Cuando recuperé el conocimiento, me encontraba tumbada en una cama. Se había hecho de noche, y el viento movía ligeramente las cortinas a través de la ventana rota. No me hizo falta encender la luz para saber que no estaba sola.
Adam estaba sentado en una silla, justo al lado de la ventana. Estaba de brazos cruzados y con la cabeza inclinada. Su pecho se movía a un ritmo lento y constante. Estaba dormido. Incluso emitía unos suaves ronquidos.
Con cuidado, aparté las mantas y me levanté. Caminé descalza hacia él, y cuando me encontraba a dos pasos de distancia, me detuve. La última vez que le vi llevaba una pistola, podía tenerla todavía encima, y entre la oscuridad y su postura, había demasiados puntos ciegos. Así que me giré hacia la puerta, y avancé lo más sigilosamente que pude. Pero justo al llegar a la salida, algo me hizo darme la vuelta. Y cuando miré hacia la silla, ya no había nadie sentado en ella.
Mi corazón se aceleró, y con la mano ya en el pomo de la puerta, la luz se encendió. Dejé caer el brazo cuando vi a Adam de pie junto a mí, llorando.
Adam tenía muchas debilidades. Era celoso, algo inseguro, tímido, nervioso. Pero nunca le había visto llorar. Y ahora lo estaba haciendo frente a mí, y eran lágrimas de verdad.
No supe qué hacer. No podía fiarme de él, pero verle así me estaba haciendo daño. Susurré su nombre y le limpié las lágrimas con mis manos. Después, me senté en el borde de la cama, esperando que se calmara.
—Yo nunca quise que nada de esto pasara. Te aprecio demasiado.
La palabra "aprecio" me golpeó el pecho con fuerza.
—¿Qué queréis de nosotras? Si es verdad que me aprecias, por favor dime la verdad.
—Hay muchas cosas que aún no puedo contarte, Elena. Pero tienes que confiar en mí, queremos protegeros.
—Apuntabas hacia nosotros cuando huíamos. Ni siquiera debería estar hablando contigo.
—Ellos no pueden saber que estoy de vuestra parte. Tenía que hacerles ver que buscaba lo mismo que ellos. Pero nunca habría podido disparar ese arma.
Todavía no tenía claro si me estaba tragando la historia, pero el papelito con el aviso cuadraba en todo aquello. Aunque era lo único.
—Nos habéis echado algo en la bebida. ¿Eso también era necesario?
—Eso no debieron hacerlo. No entraba en el plan. Pero hablaré con ellos después.
No sabía por qué, oír aquello me tranquilizó.
—¿Y qué quieren de Val?-era la pregunta cuya respuesta más miedo me daba. Se me ocurrían muchos motivos por los que querer a la hija de una familia adinerada y respetada. Pero ninguno de ellos se acercó al que realmente era.
—Val es un ángel. El ángel de vida concretamente.
—Me estás vacilando -le solté. Esperaba que se riera, de verdad que lo esperaba, para darle la bofetada que llevaba años esperando poder darle.
—No lo hago-repuso, sin cambiar su expresión. —Lo sé desde el día en que te fuiste. Y ellos lo saben desde que su madre murió.
—¿La madre de Val está muerta? —exclamé, llevándome una mano temblorosa a la boca. — ¿Cuándo? —conseguí articular.
—Hace 4 meses. Y con su muerte se extendió la noticia. Un ángel es ángel desde su nacimiento, pero solo se descubre como tal al mundo cuando su antecesor muere. Es la consecuencia de la vida.
Le miré incrédula. "Los efectos del té se están intensificando" -pensé. Y entonces Valeria entró en la habitación. Estaba muy asustada, así que me levanté y la abracé. Adam pasó a mi lado y me miró con tristeza, antes de salir y cerrar la puerta.
Y esa fue la última vez que le vi en mucho tiempo.
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Un Alma Inmortal #PGP2017
FantasyCuando el amor de su vida decidió que Elena ya no era suficiente para él, ella cogió sus cosas y dejó todo atrás para empezar de cero en otra parte con su mejor amiga. Sin embargo, años después tuvo que volver, y su vuelta trajo reencuentros indesea...