeña siesta durante el trayecto.
Cuando desperté seguía en el transporte solamente que ya todos estaban bajando, tomé mis cosas y bajé de un salto del vehículo rumbo a mi escuela: El Instituto de Nuestro Señor de la Misericordia, era una enorme construcción a las afueras de la ciudad que media lo mismo que dos estadios de fútbol, caminé por el estacionamiento de la escuela hasta la fachada del edificio principal, una edificación de tres pisos de altura hecha con el mismo ladrillo rojo que los muros que delimitaban el campus.
-Hola, Carter –dijo una voz femenina cantarina a mis espaldas.
-Adiós –respondí cortante sin mira atrás y adentrándome en el edificio principal.
- ¿Estás enojado? –dijo la voz.
-No, simplemente quiero ahorrarme molestias –dije fríamente.
-Ah, ahora soy una molestia –contestó con voz divertida la chica- si mal no recuerdo hace un año estabas enamorado de mí. Vamos, yo sé que todavía te gusto.
-Dijiste una palabra muy interesante –mencioné pensativo encarando a la chica, era una chica rubia de ojos grises, piel blanca como la leche, más o menos de mi altura, tenía una sonrisa radiante y seductora- es-ta-va. Ahora, si me disculpas (y la verdad no me importa si me disculpas o no) tengo cosas que hacer. Hasta luego, Beatriz
- ¿Cómo estar solo? –preguntó cruzando los brazos.
-Me gusta estar en compañía de la soledad –admití- porque la soledad me da algo que tu ni muerta me darías, ¿Sabes qué es eso?
- ¿Mi rechazo? –dijo inocentemente.
-Silencio –fue lo único que salió de mi boca, di la media vuelta y seguí mi camino sintiendo la mirada asesina de la chica en mi espalda.
Atravesé el edificio con mis pisadas resonando en el suelo de mármol mirando mi reflejo en las vitrinas que mostraban trofeos, reconocimientos y fotos de generaciones pasadas, era divertido ver como la escuela exponía orgullosa sus trofeos aun cuando no habían ganado nada en veinte años.
Cuando salí me sorprendí al ver a una enorme masa de alumnos de secundaria rodeando algo o alguien, no pude escuchar nada porque todos hablaban a la vez, pero tampoco era de mucha importancia para mí, había aprendido que no me perdía de nada, eventualmente me enteraría de todos modos, nada estaba oculto de mí mucho tiempo, aunque me detuve durante un momento a intentar ver que sucedía, pero lo único que vi fue leve destello carmesí entre las masas.
-Vamos, chico, estas cosas no son para ti –murmuré y seguí mi camino.
El interior de la escuela era un lugar muy apacible, cada sección (primaria, secundaria y preparatoria) estaba separada por un muro de verdes arbustos, aunque este límite no se podía apreciar bien debido a la inmensidad de espacio entre ellos, yo me encontraba en El Centro, una zona en forma de cruz que te llevaba a las diferentes secciones por medio de anchos pasillos flanqueados por los muros de hojas y ramas. Caminé hasta la parte de los de secundaria y después de un rato se alzaron ante mí tres edificios enormes de tres pisos cada uno, uno al lado del otro, estaban hechos con el mismo sobrio ladrillo que tenía el resto de la escuela, aunque el del centro era diferente, sus muros estaban siendo pintados de un blanco inmaculado, verán todos los años a los chicos de tercer grado nos dan un día para llevar pinturas y "plasmar nuestros pensamientos y deseos sobre nuestro último año en la institución" (es una forma alargada y sofisticada de decir bandalizar), en ese momento los empleados estaban borrando las imágenes y dibujos hechos por los del año pasado para que dentro de unos días pudiésemos hacerlo nosotros, me era divertido pensar en qué tonterías dibujarían mis compañeros, caminé lentamente hasta el edificio de los de tercero y caminé hasta la última planta, saqué de mi bolsillo un papel y me dirigí al salón de los del grupo D.
-Veamos qué cosas suceden este año –murmuré y miré al suelo, a lo lejos pude distinguir otra vez un destello carmesí.
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Diario de un superviviente.
Ficção AdolescenteÉl es un chico solitario y misterioso con tendencias a desaparecer en un parpadeo que guarda un secreto de importancia global, ella es una vivaz chica que busca arreglar el extraño corazón de él. Por otro lado tenemos a un chico sin pasado e inmorta...