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Capítulo 19
-¡Eh Belle!- Sonreí abiertamente, dando una palmadita cariñosa en el cuello de mi
Appaloosa (raza de caballo). -¿Lista para un entrenamiento? Sólo unas sesiones de
práctica más, antes del espectáculo.- Aunque mi sonrisa rápidamente se desvaneció.
El espectáculo 4-H, solamente quedaban unas semanas, parecía una idea buena
cuando me matriculé, pero ahora sufría de algunos ataques serios de nervios. Bueno,
era demasiado tarde para echarse atrás. ¿O no?
En cuanto alcancé las bridas de Belle, oí el motor de un camión fuera del establo. Una
puerta se cerró de golpe, y eché un vistazo hacia la puerta de establo para ver a un
extraño andar hacia mí. Un hombre achaparrado en un mono de trabajo sucio,
sosteniendo un portapapeles. ¿Puedo ayudarle?- Ofrecí.
-Conoces a…- Él miró el portapapeles. -Lou Vlad… aquí- Me tendió la lista. -No puedo
distinguir ese nombre.-
-Oh, no.- Mi corazón se hundió. Ni siquiera podía mirar. -Vladescu. ¿Qué ha hecho
ahora? ¿Ha pedido algo?-
-Sí. Y tiene que tomar la entrega de este monstruo que da patadas a mi remolque como
el infierno. Quiero a esa cosa fuera de ahí ahora.-
-¿Monstruo?-
-¿Me está buscando?- Como identificado con la palabra monstruo, Lucius apareció de
las sombras, aceptó el portapapeles, una pluma, y firmó.
-Espero que sepas lo que estás haciendo- Dijo el repartidor sacudiendo su cabeza.
-Oh, estoy seguro de lo que hago.-
Seguí a Lucius y al hombre cruzar un tranco por el toque de equitación del interior,
directos hacia la puerta.
-¿Lucius? ¿Qué has comprado?- El repartidor llamó sobre su hombro, contestando en
nombre de Lucius.
-Su amigo compró un caballo asesino. La cosa debe salir de ahí.-
-¿Lucius?- Pasamos por la puerta del establo y llegamos al camino de suciedad, donde
vi un remolque de caballo. Meciéndose. Golpes sordos venían de dentro.
-Tienes que sacarlo, chico.- Insistió el hombre. -Yo no voy a tocar esa cosa otra vez.-
Sin la vacilación, Lucius se acercó a la parte trasera del remolque, corrió el pestillo, y
abrió la puerta.
-Um… ¿Lucius? ¿Deberías entrar ahí?-
-Dale por muerto.- Anotó el repartidor. Había sonido de una riña, entonces oí la voz de
Lucius calmando al animal, y cascos contra el metal. Entonces silencio. Un silencio
largo. Y finalmente Lucius surgió, conduciendo un caballo muy caprichoso y poderoso.
El caballo más negro que jamás había visto. Sus ojos brillaban salvajemente,
mostrándose blancos contra su cara de ébano. Me distancié cuando esto pasó, pero la
criatura se asustó, luego pellizcándome a mí. Tranquila- La calmó Lucius. Él me llamó -Lamentable, ella es un poquito excitable.- El
repartidor salió, refunfuñando sobre cráneos rotos, y seguí a Lucius, que convencía su
nuevo montaje de entrar en un puesto. Directamente al lado de Belle.
-Quiero que sean vecinas.- Sonrió Lucius. Fue mi turno de rodar los ojos.
-Genial.-
-Tranquila- Le dijo Lucius a la yegua otra vez a la vez que ella lamía sus dedos. Él dio
una palmaditas en su hocico, forcejeando con ella mientras enganchaba su cabestro a
ambos lado del compartimento. Cuando ella estuvo dentro, él la liberó, y ella tomó una
última estocada contra él, mordiendo su antebrazo con sus dientes.
-¡Maldita sea!- Él se liberó sacudiendo su brazo. Me planté sobre mis pies y me crucé
de brazos.
-¿Has comprado un caballo? ¿Ese caballo?-
-Sí- Dijo, frotándose el mordisco. -Recordé un momento atrás cuando tú dijiste - Y citó
- Que 'nosotros no teníamos nada en común'- Señaló con el pulgar a su caballo del
infierno. -Esto es algo que podemos compartir. Una actividad. Una forma para
nosotros, de pasar tiempo juntos.-
-Tú no vas a unirte al 4H.- Le dije.
-Mi chaqueta conmemorativa del club está siendo bordada como hablamos.- Él sonrió
abiertamente. -Realmente espero con impaciencia llevar aquel corduroy azul. ¿Sabías
que 'el corduroy' quiere decir en realidad ' la tela de reyes,'? Apropiado, pienso.- Pero
pensé que habías dejado…-
Lucius frunció el ceño, acariciando el hocico de su caballo. Esta vez ella se estremeció,
pero no se agitó.
-¿Pensaste que había olvidado un pacto, para el que me he estado preparando, para
realizar desde la infancia, solamente porque aguanto los avances ordinarios del
musculitos hacia ti? Creo que no.-
-Deja de llamarle Musculitos y para de insinuar que él es estúpido. Jake es un chico
muy agradable.-
-Agradable. Esa es una cualidad sobreestimada.- Lucius desenganchó un lado de las
cuerdas que refrenaban su caballo, y ella mitad protestó. Él acarició el cuello de la
yegua. -¿No está 'agradable' sobreestimado?- Él hizo una pausa, dándose la vuelta
hacia mí. -¿Cómo debería llamarla?- Reflexionó. -Ella necesita un nombre, si voy
entrar en la clase de salto. No puedes- Grité. -Yo compito en ella.-
-Lo sé. Pensé que nosotros podríamos practicar juntos.-
-Ya te lo he dicho, no quiero tu ayuda.-
-No tendrás miedo de un poco de competición amistosa, ¿verdad?-
Apisoné la tierra con los pies. En parte porque no quería competir con él. Él era un
atleta por naturaleza. Un jugador estrella rumano de polo. Tampoco le quería
merodeando por el establo.
-Te dije que no quería montar contigo.-
-Estás reaccionando desmedidamente.-
-¡Y tú eres un estúpido… estúpido… vampiro! Nunca me escuchas. Te dije
específicamente que no interfirieses en esta parte de mi vida. Vivimos juntos, vamos al
colegio juntos… Este es el único lugar, donde no te tengo acosándome todo el tiempo.-
-¿Un vampiro?- La voz venía muy cerca detrás de nosotros. Uh-oh.
Lucius y yo, nos volvimos para ver a una muy curiosa Faith Crosse, algo perpleja
espiando nuestra discusión. Sus brazos ligeramente bronceados estaban cruzados
sobre su camiseta de animadora apretada, y su cola de caballo rubia cortada, brillando
en la tenue luz. -¿Acabas de llamarle vampiro?-
Permanecí en mi sitio, pensando en una explicación.
-El está… chupándome la vida hoy.- Dije finalmente.
-Jessica tiene muchos nombres cariñosos para mí.- Rió Lucius desconcertado. Extendió
la mano. -Encantado de verte, fuera de clase, Faith.- Oh, hermano.
Faith parecía un poco sorprendida, pero extendió su mano también.
-Urn… también a ti, Lucius.- Lucius no se la apretó. Rozó sus nudillos con sus labios.
-Encantadora, como siempre.-
-Oh. Wow. Eso fue diferente- Faith retiró su mano, dirigiéndose a mí, la mano de obra
del establo, en el último momento. -Hey, Jenn.-
-Es Jess.-
-Claro.-Pero la atención de Faith cambio de nuevo, al caballo sin nombre. -Que
hermosa yegua. Os vi meterla dentro. Aunque parece peligrosa.
Lucius desenganchó la otra rienda, liberando su nuevo animal doméstico peligroso.
-Encuentro que los caballos, como la gente, son aburridos si están completamente
rotos. Prefiero un pequeño espíritu.- El animal tiró de su cabeza, pero Lucius la calmó.
-Cálmate, ahora.- Él se dirigió a Faith y a mí. -Ella ha sido tratada duramente, pobre
bestia. Una niñez desagradable.-
-¿Desagradable?- Faith meneó su cabeza.
-No se acerquen a ella con un látigo o con una fusta- Aconsejó Lucius. -Eso es lo que el
propietario anterior sugirió. Al parecer su primer amo tenía una mano bastante
pesada.
Educado bajo la fusta.- Pensé en la propia admisión de Lucius de que él había sido
golpeado por sus tíos. Una y otra vez. Me pregunté si él deliberadamente escogió la
yegua por la conexión cruel que ellos compartían. Eso parecía a algo que él haría.
Faith y yo nos distanciamos, echándonos a un lado rápidamente, en cuanto Lucius
condujo a la yegua al puesto.
-No vas a montarla, ¿verdad?- Le pregunté incrédula. Lucius frunció el ceño.
-Eso es lo que se hace con los caballos, ¿no?-
-Tengo una silla de repuesto.- Ofreció Faith. Miré airadamente a Faith.
-¡No! ¿Hablas en serio?-Normalmente Faith no era el tipo de persona cuyas acciones tú
cuestionabas, pero yo no podía creer que ella pensara que Lucius debería hacer
cualquier intento de montar a la yegua de la mirada diabólica y las mandíbulas
destructivas. -Lucius, ni siquiera pienses en ello.-
-Oh, no creo que a ella le gustase la montura- Dijo él. -Todavía no. Le permitiré que se
acostumbre a llevarme encima primero.-
Sacudí mi cabeza.
-Vas a conseguir matarte.-
Lucius me lanzó una mirada cómplice.
-Tú, de todas las personas, deberías saber que eso es imposible. Los animales no
pueden usar instrumentos.- (En alusión a la estaca) Sin la remota vacilación, él se deslizó al lado del caballo y saltó en su espalda, con la
misma facilidad que él demostró lanzando tiros libres sobre la pista de baloncesto. La
yegua inmediatamente relinchó y se resistió, pero Lucius cumplió con sus alardes. En
unos segundos, él la tuvo bajo control, y los dos, el hombre loco y el demente animal,
se introdujeron en el centro del aro con paso enérgico, pero controlado, Lucius la
guiaba con sus rodillas y con las riendas. Cada pocos pasos, el caballo se espantaba o
se torcía atrás para pellizcar las piernas de Lucius. Pero los dos se mantuvieron
estables, tan cercanos como compañeros.
-Estaremos saltando, en un abrir y cerrar de ojos- Llamó Lucius, sonriendo
abiertamente.
Él lo estaba haciendo. Montaba a la yegua más salvaje que jamás había visto. Mi alivio
fue efímero en cuanto, comprendí exactamente lo que su supervivencia significaba
para mí. Cuando llegase el momento del espectáculo 4-H, competiría tanto con Faith
Crosse como con una estrella rumana sobre un caballo del diablo.
Lucius impulsó su montura en un trotar. Luego un medio golpe.
-Wow.- Faith lo miró con apreciación. -Lucius debe tener, como una especie de magia.
Realmente pensé que él conseguiría matarse.-
-Dale tiempo.- Contesté en voz baja… -Solo dale tiempo. Alguien lo matará en su
momento.

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